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LAS PALABRA CALLADAS.

Semana Santa.


  "Ahora la madre debería permanecer en la sombra. Se había acabado el tiempo de las respuestas cercanas y se iniciaba el silencio de la fe en que la nube del ángel no dejaría de protegerme, mientras la espada de Simeón se afilaba más y más para henderse en mi corazón de madre. (...)

Volví a mi pequeña casa de Nazaret, recorrí todos los caminos, me senté en todas las piedras conocidas, acaricié los viejos muebles. Retorné al pozo, a la majada, al arca, al horno y a la rueca; al oloroso taller de José, a los campos de la siembra y la siega, a los panoramas de nuestros paisajes y a las horas de mis alegrías y mis lágrimas. Porque mi hijo nos iluminó y nos salvó a todos con su vida y su palabra. Pero para mí lo mejor sigue y seguirá siendo el perfume concentrado de aquellos vivos y dulces recuerdos, las palabras calladas, que conservo con infinita ternura y medito a diario en mi corazón. (...)

A mí también me tocaría cumplir con la palabra y entrar por la puerta estrecha. Yo lo vi avanzar como oveja entre lobos. Sabía las trampas que urdían a su paso los escribas y los fariseos. Y finalmente estuve allí, de pie, destrozada y serena, el día de su hora. **

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Pienso en el corazón de María, en esa noche oscura que hasta llegar a la Luz, tuvo que  sentir eterna. Pienso en su corazón atravesando la infinitud del dolor por el sufrimiento de quien fuera el sol de sus días. Pienso en su soledad y en su palabra callada. Ella estuvo allí, firme; reafirmando su presencia de consuelo al lado de su hijo en el momento de la Cruz. Así fue en cada uno de sus días. Gracias Madre.

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** Párrafos del libro: Las palabras calladas de Pedro Migel Lamet.

PRESENCIA

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La soledad, aquella más pura no tocada por el afán de independencia ni por el sentimiento de encontrarse aislado, la soledad aceptada en el abandono recibe el don de la mirada remota que la sostiene. (...) La Presencia sin la cual ninguna presencia existiría, ninguna realidad tendría rostro, y ninguna verdad  podría ser entrevista ni, por tanto, buscada
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* Dos párrafos de la filósofa MARÍA ZAMBRANO hoy me sirven para reflejar en esta ventana la Luz.


SILENCIO

Día gris, lluvioso, de una luz tenaz que intenta romper el sonido del silencio, pero que no lo logra. Es el tiempo de la no-palabra, de la mirada valiente ante el dolor. Silencio ligeramente tortuoso, de andadura angosta e incierta. Gris también arrogante, insistente, absoluto, pero sin el poder de eliminar a la terca esperanza. La Esperanza. Es un gris con cierto tamiz, se puede sentir en el color del día, porque la luz acabará por romperlo todo. Luz que romperá la incertidumbre que es todo dolor y convertirá el gris de las nubes en una perla preciosa El reflejo de la Luz es así, todo lo transforma. El gris de hoy tiene una sensibilidad que hace resurgir sentimientos de fortaleza, de sabiduría, de perfección, como si tuviéramos en nuestra mente el poder del funambulista: el Equilibrio Eterno. Hoy, la no-palabra será angustia, pero sólo hasta que regrese la Luz. Se La intuye ya cerca. Ojalá La podamos sentir así en todas las derrotas esenciales de nuestra vida; esas caídas en las que nos sentimos morir y no encontramos ni significado ni sentido. Lo cierto es que ahora mismo, en la no-palabra ya sólo se oye el ruido leve de la Esperanza que está por llegar. Hoy es VIERNES SANTO, y el gris, acabará siendo derrotado por la Luz.


 El encuentro de la Dolorosa y San Juan en presencia del Nazareno. 

SILENCIO.





ORACIÓN EN EL HUERTO
*Soledad y silencio.

