INICIO.

Deseo que el año que viene esté lleno, pero llenito de justicia. Y que tanto en el escenario personal como en el profesional encontremos lo que esperamos y deseamos. 

¡FELIZ AÑO NUEVO! 



MILAGROS.




Hacía muchos años que no veía un recién nacido. Son impresionantes, con esos ojos tan profundos, llenos de misterio, y esa quietud que transmiten cuando los observas así, como perdidos y afrontando un mundo que desconocen por completo. Qué valientes son en su indefensión. Coloqué mi dedo índice en el hueco de su manita diminuta y su tacto me colocó ante tu presencia. Te recordé tal cual eras la primera vez que te vi. A lo largo de la mañana no tuve otra cosa en la mente que tus ojos oscuros, su apertura emocionada y la tranquilidad infinita que transmitieron cuando oíste de nuevo mi voz y se cerraron pausadamente. _Hola ratoncito_, dije entonces. Y caíste en un sueño profundo, totalmente sereno. Era la primera vez que me veías, que me oías desde fuera. Y era la primera vez que te veía yo. Nunca he podido olvidar ese cruce de miradas y tu tranquilidad al sentirte de nuevo al lado de la voz de siempre. Ojalá pueda seguir siendo así, que mi presencia te consuele, ahora que sé que no siempre tendré una solución para todo lo que sea problema en tu vida, y que hay cosas que yo no te podré enseñar.

Hoy volví a tocar de nuevo a un recién nacido. En ese roce se hacían presentes todos los momentos vividos a tu lado durante estos doce años que se han pasado tan rápido. He de confesar que casi lloro de alegría. Una a una, a esa emoción primera, le han seguido las que vinieron después. Tus primeros pasos, tu flotabilidad en el agua _nada era tan divertido como ver tu juego de piernas y brazos desde lo profundo de la piscina_ tus primeros giros y desastres con la bici, la rotabilidad de tus piernas con los patines mientras te sujetaban firmes mis brazos, las primeras palabras, el primer día que viste el mar, el primer día de guardería, el primer día de colegio, las primeras lecturas, la primera película de cine _desde ahora en adelante me llamo Nemo, dijiste después_ tu primer viaje en tren... han sido tantas las primeras cosas las que has vivido a mi lado. Pero ahora ya te sueltas. Ahora habrá muchísimas cosas que verás tú sola por primera vez, y.. me cuesta. Somos así algunas madres.

Hoy no me he podido olvidar de tu presencia a mi lado, de todas las cosas buenas que a tu lado he podido conquistar. Me he sentido la persona más afortunada del universo, y al llegar a casa, al verte tan formal, mayor y risueña, no he podido por menos que darte esos achuchones que te han hecho reír a carcajadas, achuchones que no sabías a cuento de qué venían. No he podido evitar agarrar tus manos, tan grandes como las mías ya, apretarlas fuerte, mientras pensaba en el milagro de la vida; ese milagro que convierte las manitas diminutas en otras capaces de sostener todo un universo. Cuánto te quiero, Diminuta. Y qué enormemente impresionante eres ya. Parece mentira.



** Este blog nació como posibilidad de comunicar tantas cosas... pero al final tu presencia lo está ocupando casi todo. Así también es la vida real. Te quiero.

LA PALABRA QUE SE GUARDA.



Y observarás que en aquellos seres humanos que guardan Su palabra, esa Palabra no se ve. Pasa inadvertida. Pero ha llegado a asirles como una lámpara que por sí sola se enciende o que está siempre encendida, sin combustión. Sólo en la oscuridad total puede ser sentida. Esa, la Palabra que se guarda. Una Palabra que a todo suceso transciende. 

 NAVIDAD. 
«Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él. » (Jn 3, 16-17).






 _Os deseo a unos felices días rodeados de las personas que más queréis. Y que la Luz de Esa Palabra envuelva vuestros días, la podáis sentir o no_.

PUENTES.



Hay personas que aparecen en tu escenario y se quedan para siempre. Poco importa el tiempo que estuvieron, lo que hicieron, si se equivocan o no; se quedan y punto. En tu alma, en tu sonrisa cuando las recuerdas, en esos trozos de conversación en los que aparecen, en tus palabras cuando deseas que sean felices, en muchos segundo espontáneos, se quedan. Sin remedio. Sabes además que deseas que sigan caminando con la misma sonrisa e inteligencia que un día pusieron a tu lado. Que puedan estar en el mundo regalando lo que son, aunque ahora ya no te toque a ti. Esto último sí, duele un poco.


Yo también deseo que seas MUY MUY MUY FELIZ, SIEMPRE. Porque tienes el don de aparecer precisamente en esos minutos en que se necesita perspectiva. Eres el puente que me lleva de una orilla a otra. Ha sido siempre así, pero claro, eso tú no lo crees.

APATÍA INNECESARIA.

Hoy tocaba escenario nuevo. Allí fui. Encontré que en él habría dos personas más, que aunque no pertenecían a mi área, eran enfermeras como yo. Dije buenos días. Un hola seco respondió _una de las personas ni se molestó en contestarme_. Después de alguna pregunta concreta, observé que la intención por responder era nula. Cuando pregunté dónde podía encontrar un contenedor amarillo, la contestación literal fue "ahí", _sin dirigir la mirada hacia ningún lado... dentro de una sala que bien podía ser como mi casa sin tabiques_. "Ellas no van a mover un sólo dedo para despejar tus dudas, no te van a ayudar", me dije, así que decidí no preguntar nada más. Sonreí, me las arreglé durante toda la mañana para acometer mis funciones sin preguntarles nada y por supuesto encontré el contenedor amarillo, también encontré todo lo demás, eso sí, unos minutos más tarde que en el ratio normal. :P

Luego me dirigí a las otras salas para presentarme y preguntar si había algo que pudiera desconocer, pues siendo nueva, no sabía muy bien qué registros constatar, dónde encontrar los listados, las pegatinas, etc. La amabilidad subió un punto, pero vamos, tampoco hubo mucha predisposición que digamos _no pude lanzar cuetes por la emoción, eso no_ aun así, sonrieron, ya no eran las caras de palo que me recibieron en la sala anterior. Me informaron y me dijeron que estuviera tranquila, que estuviera en la sala, que ellas irían solventando las cosillas pendientes. Esto a pesar de su poca disponibilidad, hizo que las identificara como compañeras _en ese minuto ya empecé a considerar lo de los cuetes, dada la hostilidad sentida nada más llegar, esto era la panacea_. Así lo hice, _lo de los cuetes no, lo de volver a mi lugar de trabajo_. 

Recibí a los pacientes que tenía que atender. Esto, desde el punto de vista emocional, empezó entonces a ser otra cosa; aquí ya había interacción. Caras amables, manos confiadas, sonrisas claras, conversación serena; ánimo que ya es nada, mira pon la mano así, de dónde es usted, respire hondo, no se me duerma, risas... etc, etc, etc. Ya en mi salsa, sabiendo que podía defender su estabilidad, que entendía perfectamente los monitores, que sabía qué papeles habría de rellenar, qué listado confeccionar y que ya conocía la mayoría de datos que habían de ser consignados; el tiempo se me pasó volando mientras sentía ese feed-back comunicativo entre cuidadora y y persona cuidada que alienta lo que somos; personas. Maravilla de las maravillas... y la mañana quedó solventada. Recibí una dosis humana de cariño grande por parte de las personas a las que atendí. Y cuando terminé la labor, sin decir apenas adiós a las personas con las que había compartido escenario _no se fuera a quebrar el silencio patológico de su lado_ , me fui. Así, como muy "pisando huevos". Que no está ya una para ir dando lecciones a la gente rancia.

