CAMINAR Y PERDERSE
EMOCIÓN
Hablar sobre ella, sería hablar del mundo que habita detrás de mi mirada. Y no me resulta fácil; siempre tendré la sensación de que algo importante se me olvida, que algo esencial se me escapa. Leí su obra hace ya muchos años, después, ha sido inevitable volver a releer sus libros. Acudo a ellos muchas veces. Y también a su mirada. Incluso reconozco, no sin rubor, que no pocas veces ha sido la interloutora imaginaria de mis cuitas. Así de cerca se ha quedado su palabra en mi memoria.
En las diversas relecturas, siempre vuelvo a encontarar un párrafo que me sorprende, al que siento necesario, vital, y muy mío. Es entonces cuando me digo _ ... ¡ah! ... ¡fué aquí donde lo aprehendiste!_ Soy consciente entonces de todo lo que su palabra me ha regalado. No, no me resulta fácil hablar de Ana María Matute, porque yo no lo podría hacer nunca desde el peldaño que utilizaría un estudioso de su obra, un experto en literatura. Yo no soy ese quién capaz de desdoblar sus novelas, de estructurarlas, y de clasificarlas. Yo no. No sabría hacerlo. Pero sí puedo contar todo aquello que su palabra ha dejado instalado en mi mirada, y que no es otra que esa palabra que hoy recibe un reconocimiento vital, necesario y que no debía demorarse más.
Ana María Matute es premio Cervantes. _ Por fín... _ grita mi alma. He sentido una emoción honda, muy honda. Si hace unos día dejé su presencia en esta ventana, no fue porque pensara en el Cervantes, nada más lejos de la realidad. Si soy honesta, ni me acordaba de ello. Simplemente, necesitaba tenerla en mi ventana. Esa entrada fue la consecuencia de haber estado paseando por un libro que escribió Mari-Lise Gazarian-Gautier. Un libro que nos regala un tú a tú entre Mari-Lise y Ana María; que expresa la mirada, la experiencia y vivencias de la escritora, su visión sobre las cosas, sobre la vida, y especialmente sobre su vida, el tiempo que le ha tocado vivir. Cuando te sientes tan cerca de un autor, necesitas también estar cerca de su vida. Saber. Conocer. Ese libro lo consigue: une la mirada de Ana María Matute a la nuestra, y nos deja entrar un poco en sus sentimientos, en su biografía personal, de una manera precisa y necesaria. Por eso, hace un par de entradas, la protagonista era ella. Ese día estuve paseando por su mirada.
Sí, siento profunda emoción por este Cervantes. He pensado que está muy bien así; que es necesario que en el mundo de hoy, la justicia literaria salga a la luz. Su obra es incombustible. En ella late ese único de eternidad que toda obra necesaria ha de rozar. En su palabra habita aquello que necesita ser nacido; que es belleza, verdad y en su manera de narrar, también magia. Un único que necesita ser palabra y regalo. La esencia de su palabra es la vida, lo he pensado muchas veces. Y la vida, nunca debe quedar de la mano del olvido. Gracias, Ana María, por la mirada que tu vocación por la palabra le ha dejado a mi tiempo. Y por la obra que le regalas a las generaciones venideras. Verdad y magia. Esa magia que tiene la palabra cuando no pierde nunca, el brillo que es infancia.
_El asombro de los doce años ante el mundo no me ha pasado, por eso creo que me detuve a esa edad. No he podido remediarlo. Así, intento, a través de la interpretación de este asombro a través de la búsqueda de mí misma, llegar a comprender a los demás, llegar a una verdadera fraternidad._ Ana María Matute.
COSAS QUE NO SE PUEDEN COMPRAR.

_ ... ¿Cómo te has guardado esto tanto tiempo, tú sola...?
_ No... no quería hacerte sufrir.
_ Pero hija... ¿aún no sabes que los cinco dedos de la mano, unidos, reman mejor? ... no te vuelvas a callar nada. Estamos todos, y estoy. No lo olvides nunca.
(Hablando con mi padre.)
¿LAS PERSONAS MÁS NECESARIAS? LOS PADRES.
MADRE TERESA DE CALCUTA.
