28 de julio

La felicidad no es un fruto que se recoja por sí mismo,
hay que hacerla, sostenerla, crearla, y aún más difícilmente, 
saberla recibir y recoger cuando llega. 
 María Zambrano.




 Hoy he recogido la felicidad que fui capaz de sostener, y aunque también hubo partes que no llegaron a ser, su peso hoy es liviano. 

REFLEJOS, ESPEJOS Y PERSONAS.

"Las contradictorias figuras que los demás reflejan de uno mismo, al darnos idea de nuestra multiplicidad, nos desalientan en el empeño de adobar una imagen única, servible para todos, y lloramos sobre los miles desconcertantes fragmentos de nuestra imagen rota. Pero, sin embargo, de abandonar el vano empeño de pegarlos una y otra vez, no se deriva ningún fracaso, sino por el contrario, la más generosa victoria a que un adulto puede aspirar; la de echar estos fragmentos al río, y aprender a vivir sin la guía de la imagen que con ellos se quería componer." Carmen Martín Gaite. Ritmo Lento.




Me gusta la valentía que toda transformación es, me gustan las mil caras del reflejo que tiene el ser humano; ese ser consciente de su evolución que no trata de enseñarnos un traje que las más de las veces o le queda grande o parece estar metido a presión. La suma de lo  que somos siempre es invisible. La verdad es ese traje impecable que permanece oculto y que de mostrarse por un instante, podría parecer asimétrico.

La libertad tiene mucho de eso; de idas y vueltas, de muchas dudas y pocas certezas, de cosidos y puntadas desviados, de asimetría y espontaneidad, de incoherencia y razón. El hombre es ese puzzle que hace de todas sus piezas algo mucho más grande que el propio puzzle, por mucho que esas piezas en ocasiones sean imposibles de casar. 

Me  atraen las personas que no sienten vergüenza de su reflejo, que no las recompononen, que se admiten tal cual han sido, y que a pesar del pudor sobre su vida, no están dispuestas a esconderla. La libertad es valiente. Son personas que no se esconden de su tiempo, de los escenarios en los que eligieron vivir, de los tropezones que dieron. Esas personas que no reinventan ante los demás el puzzle que late en ellos, que aunque incoherente, es su verdad más verdad.

La impostura puede ser una actitud del hombre, esa que no admite el pasado, y que por contra, está dispuesta a enterrar parte de su vida al olvido de los demás. Ahora que olvidar, el impostor bien sabe que no puede, simplemente se esconde. La impostura tiene mucho escondite, de cadena, de de falta de libertad; es ante todo la invención de un personaje. Vive siempre en el convencimiento de que el traje que muestra a los demás es impecable, pero corta como es, no se da cuenta de la rotundidad que los demás ven; un traje enorme, arrugado y a trazos descosido. Con su verdad inventada, se quieren muy mal a sí misma la impostura.

Yo, más que coherencia, quiero ser verdad, por muy asimétrico que me quede el traje. Y me reafirmo en cada uno de los reflejos que mi presencia es, aunque no casen. Incoherente como soy, admito el va y ven de mi existencia, porque ante todo, soy esa verdad que está en cada uno de los reflejos que veis en mi. La libertad quizá sea también esto; tener las narices de admitirse y poder querernos un poco más tal cual somos. 

A  tí, a tí tamtién te quiero libre, a pesar de tus incoherencias me gusta el traje que eres. Y ojalá, ojalá nunca cambies.

26 de julio


El espectador que haya seguido la obra de Leonardo da Vinci reconocerá este rostro eterno en su pintura. El mismo modelo que Leonardo emplea para esta Santa Ana será el mismo para el de su hija, la Virgen María. Es el rostro de la mujer ideal, pura, eterna, que se repite en una generación y en la siguiente como el Amor platónico, que no conoce el paso del tiempo y por ello mismo es perfecto.   Fuente: arteHistoria

SEGUNDA PARADA: UNA LECTURA.

Editorial Funambulista.




"Salió aquel niño del ayer amarillo con la caja de su infancia en la mano, anduvo y anduvo, y fue entrando poco a poco en el hoy, para siempre, mezclándose con la multitud".
_ ... y sabiendo perfectamente quién era._ Me digo.

Esta novela es una historia de miradas, de ojos que son espejo, del encuentro entre el que mira y se encuentra. Abuelo y nieto son profundidad emoción y admiración. En cada una de sus pequeñas  historias fantásticas se narra la vida. Esa vida que nos empuja, que nos asusta, pero que fundamentalmente nos apasiona. El abuelo tiene un mundo interior excepcional que sólo consigue ser narrado ante la mirada y presencia de su nieto A su vez, es en esos ojos del abuelo donde el niño encontrará el motivo para asomarse al mundo, en los que encontrará el espejo en el que un día, ya adulto, irá a mirarse. 