De camino a casa, pensaba en aquello que decía un profesor, en la absoluta verdad de sus palabras. Nos hablaba con total convicción sobre el escenario de la enfermerdad; afirmaba una y otra vez que si en él  la enfermería es alegre, los pacientes estarán alegres, pasen por lo que estén pasando; pero que  si la enfermería está sin ganas, el paciente reflejará también esa abulia, miedo y sequedad. Y en esta mañana sorprendente, la sala en la que trabajé se dividió claramente en dos secciones; la seca y la COMUNICATIVA. La conversación tranquila iba y venía, sonrisas, ánimos, alguna que otra bromilla... en la mitad de la sala.

La mañana quedó resuelta, aun así, me quedó un mal sabor... de alma, así como de dolor por una sociabilidad asesinada. No puedo imaginar qué le puede llevar a una persona a ser así, tan adusta, tan distante, tan mala compañera, y tan insensible a las personas que se sienten en situaciones cuanto menos, no elegidas _un hospital no es un hotel al que eliges ir_. No sé si hay razones de suficiente peso para disculpar semejante apatía, pero desde luego si las hay, sentí que el peso de esa circunstancia tenía que ser inimaginable. Y si al inicio de la mañana lo que pillé fue una especie de pequeño rebote emocional _que dio lugar a una ironía interior ciertamente afilada, no lo voy a negar, pues para santa no he nacido... y hubiera sacado mi vena sarcástica gustosamente a diestra y siniestra_  lo cierto es que me quedé en silencio _inteligencia espacial diría yo que es, no era cuestión_. Y ahora que lo pienso, que lo escribo y lo descargo en mi pequeña ventana, lo único que siento es pena. Compasión por esas dos compañeras que se pasaron toda la mañana en animadversión con una desconocida que lo único que había hecho era saludar en el comienzo de su jornada. Y tremendísima compasión por las personas a las que atendieron. Afortunadamente estos patios son escasos... afortunadamente, me digo. Pero para un total desahogo, no podía por menos... que dejarlo aquí. ¡¡¡Qué impotencia, oiga!!! Aún la puedo sentir.



EFECTO GILMORE



Hoy han saltado a la pista todos esos hilos invisibles que unen nuestra mirada; hilos insondables que sostienen la libertad. Hilos que no se quedan en nuestros ojos, sino que se extienden hacia las personas que han hecho posible nuestro camino. El amor a veces es así de irreconocible. Sólo quienes lo han rozado pueden sentir su presencia. Sólo quienes han transitado la libertad, saben que amar era esto. Que a veces la forma no es tal como nos la habían contado.

Brindo por el efecto Gilmore; por su circunstancia y cada una de sus consecuencias. Tú entiendes, y quien más nos importa, también. Sabemos que estamos, que somos, que la libertad está detrás de cada uno de nuestros pasos, y que nada puede romper aquello que nos une desde el infinito. También sé que es muy difícil que nadie entienda. Sólo quien ha estado, lo sabe. Quien lo ha vivido. Y tú y yo, estamos. Sabemos. Vivimos. Llevamos en el alma las alas de la libertad. ¿Habrá alguna vez algo más grande que esa mirada elevada con la que ama la libertad?

ESPERÁNDOTE.



En todo tiempo de espera siempre hay un respiro escondido. Ocurre que en ese tiempo, el alma transita libre por recodos que no se encontrarían de no estar en esa no realidad. La espera es un no-tiempo que a menudo trata de revelarnos algo. Si somos impacientes, nos desesperaremos, pero la paciencia, sabia, se queda quieta para que secretos amables se hagan sonido. Así estoy ahora, mientras se para mi tiempo y espero tu regreso. Respiro hondo y sé que cuando llegues, tu risa lo llenará todo. Mientras, a mi pensamiento ha venido una especie de vuelo sereno. Una serenidad que se sienta en mi corazón y me hace sentir orgullosa de todo esto que vivo; también de lo que no vivo. Ya ves, lo llenas todo aunque no estés.

Y a lo tonto he colocado los afectos, las personas que están, las que no están, y las que tan sólo hacen ruido sin la intención de transitar por el escenario a mi lado. Obervo lo que podría haber sido una decepción, y soy consciente entonces de que no lo es. Supongo que no esperaba nada. Y ante mi silencio, descubro que mi alma es serena. Que sabe transitar por el no-ruido de la soledad mientras encuentra sonidos que le dan alas a la mirada. Sonidos que son una pequeña verdad que se torna brújula. Quizá sólo sepa caminar con seguridad quien ha mirado de frente a la soledad; a sus ojos directos, firmes, rotundos.

El silencio se torna revelación si te atreves a mirarlo libre de ataduras, con la mirada simple y certera que busca tan solo una pequeña porción de consistencia en la realidad. El silencio se torna entonces una verdad sin rencor, que no tiene necesidad de pedir o rendir cuentas. Es impresionante el silencio de la soledad; lo cerca que está de la Verdad.

Y ya llegas. Y todo es diferente. Llega el ruido. La velocidad. Y me alegro de esperarte... lo cierto es que lo haré siempre. Allá donde me encuentre seré una espera: la que te encuentra. Tú eres el regalo de mi no-tiempo _aunque se tratase de la espera más desesperada_. Lo llenas todo, hija mía. Mi mirada es más sabia desde que tú eres presencia. Te quiero.


LA LÍNEA DISCONTINUA DEL TIEMPO.



Pasa demasiado deprisa. Es lo que tienen los ires y venires llenos de actividad. De repente, en un momento dado se detiene el tiempo, y te das cuenta de que desconoces algunas de las coordenadas de su escenario.

El miércoles llegué un poquillo más tarde del trabajo. Diminuta _que ya no lo es_ estaba en casa ya. Como yo me demoraba, se le ocurrió cotillear en una caja en la que voy guardando cosas insignificantes que van acumulando historias a los recuerdos de mi vida. Ella estaba maravillada. Encontró las notas que yo sacaba en parvulitos, las tarjetas de identificación de la universidad, tarjetas de biblioteca, tickets de viajes, fotos... Se reía con mis anécdotas, y se le notaba feliz descubriendo hechos que desconocía; esa presencia nunca imaginada de su madre aún niña, joven, lejana... Nos estuvimos riendo un rato, y anduvimos totalmente sumergidas en las historias que la memoria siempre anda presta a volver a contar. _Cuéntamelo, cuéntamelo otra vez papá, aunque sea repetido_ esa era yo. Una personita ávida a escuchar historias... una, otra, otra, la misma otra vez... Contar y escuchar historias, esa era la cuestión, el eje de toda relación. Y así lo ha heredado Diminuta....