Estoy orgullosa de esa mirada. Ese saberse una persona más en el camino, una más de tantas que sufren y ríen. Esto no es algo que se tenga porque sí. Tiene una enseñanza especial, un paso a paso, y a saber dónde estará el origen. No es fácil aceptar la humildad ante la enfermedad. El instinto te lleva a luchar, a buscar salida, a comprar cualquier cosa que te vendan como solución. Es lo natural. No hablo de cualquier bache de salud, sino de la enfermedad con mayúscula; esa parte de la vida (porque es parte de la vida, ineludiblemente) que pone tu mirada al borde del abismo.
Mis padres tienen un semblante humilde, y por humilde, engrandecido por la serenidad, por la confianza, por la firmeza de sus convicciones. No hay nada más amable que la mirada que acepta la vida tal cual es, sin más adornos, sin sentirse diferente, ni mejor ni peor; saber que uno es una persona más ante una circunstancia vital. Aceptar sencillamente que la vida tiene altos y bajos no es algo que se aprenda en un día. Saber y aceptar que uno un día cae, y que lo puede hacer muy profundamente, es de sabios. Reconocer las circunstancias cuando ocurre, saber estar en ese escenario concreto que es el tuyo, es de almas grandes. Saber que la vida es así, que es un ser y un estar, supongo que lleva unos pasos de aprendizaje, y bien es cierto, que no le es dado a todo el mundo. Lamentablemente.
Por mi profesión, he visto vagar a las personas con problemas de salud serios buscando la solución en alguna parte. Ese peregrinaje me parece algo demoledor, y supongo que de un dolor inconsolable. Uno quisiera poder comprar la salud de un padre, el futuro de un hijo, la sonrisa de un hermano; pero la vida nunca es así, un objeto de transacción. La vida es un misterio. Y quizá, la manera fundamental de vivirla sea esa; la humildad, saber aceptar el aquí y ahora de nuestra circunstancia vital, y confiar en la vida. En las personas que ella ha puesto para que te puedas encontrar bien. Pienso que es la mejor medicina. El resto sólo son ayudas. Lo principal está en uno mismo. Y en Dios.
Me gusta la mirada de mis padres; ese soy aquí y ahora. Quiero heredarla profundamente. Desearía poder vivir así, como ellos han vivido. Con valentía. Sabiéndose un yo ante unas circunstancias, ante unos hechos con los que se pelea, que se analizan, que se intentan solucionar, pero desde la humildad, siempre desde la humildad, sin saberse mejores o con más privilegios que el vecino. Y agradecidos, a pesar de que no todo, desgraciadamente, es posible, y sin perder la capacidad de dar las gracias por lo recibido, por lo que se ha tenido ya.
La vida no se puede comprar, eso lo he visto en mi labor como enfermera. La vida es un reto insondable. Aún así, me sé afortunada, vivimos en una parte del mundo en la que ante una enfermedad seria, tendremos ayuda. Aquí se puede sondear la enfermedad, se la puede torear un poco. Doy gracias a Dios por el trozo de escenario que me ha tocado vivir, infinitas. Porque aquí no moriremos de tétanos (aún hoy hay millones de niños que mueren de tétanos en el mundo), lo nuestro será diferente, y además, tenemos un sistema nacional de salud impecable (aún), que nos proporciona medios y terapias que no cualquier bolsillo podría adquirir. Estoy orgullosa y agradecida por este aquí y ahora, por ese SNS. Lo conozco de cerca, y a pesar de sus numerosos fallos, somos afortunados, muy afortunados.
Tengo la suerte de haber nacido en una familia donde la muerte y la enfermedad no son tabú. Donde se habla de lo hecho y de lo que quedaría pendiente por hacer si uno deja de estar. No es algo sencillo, hoy vivimos en la prepotencia de que todo, absolutamente todo, se puede comprar. Ilusoriamente pensamos que tocando el cable adecuado, nos será dado. Y mira que sabemos que no es cierto, pero ahí estamos, buscando el cable. Debe de ser un sufrimiento infinito la enfermedad en las almas soberbias, porque la vida es así, traicionera. Y no se la puede comprar.
La vida me ha enseñado que una mirada como la de mis padres no la podrías comprar jamás. No está en ningún escaparate. Y les estoy profundamente agradecida. Nos han enseñado a confiar en nosotros, en los otros, y fundamentalmente en Dios. Gracias infinitas a los dos. No os hacéis idea de todo lo que nos habéis dejado desde vuestro sencillo y silencioso saber ser, saber estar y saber mirar. Os quiero.