Esta narración es, fundamentalmente, una novela de encuentro y permanencia, de pasado que sustenta el futuro.

En ella descubres la espiral que el reconocimiento de la mirada es. Ojos que se encuentran, que se buscan, que se habitan y se guardan para siempre en la mejor estancia de la memoria. Miradas que se enlazan, intensamente. Abuelo y nieto son presencia; son un juego de espejos. Entonces recuerdas que todos habitamos el regalo de los ojos que un día nos precedieron, que estarán siempre a partir de ese día en que les sorprendimos  mirándonos y nos rozaron, que sorprendidos nos admiraron. Entonces sabes que sin un espejo así, nada de lo que te encuentres podrá ser verdaderamente contemplado, que no será de verdad. Darnius es ese abuelo universal, ese que mira, se admira, se reencuentra y sonríe pausado ante los ojos de su nieto.

Te dejas entonces acariciar por esa hermosa certeza; la de que nada se pierde, pues nada que ha sido mirado con vehemencia puede llegar a ser olvido. Lo que se contempla, se guarda en ese espejo que será siempre la persistencia de la memoria. Memoria es en lo que se convierte esa intensa mirada entre abuelo y nieto. Novela imaginativa, intensa, equilibrada, de palabra cálida y ligera. Entrañable. Párrafo a párrafo sobrevuela la ternura. Sonríe la presencia.Paseamos por anécdotas que nos dejan el esbozo de la risa, la caricia de la ternura, y la liviandad de las pequeñas historias que aunque sin desenlace, dejan un poso de serenidad. Algo eterno late detrás de ellas. Y aunque no sabes muy bien de dónde sale ese eco eterno, sabes que está.

Esta historia es un juego de espejos. Es la mirada del hombre cuando se busca a sí mismo. En ella está el hombre cuando sabe, certeramente, que sólo podrá conocerse si se mira en el espejo que es el otro, si permanece olvidado de sí mismo.

Pienso que todos habitamos el regalo de unos ojos; los ojos que un día nos precedieron. En nosotros permanecen esos que antaño lentamente nos miraron, nos aprehendieron; que sorprendidos nos admiraron. En nuestros ojos permanece siempre un regalo, eso inmortal que somos, eso desde lo que hoy nosotros también miramos. Sin un espejo así, nada podrá ser verdaderamente contemplado. Y pienso que esta es una historia de esas, de esas que son espejo. En ella late el eco de la eternidad; ese anhelo que habita en nuestra mirada para no morir del todo. Y la certeza de que ese espacio de eternidad se sostiene en el juego de los ojos que siendo espejo, recogen la medida de lo que yo soy.

José Julio nos deja una historia de espejos sostenida por la imaginación y la fantasia muda de quien sin escribir una palabra, habita en un mundo narrado.


PLENITUD

Se contagia tu mirada del ritmo de la carretera, el mundo deja de existir. Pasado y futuro se funden. Se mezclan lo vivivido y lo imaginado, también lo presentido. Toda tu vida es esa carretera. En ella, el origen inevitablemente atado al hilo que te une al futuro, ese hilo que cuando tú ya no estés, pueda decirle al mundo que has latido. Tu silencio es ese runrún que te acompaña, y también el sonido de esa diminuta que se ha quedado dormida hace un ratillo ya. Qué preciosa es. Tú y ella. Ella y tú. Origen. Y de repente, el pueblo en el que aún permanece la infancia de tu abuela. Quizá, quizá si el silencio fuera total, aún se pudiera notar la risa de niña risueña que es hoy tu abuela. Es cierto que no la conociste, pero la risa se la pintas así, risueña y tímida. Sigues rumbo hacia no se sabe bien dónde. Los viajes imaginarios son así, carecen de meta. Te dejas llevar por el ritmo de tu viaje, y descansas la mirada en ese horizonte inalcanzable que te mira. Un horizonte que siempre sostiene la figura de tu padre. Cuántas cosas te han salido al paso, te dices, y sólo es un viaje. Sigues en silencio, tu palabra se ha quedado muda. No importa. mientras exista una carretera en la que perderse, no importa. Eso te dices, mientras miras de frente un horizonte al que quisieras tocar. Leve, la carreterra cambia de rasante, recta, sin ninguna curva. Y piensas que así es la sonrisa de tu madre, sin estridencias, suave y ligera. El leve ronroneo del coche envuelve tu pensamiento, mientras, una niña duerme a tu lado confiada. Esa es tu carretera, y es tanto el equilibrio que sientes que has llegado a olvidar todos aquellos puertos que pasaste, la niebla de  días apagados y carreteras confusas, las curvas inesperadas que te sorprendieron. El origen del hilo y su continuidad te acunan mientras te dejas llevar lejos, lejos, lejos....