Después, cuando ya cada una condujo la tarde a las tareas rutinarias_deberes y lectura_ aunque mi mente parecía estar centrada en un libro, lo cierto es que se sentía llena de perplejidad. Era incapaz de concentrarme en otra cosa que no fuera la imagen de la joven que fui; aparecía nítida y clara. Hasta esa tarde había sido el olvido. La vida vino a imponerse de una manera tan arrolladora que no tuvo posibilidad.

Me pregunto si el día de mañana esa joven silenciosa se llevará bien con la señora que aparecerá en el espejo cuando de nuevo se mire. Si ese momento en el que mire de frente al tiempo tendrá armonía, si esa señora sabrá ser esa joven sin perder la razón. Me pregunto si se llevarán bien. Si sabrán entender que la unidad que son ha tenido necesariamente que nacer desde este olvido absoluto que ahora existe.

Ha sido difícil reconocerse en el no-ser, ser este tiempo de olvido que es premisa para seguir latiendo. Saber que aquella joven no se ha ido nunca aunque en cierto modo ya no esté. Que permanece en la ausencia que soy con toda su imposibilidad. Es complejo sentir. Vivir. Observar el reflejo del tiempo.

Entonces pensé que la medida de nuestro fracaso, la medida de lo que no llegamos a ser, es el triunfo de nuestra alma. Y que por eso, sólo por eso, nunca morimos del todo, aunque creamos no existir.

¿Lo entenderá así la señora que un día me encuentre al mirarme en el espejo? ¿Sabrá aprehender entonces la joven que fue?

EL RUIDO Y EL MUNDO.

El mundo puede cambiar en un día. En el transcurso de una semana puedes mirar a tu alrededor y no reconocer ya tu vida ni escenario alguno. Conviene no olvidarlo. No por la necesidad que tiene el pesimista de no alegrarse vaya a ser que vengan mal dadas, sino por la necesidad de ser realista, de confirmar que la vida tiene sus momentos, sus escenarios, sus devenires, en los que ni somos ajenos, ni somos incompetentes. Hemos de ser conscientes de que todo cambia, y de que en ese cambio, tenemos pasos dados o pasos por dar. Que nada ocurre al azar, al menos nada que sea relevante. Y sobretodo, hemos de recordar que siempre hay algo a lo que estamos obligados por el hecho de ser ciudadanos, personas que viven sociedad y que como tal, le preocupan sus deficiencias.

Conviene mirar a lo que nos rodea, preocuparnos por las cosas que hacen ruido a nuestro alrededor aunque tengamos la firme convicción de que no van con nosotros, incluso a pesar de que aunque quisiéramos, nada podríamos mejorar. Creo firmemente que siempre hay algo que hacer, algo que no se reduzca a nuestro inmediato radio.

El mundo late, y lo hace constantemente. Permanece en continuo cambio aunque nos parezca imperceptible, aunque tengamos esta seguridad de que siempre será así, de que lo vamos a poder manterner igual. La vida en un instante, puede dejar el escenario de tu tiempo patas arriba.

Pienso en lo que puede cambiar una vida en ese instante. También un país, la idiosincrasia de sus gentes, y el escenario al que normalmente se había dado por hecho. También pienso en lo que podemos cambiar como personas si los parámetros de nuestro escenario de repente dan la vuelta y ya no somos esas personas dignas, con un traje limpio y la barriga llena. La Historia tiene episodios lamentables que nos lo hacen evidente; todo, casi todo, se puede perder. Nosotros no nos diferenciamos de las personas que entonces lo vivieron, no somos ni mejores ni peores, nada original nos identifica como grupo. Lo digo por si creemos que vamos a ser más listos, más cultos y mejores personas en igual escenario.

Cuando observas el latido del mundo, el ritmo del escenario en el que vives, y la locura en la que nos podemos meter insensatamente, es cierto que no sabes muy bien en qué lugar posar tu grano de arena; lo que está perfectamente claro es que no te puedes quedar mirando, haciendo de tu vida un ombligo insensible a la realidad. Hoy el escenario tiene un latido en alerta, y nosotros, cada uno, somos ineludiblemente parte de ese latido. Y miedo me da... que nos quedemos mirando para un laurel. Son tantas las cosas que damos por seguras y tan rematadamente egoístas e ignorantes, que no sé. No sé si vamos a saber movernos en la próxima ronda. No es cuestión de ruido. Es más un quehacer silencioso del que pocas veces se habla. A menudo hemos visto que el  ruido casi nunca soluciona nada.

DE REGRESO.











El hombre se inventa un programa de vida, una figura estática de ser, que responde satisfactoriamente a las dificultades que la circunstancia le plantea. Ensaya esa figura de vida, intenta realizar ese personaje imaginario que ha resuelto ser. Se embarca ilusionado en ese ensayo y hace a fondo la experiencia de él. Esto quiere decir que llega a creer profundamente que ese personaje es su verdadero ser. ORTEGA Y GASSET.

Es el momento, ya no queda otra que volver a tocar el suelo de la realidad; admitir el kilómetro cero que es una nueva andadura, una nueva programación, un diferente caminar aunque en esencia se camine igual. El otoño siempre es inicio de año en mi tiempo, pero este actual lo es de manera especial. Se cierra un ciclo y se abre otro. Comienza una nueva etapa que tiene la emoción de las cosas que están por estrenar y la incertidumbre que es poner el pie en un camino desconocido. Toca sentarse a diseccionar la realidad. A repensar los proyectos, a no divagar.

Se termina permanecer en el aire, en lecturas y sonidos que nos elevaban por encima de lo cotidiano aunque lo cotidiano haya seguido siendo labor. La inconsistencia no habitaba tanto en los hechos como en el pensamiento; ese dejarse volar sin afrontar lo rotundo que tiene el alma cuando se siente de vacaciones. El dejarse acunar por una rutina amable, de sonido cascabelero y con reminiscencias sólo de presente, risas, idas y venidas, sin más objeto que disfrutar. Hoy ya toca regresar. Se acabaron las vacaciones.

Hoy _por fin_ me coloco firme pies en tierra. Mi presente ha de conjugarse y obligarse a mirar al futuro. He de proyectar mi mirada en pilares que construyan lo no habitado aún. Se acaba la levedad del ser, la no rentabilidad de los hechos y la necesidad de no despertar.

... Y parece que lo he hecho animadamente. Con ganas de participar en un presente activo que me haga dar pasos con un futuro posible. Todo ello sin perder la conciencia de que de mi no todo dependerá, aunque es bien cierto que ello no le quite pizca a la seguridad que me inunda. Al final todo sale como tiene que salir, aunque no siempre coincide con lo que se tenía pensado.

Bienvenido sea este otoño, y también el kilómetro cero en el que me he ido a colocar. Estamos de regreso y hago mi propuesta... que luego la Vida dirá.

VACACIONES.

Nos vamos...
Diminuta ha regresado ruidosa, alegre e incombustible.
:P


26 DE JULIO.

FELICIDADES A TODAS LAS ANAS DE MI VIDA.

Santa Ana y María. Pintura de Leonardo da Vinci.




