VIVIR

Caminando. Ahhhh, cuántos libros, canciones, viajes, emociones y personas en ese camino. He viajado lejos con la mirada del recuerdo, desde allá lejos me doy cuenta de que el futuro ya está aquí. He perdido muchas cosas valiosas de las que encontré en el camino, pero... ¿me sé despedir? ¿Soy capaz de decir adiós con la sonrisa en mi rostro y el alma llena de agradecimiento? No. No sé. No sabré. No quiero más despedidas...pero llegarán. Lo harán como hace siempre la aparición de la mañana o la despedida de la tarde; vestidas de misterio.

He encontrado y perdido, me he reencontrado y vuelto a perder. Pero no sé despedirme. No sé hacerlo sin dolor a pesar del infinito agradecimiento por la presencia de todo aquello que iluminó mi vida (personas, emociones, experiencia, miradas...). A pesar de la esperanza en que las cosas van y vienen, en que las personas que no están dejan siempre lugar a otras muy necesarias. Sin embargo algunas de esas personas son y serán insustituibles. También algunos espacios, estancias, colores, y momentos, Despedirse es siempre un dolor que se convertirá en añoranza, en recuerdo, en deseo imposible. Nada vuelve... ¿o sí? Ahhhh... la esperanza. Esa indomable jovencita que no está dispuesta a callarse jamás.





3 comentarios:

  1. Despedirse para siempre es duro, pero a veces hay que soltar lastre para encontrar más. Nadie nos quitará lo vivido, así que, llegado el momento, vista al frente, que si miras hacia atrás te costará más marcharte.
    Yo sigo aquí, que no me voy a ningún sitio

    Eeeeeeeeeooooooooooo

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  2. Nada vuelve porque nada se va. TÚ eres abono rico para palabras, colores de cielo, imágenes que se apaciguan y se vuelven estáticas y hermosas, sabores de recuerdos en una terraza del paraíso de piedras que no cederán, un hombro que siente los rayos y luciérnagas de la mano que se acoge apoyada en él. Nunca podrás decir adiós. En ti todo se hace bello como las margaritas

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  3. Nada vuelve porque nada se va. TÚ eres abono rico para palabras, colores de cielo, imágenes que se apaciguan y se vuelven estáticas y hermosas, sabores de recuerdos en una terraza del paraíso de piedras que no cederán, un hombro que siente los rayos y luciérnagas de la mano que se acoge apoyada en él. Nunca podrás decir adiós. En ti todo se hace bello como las margaritas

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