(...)
Primero pusisteis los hombros, para que llegásemos al columpio. Luego pusisteis el manillar de vuestra bici, para que pudiéramos seguir en el columpio. Y después, siempre habéis permanecido cerca del columpio, por si se pudiera romper.
Y cuando hemos caído, vuestros brazos estaban ahí.
EN MORADO.
Espero que no se te haya olvidado que... TE QUIERO!!!XAO ANNIE.
Te echo de menos, un poco... jajajaja... que noooo ... que es un poquito más que un poco... es muuuuuuucho...
... y mañana... ¡¡¡¡ya vuelves!!!!
Regresa diminuta!!!!
Volveremos a las peleas que son el pan nuestro de cada día. Sí, sí, a esas que tanto nos unen.
ECONOMÍA Y PERSONAS.
CRISIS; Bloqueo de los mecanismos habituales de funcionamiento o de adaptación de la economía, que se produce en un sector de actividad o afecta a un sistema económico en su conjunto. Los sectores económicos afectados, o la economía global, no pueden sortear esta dificultad sin verse transformados.
CRAC; derrumbe repentino de las cotizaciones bursátiles.
Del Dictionnaire de l´economie.
Pierre Bezbakh y Sophie Gherardi
París, Larousse-Le Monde.
(...)
Y me quedo pensando en la situación actual. Y en las personas. Porque las personas somos también así, como la economía. Que nos embarcamos en valores cotizados al alza, cuyo valor es excesivo, y que conllevan necesariamente a un derrumbamiento, el personal. A veces nos ocurre, que estalla nuestra mirada igual que esas burbujas bursátiles; con un golpe seco que se dejará notar en cada una de nuestras inspiraciones, en nuesro ritmo y en la manera que tendremos de enfrentar la rutina.
Las personas también sufrimos auténticos bloqueos, nos vemos en algún momento de nuestra vida sin capacidad de adaptación, y nos quedamos atónitos al ver todo ese sistema que son nuestros puntos de referencia caer en picado. Nada sirve ya. Todo ha de ser construído, reestructurado. Pocas cosas, y también pocas personas, se salvan en esa caída que es siempre vértigo. Ocurre a veces. No podemos sortear las dificultades, los escenarios en los que la vida nos ha ido a posar se vuelven demasiado hostiles. Y sabemos que no será posible salir al camino con lo de antes, que tendremos que levantar nuestros pies del suelo desde el cero en que se ha convertido nuestra vida. Que hemos de dejar de sostenernos en el muro que nos daba fuerza porque ya no la tiene, se ha derrumbado, y que desde la debilidad que supone estar desnudo, volveremos de nuevo a caminar. Comenzamos. A veces sucede. Y lo hacemos desde la nada.
Hay quiénes lo llaman fracaso. Yo no, yo no lo llamaría así. Es simple y llanamenete, renovación. La posibilidad de esa ilimitada capacidad de transformaciòn que siempre habita el ser humano cuanso decide valientemente, sostenerse en su verdadera esencia; la libertad. Es dura la libertad, es una conquista de años. Pero su panorámica hace posible que cualquier precio, sea el necesario. Es infinita la libertad.
** Te deseo valentía en los momentos difíciles de tu vida. Que no decaiga la fortaleza que un día te empujó a perseguir un sueño.
TRABALENGUAS
Pero sin el ruido de los otros, nos quedamos pronfundamente aislados. Estamos sin sonido cuando no oímos esa cantinela que aunque nos merma, y a veces incluso nos deja sin aire, es la que no nos deja caer. Ese ruido de los que nos rodean, y a quienes tanto, tanto, estamos queriendo, ese ruido y su recuerdo es lo que nos da brillo, consistencia y alegría. Quizá sea lo que nos sostiene. Y aún así, en estos días de construcción solitaria, qué bien se está. ¡Pero qué bien!
Icoherencias que se disfrutan. Trabalenguas de soledades acompañadas, así son estos días. Un trabalenguas de idas y venidas a través del tiempo; por estos días, y por los de antes. La vida puede ser que sea simplemente eso... un trabalenguas. Y me gusta la vida así, tal y como está, navegando en sus coherentes incoherencias.