El corazón no es fuego. Es como un espacio que dentro de la persona se abre para dar acogida a ciertas realidades. Lugar donde se albergan los sentimientos inextricables, que saltan por encima de juicios y de lo que puede explicarse.

(...)

Y a veces arde en él una LLAMA que sirve de guía en las situaciones difíciles, una luz propia que permite abrirse paso allí donde parecía no haber paso alguno; descubrir los poros de la realidad cuando se muestra del todo cerrada.
María Zambrano.




*En recuerdo de esa LLAMA que vino a posarse en cada una de mis derrotas.

ÁRBOLES.


El camino que recorremos en este tiempo llamado vida, lo único que pone a prueba es la coherencia entre nuestra libertad y la responsabilidad que de su mano asumimos. Da sentido a lo que decimos y demostramos. La vida es demasiado inteligente como para dejarse manipular. El final será el que nosotros hayamos elaborado de la mano de esa libertad, a pesar de los bosques encontrados, del miedo vivido y de las sombras por alumbrar. Siempre hay árboles sólidos al lado, otra cosa es que hayan pasado de largo sin haberlos visto o que no los hayamos sabido cuidar. La vida es un enorme incógnita por descubrir: seamos coherentes, vivamos en cohesión y disfrutemos de las agradables sombras que el camino siempre nos regala: los amigos*. Cuida a tus amigos, no les dejes marchar.


*Dedicado a todos y a cada uno de ellos.

EL ALMA EN VERANO.











"Siempre me ha gustado tumbarme mirando al techo, es mi preparación para soñar, para calmarme o para decidir cualquier cosa. Y cuanto más espacio medie entre los ojos y la tapia contra la que se estrellan, más libre es el viaje del pensamiento, más sorpresas puede dar." CMG

IRES, VENIRES Y TACONES.

Así estoy; voy, vengo, vuelvo a ir, vuelvo a regresar. Regreso a mi inconstancia, a mi locura, a mi ir y venir que parece no tener mucho sentido, la verdad. No hay manera de centrarse. Mi mente bulliciosa no encuentra recodo en el camino en el que parar, sigue, sigue, sigue... La casa es una pista de aterrizaje para todo aquello que tenga a bien aterrizar. La engalanan mil libros y otras mil tazas. No hay concentración, ni rutina, ni objetivo que conquistar. Todo es un ir y venir de la presencia, de la mente, sin agarrarse a nada concreto, nada tiene tiempo en el devenir de los días. Incluso la lectura no tiene riendas marcadas. El sueño también permanece a su libre albedrío. 

Sin embargo concibo este espacio de caos como un descanso, saber que nada es ni tiene que estar de ninguna manera concreta le da a mi espíritu alas, me hace tocar la libertad y me acerca poderosamenta a la verdad de mi vida. Ese fluir de las cosas tan anecdótico y aleatorio es una sabia nueva que en cierto sentido recoloca el mundo de mi mente. Sin obligaciones, la verdad se presenta nítida, grande, irrevocable y ligera. Podría volar con ella.

No saber a qué razón responden los hechos nos coloca ante la mirada de un yo que puja por salir verdadero, es una afrenta. El caos nos acerca a la Verdad. También a sus hijas directas: esas pequeñas verdades que vamos descubriendo mientras vivimos, de las que no somos del todo conscientes, y de las que no alcanzamos a ver a dónde nos pueden llevar. Hoy se muestran más rotundas que nunca:

_Creo rotundamente en Dios.  

_Soy, a pesar de mis tropezones, una persona enormemente feliz.

_ Y te estoy echando mucho de meeeeeeeenos, Diminuta. _De las personas que me rodean eres la que más necesitaba: ordenada, serena, profunda, tranquila, enigmática, poderosa, alegre y coqueta... . Eres la antítesis que da sentido y verdad a mi presencia caótica, deshilvanada, vehemente,  imprevisible y desconcentrada. Joooo... pero cómo te estoy echando de meeeenosss. Y una cosa, cuando veas los zapatos y la pamela que me he comprado... te vas a morirrrrrrrrrrrrr. De la envidia. Bueeeeeno, vaaaaleeee... te los dejo ponerrrrrr :)_

TE quiero DIMINUTA.

¿CÓMO ERA ENTONCES?...

Dicen que a través de la mirada de nuestros hijos recordamos nuestra infancia. Así lo creo. Al lado de Diminuta he vuelto a recordar la mía. Ahora, cuando ya está a tan sólo un paso de decirle adiós definitivamente a su infancia, también regresan algunas cosas de aquel tiempo en que yo era como ella. Si me pienso adolescente, irremediablemente me viene al recuerdo la tienda de mi madre. Me veo en ella eligiendo los colores más bonitos para hacer una labor, y recuerdo la alegría _y adicción_ que empezar una labor supone.

Hoy, cuando pienso en la adolescencia tranquila que viví, pienso que sin buscarlo, tuvo que ver en todo ello esa pequeña tienda de hilos, lanas, colores, labores que tenía mi madre. Cuando la tienda inició su andadura, yo tenía exactamente la edad de Diminuta. A partir de entonces cuántas horas le dedicamos sin que nadie nos dijera estar obligadas a nada. Ver todos esos colores era una atracción total, reconocer el tacto de cada especialidad, leer las revistas... aprender los trucos de cada labor, los giros de la lana, la sorpresa ante el desconcierto. Era dejarse arrastrar por la imaginación. Siempre salía perfecto aunque a priori estuvieras con tus manos y el hilo hecha un lío, pero si seguías las indicaciones de la revista, ¡voilá, estaba hecho!

Me quedaba absorta y maravillada ante las posibilidades que un hilo tiene en las manos de una persona. Observar, aprender y dejarse llevar fueron todo uno. Aprendí cadenetas, puntos enanos, palitos, palitos dobles, punto bobo, ochos, calados... ahora menguo aqui, aumento por allá, lo uno al cuello... Llegué a sentirme tan entretenida en aquel pequeño espacio que pensar en que tendría que idear el siguiente escaparate era todo un premio, el proyecto del mes; elegir el tema que pondríamos _ropita de bebé, labores del hogar, chaquetas, jerséis, gorros... _ las tonalidades, los complementos, hacer la prenda que expondríamos... Todo era emocionante.

Durante todo junio, a saber por qué razón, se me ha venido una y otra vez a la cabeza aquel tiempo. Veranos de labores, de piscina, y de primeras soledades. Me ha dado por pensar que quizá mi adolescencia no fue tan adolescente _dolorosa_  porque había encontrado una labor que me gustaba, que me entretenía, que me hacía sentir útil, que activaba mis neuronas... y sobretodo, que me hacía sentir mayor. Es curioso, quizá aquella pequeña tienda me salvó de los demonios que todos atravesamos cuando el mundo se presenta como un dolor. No otra cosa es adolecer. Y pienso que el dolor que fue el abandono de tu mejor amiga, el de no encontrar tu lugar exacto, el de no entender muy bien qué te pasaba... fue menos duro al lado de tantos colores, de tantas posibilidades entre las manos, y porque rodeándolo todo, estaba la presencia callada y amable de mi madre _hoy pienso que el silencio y la presencia es lo que  mejor consuela al alma_ pues no sólo me enseñó lo que sé, también me dio la libertad y confianza para hacer y deshacer labores, escoger los hilos y crear espacios de colores, imaginar muestras para hacer realidad el escaparate que mi imaginación iba creando día a día. Nunca dijo no a nada.