PRENDIMIENTO.
FLAGELACIÓN.
CORONACIÓN.
ECCE HOMO.
NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO.
VERÓNICA.
EXPOLIO.
EXALTACIÓN DE LA CRUZ.
CRUCIFIXIÓN.
CRISTO DE LA AGONÍA.
SAN JUAN.
MADRE DOLOROSA.

EL ENCUENTRO.




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INCISO.
* Claro que como bien indica IRMA, la semanita en León puede ser mucho más terrenal, pellejera y canalla. Y es que la vida siempre tiene dos caras, siempre. Besos Irma.

LA LUZ

Quisiera volver a ser aquella niña. Al ir a recoger mi pequeña vela, quisiera la mirada de mi niñez en los ojos cuando ocurra de nuevo el encuentro con la Luz. Que al reflejarse en mis ojos, se pudiera ver aquel brillo, aquella mirada que no se acobardaba ante nada, que se daba con toda la confianza que sólo la infancia es capaz de habitar. Compromiso certero. Una mirada que no se rendía, que avanzaba sin perder el aliento. Hoy, mi mirada querría volver a descansar de nuevo en aquella infancia. Que la Luz me encontrase sumida en ella, con el embeleso de entonces, con la alegría de aquellas horas, con la infinita confianza, y totalmente subyugada a la luz de esa vela. Mirar la Luz de nuevo, como cuando éramos niños. Ojalá esta noche sea un poco así, de Luz y de Infancia.

SOLEDAD Y SILENCIO

EL SUEÑO DE LOS DISCÍPULOS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS.
Reproducción parcial de un texto de María Zambrano.
El sueño creador. Apéndice. Editorial Turner.

 
(...)

Se detuvieron entre los olivos, se quedó Él solo, y dijo a los discípulos: “Velad”. Y Él quedó bajo el Padre en el centro del círculo de su soledad. Por tres veces traspasó el círculo, por tres veces descendió; dormían a pesar de la reiteración de la demanda. Él les dio tiempo, la libertad, y aun espacio propio, les colocó en el lugar del Hombre. Y se durmieron.

Y al caer en la pesadez del sueño dejaron vacío el lugar del Hombre; tiempo, libertad, asistencia a la verdad desde la realidad que acecha. Y se quedó sin sostén la cruz que para el hombre forman la verdad y la realidad; verdad, libertad y tiempo en alto, realidad-libertad, brazos que se abren, la cruz en que la humana condición se alza y al par se extiende, asciende y se derrama. Y desertaron de su puesto de centinelas, ya que tenían que ser los vigías de ese lugar, centro divino y todavía humano, donde Él todavía en esta tierra pedía al padre su “fiat!”.

Y Él se quedó desasistido en su condición impar, sin comunicación con el Hombre, sin recibir de hombre alguno, no ya la palabra, que no pidió ni era posible que de hombre alguno recibiera, sino esa atención encendida, esa especie de respiración del ser, análoga al aliento de los animales que asistieron a su nacimiento terrestre. Solo, sin aliento de vida invocó el “fiat!” del Padre.

Y ocurrió el silencio, silencio en que no hay palabra alguna que pase, silencio que es la sombra de un entendimiento en el interior, en la condición humana, que sólo pasivamente se recibe recogiéndose en su vacío. Este divino silencio era el que, encendidos en la vigilia, habían de recibir, de recoger, de guardar los discípulos. Quedó así desertado el lugar de la condición humana y su única menera de participar. Y Él solo, quedó a solas.


(...)

 ¿Qué habría pasado si los discípulos hubiesen velado, y por la vigilia encendidos, hubieran participado a través del silencio en ese instante? ¿Qué hubiera ocurrido si la desasistencia de los discípulos no hubiera dejado vacante el lugar del Hombre?



Y sin embargo Tú nunca has dejado solo a mi silencio. Recuerdo la Esperanza de una noche larga, sola, oscura e interminable. Allí Tu Cruz, el sentido ante mi absoluta soledad. Tú Señor, me acompañaste durante todas esas horas de dolor. En Tu silencio, en esta Semana Santa, lo que más me duele es mi sueño; mi no-vigilia en cada una de las veces en que habiendo podido estar, mi libertad no estuvo.