*Echo de menos tu ruido, diminuta. Y no veas... no veas la cantidad de cosas que he podido hacer. Pero es peor estar así, estar echándote de menos. Permanecer sin el desorden de tu mirada, y sin elcaos que siempre habita en tu estancia... qué poco me gusta así tu habitación, tan silenciosa. Y mientras te recuerdo, me paseo a menudo por tus colores, y por el descanso que al final me ha podido conquistar.
**Pintura floral realizada por diminuta.
LA MIRADA EN SILENCIO

El color como sentido; esa mirada se posee sin saberse poseída. Esa mirada me pertenece. Te pertenece. Unos ojos me sujetan firmemente a la presencia de las cosas, sin fisuras; tus ojos. Azul. Certidumbre. Lo sé, ahora lo sé; sé de la no distancia. Mi alma mirando la tuya sin saber que la miraba. La distancia abatida por el color, agoniza. La infinitud se instala en los ínferos de este cuerpo que sólo se sabía límite, que no se sabía traspasado por el color hasta que de repente se ve frente a ellos. El límite convertido en libertad.
Abismo. Vértigo. Plenitud. Ante mis ojos, el todo que un día me regalaste. Late por ser nacido. Mirada intemperante. Ausencia de voluntad. El reverso de mi presencia en azul, los caminos del laberinto que me arrastra en negro. Yo soy esa mirada. Ensimismada. Perdida Encontrada. Absorta en ese todo que es tu paleta. Tus colores supieron decirlo mejor que yo. No, no hay distancia. Ahora lo sé.
DESCANSO...
Ahí está esa mirada, la de la reflexión; punto y aparte. Descansar no sólo en el sueño, también durante esta vigilia de rutinas que es nuestra vida. Observar el conjunto de las cosas que se viven durante un tiempo de silencio, hacerlo con la sensación de que esa vigilia tan sólo es un sueño que necesita ser interpretado sin arrebato, con juicio sereno. Descansar este tiempo de incertidumbre en la levedad de lo que se mira con perspectiva. Tiempo al tiempo. Nuestra vida colocada en un horizonte que miramos a lo lejos, desde este yo que se encuentra en descanso. Leve. Criterio que se mece en ese límite poco nítido que es la vigilia cuando se deja atrapar por el sueño. Se descansa. Ocurre por fin...
ESCRIBIR

MARGUERITE DURAS

Son palabras que hoy leo y releo. Me apetecía compartirlas con la gente que a ratillos asoma por esta bitácora. Al fin y al cabo, para mejor o para peor, hemos sido contagiados por el gusanillo de las palabras. Por esa contradicción extraña y a veces sin sentido que es escribir.
VAGABUNDEAR ...
Harto ya de estar harto... ya me cansé,
** gracias mqm
PIECE BY PIECE
Pieza a pieza, nos vamos encontrando. Vamos colocándolas en los huecos de nuestra presencia. Intentamos que no nos falten las más necesarias. Recomponemos la presencia de nuestra soledad paso a paso. Encontrar el espacio adecuado. También el tiempo. Y el ritmo. Compases desencontrados en la canción de este día. Pieza a pieza busco el descanso. Incertidumbres que han de ser colocadas en pequeños espacios, al lado de piezas que confirman certezas; y así no caer del todo. Piezas que buscan el ritmo exacto de mi camino. Piezas que quieren llenar el hueco del sonido no reencontrado. Una pieza falta, otra sobra. A pasos, recomponemos el puzzle de nuestro tiempo creador. Pieza a pieza. Y luego... el descanso. Necesitamos mirar nuestro tiempo, nuestras manos, y esas piezas que se quedan así, como bailando entre los dedos. Esas piezas de brillo sin consuelo, no sé si por haberlas tenido, o por no haberlas podido encontrar aún el hueco exacto. Nadie que falta sobra. Bailan en mis manos, cual lágrima sustentada en la sonrisa. No saben el lugar que ocupan, aún no saben la pieza que son, aún no tienen ritmo, ni espacio. Y sin embargo está ahí, la melodía, la intuición de la melodía.
Descanso. Silencio. Espacio. Música.
I´ll shed like skin,
our memories of lazy days,
and fade away the shadow of your face
Piece by piece,
is how I´ll let go of you.
Kiss by kiss,
will leave my mind one at a time
... One at a time
... One at a time
... One at a time
MADRUGADA
PAUSA ...
Let it be. A veces es mejor dejarlo estar. A veces uno no sabe qué contar. A veces, mejor el silencio.
(...)