He pensado mucho en todo esto ahora que Diminuta empieza su andadura adolescente. Ojalá  pueda encontrar una labor que le aporte ese remanso de silencio en su inicio de adolescencia. Ojalá pueda ser posible para que no todo se alborote. Para que en el silencio de una labor, un cuadro o una lectura, la vida le deje el señuelo de la esperanza. No otra cosa fue aquel tiempo entre hilos y labores al lado de mi madre. Ahora, que lo miro en la distancia, lo veo totalmente claro. Fui afortunada por la esperanza que todos esos colores escondían, y por la presencia y el tiempo habitado al lado de mi madre. Puede parecer tonto, pero en realidad son esas cosas sencillas las que al final nos sostienen de pie. Qué buenos recuerdos me ha traído este verano.


NO PIERDAS NUNCA ESE HILO.




Nos hemos saltado el ritmo, ya no vamos con la sintonía del mundo. Nuestro tiempo es lento, es de ganchillo e hilos. Como tú misma dices, estamos metidas en la labores de los antiguos. Incluso a mis dedos les cuesta hoy escribir al ritmo que tenían memorizado porque se sienten en otro tiempo; tan pegado tienen hoy el paso del hilo y el giro de su ganchillo. 

Nos hemos saltado la rutina de los días. Hemos dormido a pierna suelta, nos hemos levantado, desayunado y recogido el pelo en una coleta; caminamos descalzas por la casa con la camisola arrugada, el gesto fresco y hemos decidido que el tiempo le pertenece a este nuevo ritmo. Yo me hago café, tú preparas tus cereales. Entre pequeños gestos y miradas acompasadas, esa verdad que siempre se esconde en el alma se ha negado a ser asaltada por la rapidez de las idas y venidas. Ha sido precisamente ella, el alma,  la que se ha impuesto. Tiempo de pausa. Tú enciendes la radio. Hoy toca enhebrar los hilos antiguos, buscar los nuevos y reconocer cada uno de los cabos sueltos que se olvidaron por el sendero de la prisa, la eficacia y la rentabilidad. Estos días todo puede esperar. Así de simple.

Nada de lo que es importante será tenido en cuenta en este tiempo de exilio. Eso no le resta importancia, pero la necesidad apremia. Y la necesidad va por otros derroteros. Nos hemos bajado del mundo; bueno, más bien yo he bajado, a ella la he agarrado de la mano y la he obligado a bajar conmigo. No lo ha hecho del todo conforme, pero ha comprendido que no le queda otra opción más que acompañarme en una nueva rutina que a priori no ha buscado conscientemente. Lo cierto es que tampoco yo se la he explicado, pero ahí estamos. No hay ordenador, teléfonos, televisión ni videojuegos. Se acabó la desconexión conectada. Hoy, comeremos lo que salga. Nada está previsto. Y... voilá!!!! La magia no se ha hecho esperar.

Todo ha cambiado; el escenario y las circunstancias. No hay quejas, riñas, idas, venidas, sube, baja, tira, afloja, ahora corre... ahora más, más deprisa. No, ya no hay carreras. Lo que importa ya no es tan necesario. Se impone la calma; era eso. Era eso lo que más necesitábamos, la calma. Ya no hay lugar para los malentendidos, contradicciones y rechazos.

Ahora es el  tiempo de lo lento, de lo aparentemente intranscendente: tiempo de labores de ganchillo al son de la conversación, de alguna que otra risa, y de mucha concentración. Se concentra el alma al rozar el hilo, en cada giro del ganchillo, en cada palito y cadeneta, al ritmo de la cadencia con que el alma se embelesa mirando cómo va el hilo. Entonces, ¡cómo viaja el alma! Era eso lo que nos faltaba; la calma, la pausa acompañada de quien concentrado, hila hilos y habla.

_Tres cadenetas, cuatro palitos, le doy la vuelta... _ Ahí estás, pensando en alto. Y luego paras, y te quedas pensando, y vuelves a hablar _ Oye mamá, ¿y a tí también te enseñaba así la abuela?... Ay, mira, ya se ve el dibujo... sí mamá, ya se ve, y la flor...Y oye, y si ponemos una tienda como la que dices que tenía la abuela, ¿eh?, sí, sí, sí, porfa... este verano. Y hacemos muchas labores._ Me explicas tus proyectos, tus ilusiones y tus amores mientras charlas y yo me dejo contagiar por todos los pequeños tesoros de los que está hecha tu vida. Me haga consciente de cada una de tus necesidades no intuídas, de tus querencias y carencias; de los deseos de tu mirada no tan niña, pero aún niña. _¡Sería genial!, ¿verdad? _ te contesto. Y al son de los hilos nos dejamos llevar a mundos inventados, aprendemos a sacar la cosas del ahora, las de adentro y las de fuera; aprendemos a parar el tiempo, para que sea nuestro, sólo nuestro. Porque necesitamos esa pertenencia genuina para poder respirar acompasadamente, sin retortijones, sin retorcimientos. Necesitamos respirar hondamente, ser un yo concreto, preciso. Un  yo-verdad que se perfila y descubre mientras vas de hilo en hilo, de pensamiento en pensamiento, de sueño en sueño...

Comemos alegremente y regresamos a la sala. Toca un rato de lectura, también de mirar el techo, así, tal como estás, ausente y patas arriba; observo sin que te des cuenta todos tus movimientos, pues me piensas concentrada totalmente en mis hilos, pero no, mi pensamiento está en ti. La labor sale mágicamente sola. Luego nos animamos a dar un paseo, nos hemos acordado de comprar una lechuga y el pan, también unos hilos de colores y hasta  nos hemos regalado unos cuadernos de dibujo y unos bolígrafos de colores insólitos.

Han sido horas de desconexión en las que invisiblemente se han ido cosiendo los remiendos deshilachados del alma, de cada una de nuestras almas. ¡Qué necesaria es esa pausa que parece no tener objeto! Vuela el alma, vuela, en esa nada hecha giros en la mirada, seas alma adulta o niña. En ese ir y venir de los hilos encontrarás un horizonte qu eviene del pasado, que va hacia el futuro, un alma que se reinventa. Calma. Es el remiendo de lo olvidado, de los agujeros por los que se escapaba el tiempo sin apenas percibir que era por ahí por donde se estaba perdiendo el propio sonido.

Queda aún mucho camino por recorrer, quedarán aún muchos remiendos por descubrir, tendrás que aprender a hilar sola... porque no se puede vivir con trozos de alma, con el alma rota en pedazos inconexos. Los adolescentes habitan un alma así, entre rota y soberbia; sin la cohesión del equilibrio. Y no hay proyecto que se salve sin él. Algo me susurraba que en tu pequeña madurez, tú, estabas como así...  perdiendo el hilo. Porque ya no eres tan niña, y porque has de encontrar en tu tiempo tus propios hilos. Ahora empiezas. Ahora ya sé que era verdad lo que tan solo parecía intuición, esa necesidad tuya de esta soledad tuya y mía, única, que el año nos había robado. Mi cansancio, mis carreras y mi día a día no te oían. Lo siento, Diminuta, lo siento mucho.

_Nuestros hijos llevan en su alma los remiendos no atendidos de la nuestra. Nuestra imperfección les construye. Habremos de ser cautos para saber frenar el ritmo de los días y descubrir qué hilos hemos perdido, qué hilo no les hemos acercado y encontrarlo, sujetar con ellos firme la esperanza, la seguridad, la sonrisa..._ Pienso y y me digo mientras los hilos se mueven entre mis manos

Te quiero Diminuta; no me juzgues nunca por los descosidos de mi imperfección, si no por los hilos que busqué en la esperanza de poder remendar aquello que no me salió bien. Y si algo que a tí no te salió, buscaremos el hilo perdido. No lo dudes.  En mi mano siempre habrá un hilo que te espera, un hilo que nunca será invisible. Será como el que has descubierto estos días; alegre, chispeante e irrompible. No pierdas nunca ese hilo.

PAUSA



Imaginación. Yo también la quise, en la mirada, en todo aquello que me dolía, en el segundo de mi tiempo en que la caída ya se percibía inevitable. Hubiera querido imaginar que todo lo que se intuía era una invención, que nada era real, que lo que se le estaba imponiendo a mi alma al final no sucedería. Pero sucedió. Y lo hizo con estrépito emocional, a pesar de ese semblante tranquilo, suave y silencioso. El dolor siempre es un contenido íntimo. Entonces busqué otra melodía en la que entretenerme, pero mi canción seguía viva ahí; tremendamente sonora y real. La barca que nunca naufraga no habría de ser la mía. Yo era un Titanic lleno de ilusión, magnanimidad, sentimiento y presencia de futuro. El futuro nunca llegó. La imaginación hubiera sido la posibilidad de poder volar lejos de ese tiempo propio, de los segundos que componían un todo de dolor. Pero la vida es así; y ese todo no podía ser apartado. Terca, inteligente y misteriosa, la vida se impuso con su realidad. No me concedió ni un instante de evasión, esa vía de escape que a ratos sería consuelo; la imaginación.

Tiempo. Segundos, minutos horas y días. Hoy ha regresado. Me siento a reposar las heridas y a mecerme en mi reencuentro. Estoy a mil estaciones de distancia de aquella otra que me vio partir. Me pesan aún los que se quedaron atrás, lo que se hundió con estruendo; pero mi temperamento no me permite quedarme a un lado, parar, apartarme o lamentarme. Acepto que cada cual es responsable del cada qué de su tiempo. Y el mío... el mío ha devenido irremediablemente hasta aquí. Y hoy por fin, ya puedo imaginar. Proyectar, Saldar mis deudas.

Qué incomprensible es la vida, me digo, y en ciertos segundos, incluso dudo de mi presencia. Pero es lo que hay. No me voy a engañar. Pongo y propongo todo mi empeño en nuevos proyectos. Mientras, aprovecho para que el viento de hoy me despeine un rato, me dé en toda la cara y me haga sonreir mientras invento lo que aún está por llegar. Hoy sí; imaginación. Y futuro; si Dios quiere.

DE NUECES Y RUIDO.






Observas desde tu sillón el ruido de las palabras. Recuerdas algún que otro momento de bullicio en el que no sabes muy bien qué parte eras o si tan siquiera eras parte _es sabia la intuición_. Ahora empiezas a discernir claramente qué era carcasa y qué era interior. Lleva su tiempo saber qué es lo que en verdad mueve a la palabra, incluso uno mismo a veces no es capaz de definir su propio texto. Lo único que te queda claro es la necesidad de sentido, la sed de significado que llevas, la necesidad de encontrar un buen interlocutor. Han sido pocas las nueces a pesar del ruido. Sólo el tiempo llega a descubrir la nuez cuyo ruido era el esperado, aunque esto entonces ni lo imaginases. Su ruido a veces imperceptible, ha sido una constante. Siento una enorme gratitud por esas nueces que nunca se fueron _literarias, virtuales o reales_.

JUNIO.

Entramos en el tiempo en que todo queda en entredicho. Uno se hace más consciente del escepticismo, de la relatividad, de la no consistencia de lo vivido, lo aprendido, incluso lo ya destartalado. No me cabe duda alguna, la educación de nuestros hijos es lo que más horas ha ocupado nuestro pensamiento, nuestro tiempo y cada hora. La gran esperanza que ellos son y que no siempre el sistema es capaz de detectar, diagnosticar ni comprender. La lucha por su expresión es nuestra premisa, también la motivación para no dejarse vencer ante los desafíos. Y mucho menos ante los errores, que lejos de anularnos, pueden llegar ser tremendamente enriquecedores. Aún así, el camino es duro, largo y a veces totalmente un desatino. Eso sí, en ningún momento ha perdido su riqueza. Creatividad, pasión y ganas de descubrir el mundo; ojalá no se pierdan nunca. Ojalá.

UN VERANO MEMORABLE Y OTRAS HISTORIAS.



Ed. menoscuarto.






"Algo excepcional sucede siempre, en un abrir y cerrar de ojos, algo que casi no da tiempo a presenciar o que permanece invisible..." Antonio Muñoz Molina.


¡Qué sería de nosotros si no nos saliesen al paso las pequeñas cosas! En esas temporadas de prisas, agobios, desorden y poco concierto de vez en cuando hay que parar. Pero no siempre sabemos. Sólo somos capaces de sentir la desorientación, el mundo vertiginoso, sin saber en qué terminará todo ese desencuentro; como si ese escenario que habitas fuera un barco inestable en plena tormenta al que no le queda más alternativa que naufragar. Hasta que en un momento dado das con una diminuta realidad, una historia, un detalle que te hace parar en seco. Si yo tuviera que definir este libro lo haría así; la narración de aquello que siendo parte de ti no alcanzarías jamás a contarte. Ese algo que parece no existir aun cuando es tu sombra a lo largo de las horas de tu vida. Todo está aunque tú no lo sepas nombrar.

El universo del relato corto es sólo el brillo de lo que está por ser identificado. Todo aquello que te habita pero que no puede decirse es siempre un pequeño relato; eso que no puede ser sacado a la luz nada más que como un brillo. Narraciones de silencios, de verdad, íntimos; escondidos sentimientos que no encuentran la palabra exacta porque en verdad no existe palabra que los sostenga. La palabra perdida... ¡Qué sería de nosotros sin las  pequeñas historias!

Hacía tiempo que lo había leído. Su profundidad y la huella que han dejado en mi esos relatos no son fáciles de acotar, de limitar, de describir con un "esto era aquello". El otro día, reordenando libros, lo volví a tocar. Hay libros que son el inicio de un mundo, de una comunicación inesperada que reordenará tu mirada. Así son estos relatos de Mario Lacruz; el silencio que encuentra la palabra exacta para decir aquello que tú jamás sabrías nombrar. Y al lado de las palabras, el mundo se hace siempre más habitable. El discurrir de los días vuelve de nuevo a estar mejor dibujado.

EN LOS ALEDAÑOS.



No sabes lo que quieres a tus hijos hasta que llega junio, el innombrable _como dice Lolo_ . Eres consciente de lo que les adoras cuando ves que por tus poros sale toda la rabia inimaginable _la causa del arrebato; ellos, sólo ellos son capaces de sacarte así de tus casillas_ y no te meneas, te la comes y tratas de disimular. Cuando entregas el tiempo que no tienes, y con él, todo eso que esperabas hacer y no haces. Eres consciente de que el amor más grande es tu hijo porque sacas la paciencia que nunca tuviste y la empleas en asuntos que no imaginaste. Pues bien, estamos en los aledaños de junio. El cansancio por todo lo arremolinado se deja notar; el fardo pesa. Además has de sobrellevar una astenia primaveral insolente, aguantar el ritmo de los días planificando horas que no sabes muy bien si te saldrán como esperas. Siempre hay imprevistos con estos ¿adolescentes?, ¿niñatos?... da igual, al lado de estas personas que tanto adoras. Tiempo de estudio, de preguntas, de repaso, de... ¡ainsss, pero qué pesada eres! 

No me hago ilusiones, a saber cómo se afronta todo esto y cómo salimos de ello. Lo que no depende de uno, pues eso, depende de los otros. Y ahí no cabe voluntad propia, es la ajena la que verdaderamente cuenta. Y si el otro no, pues da igual que tú sí. Sólo sé que que a estas alturas de mi vida ya no sé nada. Bueno, no, me sé sexto de primaria de cabo a rabo. Y también que esa es la medida de lo que te quiero, Diminuta. Jamás pensé que un amor como este me dejara tan descolocada como estoy, ni en un escenario tan, tan... ¿desconocido? Vivir para ver. Anda que si me lo cuentan... ¡no!, ¡qué va!, ¿¿¿cómo me iba a tocar esto a mí!!!... Pues eso, que ya estamos en los aledaños del innombrable. Ánimo pues...

LA NIÑA QUE IBA EN HIPOPÓTAMO A LA ESCUELA.



YOKO OGAWA
Editorial Funambulista.






"Si se quisiera explicar con tan sólo unas palabras quién era Mina, se podría decir que era una niña asmática a quien le gustaban los libros y que se desplazaba a lomos de un hipopótamo. Pero si se quisiera demostrar que se trataba efectivamente de Mina y no de cualquier otra persona, sería preciso añadir que era una niña que sabía encender con gracia las cerillas…"




La niñez es sencilla, y donde hay niñez encuentras siempre pequeños motivos para mirar la vida de otro modo, también el ritmo y la importancia de las cosas, y la disposición necesaria para descubrir tesoros olvidados que resultan muy necesarios. Tokomoko descubre la vida, y a su lado la esperanza de la imaginación y el consuelo que siempre es un interlocutor; esa presencia que está ávida por enseñarte sus más preciados tesoros. 

Esta narración es el descubrimiento de los pequeños tesoros que la vida alberga, de las percepciones y colores que se descubren y que le irán dando color a la paleta con la que pintas el mundo. Tokomoko, desde su mirar pausado irá descubriendo historias, y junto a ellas, presencias que van a encontrar un rincón en su alma, un espacio interior del que ya nunca saldrán y al que regresa a modo de consuelo. La infancia no olvida nunca. 

Tokomoko observa con profundidad, es curiosa, y habita esa necesidad de comprender lo que se vive, lo que se observa. Desde su curiosidad nos presenta una historia entrañable. Estamos ante una lectura acogedora, suave, llena de ternura donde el dolor es una constante suave que no arruina del todo el alma que busca. La infancia es valiente. Es capaz de reconocer el lugar en el que ir a posarse para descansar. Quizá por ello la presencia de Pochiko es constante, junto a todas las demás historias que su presencia arranca, y que se une a el resto de historias recogidas todas ellas en una sencilla caja de cerillas. Y a través de todas esas historias, el tejido de los hilos invisibles que unirán a Tokomoco y Mina, hilos a veces imperceptibles incluso para ellas. Complicidad pura. La niñez es ávida en presencias, en historias, en reposar las cosas con su luz necesaria. Es rica en secretos, miradas e hilos invisibles.

Magnífica lectura para regresar a ese tiempo en que descubrir lo más sencillo nos elevaba a atalayas que hoy nos resultan imposibles. Todo un desaprendizaje que nos conmueve y nos coloca ante el reto de los retos;.la reconquista de un hilo perdido. El hilo perdido que tanto echa de menos nuestra madurez.

(...)

_ Es lo más valioso que tienes..._ empecé a decirle, pero me interrumpió.
_ No tengo otra cosa que regalarte._

Sentadas una al lado de la otra en la colchoneta, leímos juntas la última historia de las cajas de cerillas. Los mayores estaban sumidos en sus charlas, a nadie le extrañó que tardásemos tanto en salir del cuarto de baño de las luces, y no les importó dejarnos solas, tanto tiempo como quisiésemos.

VUELO.








Pudiera ser que nos cansamos, que lo de siempre se nos antoja aburrido, rutinario, pequeño. O quizá no, quizá las cosas llegan a su fin y ese aburrimiento es signo y síntoma de que hay que cambiar el rumbo aunque ni tan siquiera intuyas el lugar al que dirigirte. El espacio por conquistar comienza en una decisión pequeña, a veces inconsciente, en un pequeño paso dado al azar, en esa mirada curiosa que se ha metido por callejones estrechos mientras intentaba ver con nitidez. No lo sé. A veces no es fácil saber cuándo empiezan las cosas o cuándo terminan. Simplemente sucede.

Vivir es incertidumbre. Lo único real es esa certeza de principio y de fin. A su lado la reflexión, el desenlace, la realidad, el misterio y cierta angustia. Ya no cabe más acción que la de dar por terminado el capítulo en la esperanza de comenzar el siguiente. Todo inicio precisa de un final.  Hasta aquí has llegado con estas alforjas _te dices_ y ya va siendo hora de remendarlas, de rellenarlas e incluso de renovarlas por completo. Ciertas alforjas no sirven para algunos viajes ya. Quién sabe qué ocurrirá de hoy en adelante, sólo se siente la certeza de un algo que finaliza, y ni siquiera aprecias el sentido. ¿Habrá servido para algo todo este tiempo?

(...)

¿Volverá la escritura a tener sentido en lo pasado? _te preguntas_. ¿Volverá de ese modo tan inocente, alegre y sonoro? Y algo te dice que el cambio aunque necesario, se dejará arrastrar por caminos algo más sombríos y lejanos, escenarios que no te esperas y refugios que no imaginas. Una certeza sale al camino; nunca lo nuevo llegará a suplantar la infancia que pones siempre sobre las cosas. Sólo que se convertirá en puro silencio, y quien sabe... quién sabe cuándo volverá.

PRESENCIA

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La soledad, aquella más pura no tocada por el afán de independencia ni por el sentimiento de encontrarse aislado, la soledad aceptada en el abandono recibe el don de la mirada remota que la sostiene. (...) La Presencia sin la cual ninguna presencia existiría, ninguna realidad tendría rostro, y ninguna verdad  podría ser entrevista ni, por tanto, buscada
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* Dos párrafos de la filósofa MARÍA ZAMBRANO hoy me sirven para reflejar en esta ventana la Luz.


SILENCIO

Día gris, lluvioso, de una luz tenaz que intenta romper el sonido del silencio, pero que no lo logra. Es el tiempo de la no-palabra, de la mirada valiente ante el dolor. Silencio ligeramente tortuoso, de andadura angosta e incierta. Gris también arrogante, insistente, absoluto, pero sin el poder de eliminar a la terca esperanza. La Esperanza. Es un gris con cierto tamiz, se puede sentir en el color del día, porque la luz acabará por romperlo todo. Luz que romperá la incertidumbre que es todo dolor y convertirá el gris de las nubes en una perla preciosa El reflejo de la Luz es así, todo lo transforma. El gris de hoy tiene una sensibilidad que hace resurgir sentimientos de fortaleza, de sabiduría, de perfección, como si tuviéramos en nuestra mente el poder del funambulista: el Equilibrio Eterno. Hoy, la no-palabra será angustia, pero sólo hasta que regrese la Luz. Se La intuye ya cerca. Ojalá La podamos sentir así en todas las derrotas esenciales de nuestra vida; esas caídas en las que nos sentimos morir y no encontramos ni significado ni sentido. Lo cierto es que ahora mismo, en la no-palabra ya sólo se oye el ruido leve de la Esperanza que está por llegar. Hoy es VIERNES SANTO, y el gris, acabará siendo derrotado por la Luz.


 El encuentro de la Dolorosa y San Juan en presencia del Nazareno. 

REFLEXIÓN.


 
(...)

Se detuvieron entre los olivos, se quedó Él solo, y dijo a los discípulos: “Velad”. Y Él quedó bajo el Padre en el centro del círculo de su soledad. Por tres veces traspasó el círculo, por tres veces descendió; dormían a pesar de la reiteración de la demanda. Él les dio tiempo, la libertad, y aun espacio propio, les colocó en el lugar del Hombre. Y se durmieron.

Y al caer en la pesadez del sueño dejaron vacío el lugar del Hombre; tiempo, libertad, asistencia a la verdad desde la realidad que acecha. Y se quedó sin sostén la cruz que para el hombre forman la verdad y la realidad; verdad, libertad y tiempo en alto, realidad-libertad, brazos que se abren, la cruz en que la humana condición se alza y al par se extiende, asciende y se derrama. Y desertaron de su puesto de centinelas, ya que tenían que ser los vigías de ese lugar, centro divino y todavía humano, donde Él todavía en esta tierra pedía al padre su “fiat!”.

Y Él se quedó desasistido en su condición impar, sin comunicación con el Hombre, sin recibir de hombre alguno, no ya la palabra, que no pidió ni era posible que de hombre alguno recibiera, sino esa atención encendida, esa especie de respiración del ser, análoga al aliento de los animales que asistieron a su nacimiento terrestre. Solo, sin aliento de vida invocó el “fiat!” del Padre.

Y ocurrió el silencio, silencio en que no hay palabra alguna que pase, silencio que es la sombra de un entendimiento en el interior, en la condición humana, que sólo pasivamente se recibe recogiéndose en su vacío. Este divino silencio era el que, encendidos en la vigilia, habían de recibir, de recoger, de guardar los discípulos. Quedó así desertado el lugar de la condición humana y su única menera de participar. Y Él solo, quedó a solas.


(...)

 ¿Qué habría pasado si los discípulos hubiesen velado, y por la vigilia encendidos, hubieran participado a través del silencio en ese instante? ¿Qué hubiera ocurrido si la desasistencia de los discípulos no hubiera dejado vacante el lugar del Hombre?


** Texto de MARÍA ZAMBRANO. EL SUEÑO DE LOS DISCÍPULOS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS. Está recogido en su obra EL SUEÑO CREADOR. Apéndice. Editorial Turner.

VIVIR Y RESPIRAR.




Estás haciéndote mayor, y mientras te observo, te admiro. Aún quedan coletazos de tu infancia, pero es una evidencia que la niñez se está despidiendo en muchos de los destellos que suelta tu mirada, por cada uno de los poros por los que respira tu piel ya adolescente. Te siento un poco perdida, subida cual funambulista a una cuerda tensa que te las está haciendo pasar de a kilo. Primera amiga para siempre, y primera caída en picado. Te ha costado ver, observar, analizar y definir tu escenario, tu actitud, tus pasos. Parece que por fin lo vas haciendo, pero aún con cierta inseguridad. Hasta que de repente te encuentras con la realidad; una mezcla de envidia tonta que busca tu caída. Esa cobardía que a veces habita en los otros y se convierte en un golpe certero en el corazón.

Eres silenciosa, profunda, y lo mezclas todo con los coletazos de tu infancia. Así que no sé muy bien cómo estás enfrentando todo este desencuentro.

Observo tu resistencia, tu resiliencia, tu capacidad de pedir ayuda y tu paciencia. Te obligo a defenderte sola, sin saber muy bien por dónde irás a tirar. Y al final te admiro, profundamente, porque a mi me hubiera gustado ser como tú. He de reconocer que yo era más frágil, que las rupturas me atravesaban tanto que me impedían seguir durante algún tiempo. Tú no. Tú sigues adelante. Tú mantienes tu risa a flote, preservas tu alegría por las pequeñas cosas sin que los acontecimientos las ahoguen del todo. Te admiro sí.

Sólo me queda saber si al final tendrás el tesón, la clarividencia, la voluntad de no volver jamás hacia la persona que una vez nos hizo daño. No es cuestión de no perdón, es cuestión de estar y dejar estar. Es una razón más bien de olvido, de cicatrización, de saber que nuestra presencia es esperada por otras presencias que nos cuidarán mejor. Tengo en el pensamiento una certeza; buscarás el lugar que necesitas, no te quedarás a medias, y caminarás hasta encontrar tu exacto lugar.

Te quiero, mi querida Diminuta no tan diminuta ya. Me cuesta muchísimo despedirme de tu infancia, saber que aquí está su final. Pero los finales son siempre el principio de otra cosa. Y hay, si Dios quiere, mucho por vivir y respirar...

SIN PALABRAS.

 Escultura del artista eslovaco Martin Hudáček en homenaje a los no nacidos.


Impactante. Dolor y perdón. Es imposible no sentir ante la imagen un estallido en el alma que se torna dolor, vacío, soledad y las más absoluta presencia de no-consuelo. Esa escultura es un sueño, porque la realidad es de una soledad absoluta. Imposible el consuelo. Llanto y angustia frente a generosidad y perdón. Aborto vs. maternidad. _¡Ay, si pudieras venir con tu manita a rozar mi pelo!_.

Recuerdo entonces las manitas de mi hija rozando el mío, diciéndome con su vocecilla alegre en un día de tremendo cansancio y total rendición _ ¡Ánimo chica, ya verás como si vamos al tobogán del tubo te animas!_ .Para ella aquel lugar debía de ser el ideal, por eso me lo ofrecía como la solución a toda la tristeza que supongo tenía mi semblante por mucho que intentara disimular. Nos preparamos, cogí su manita en la mía, y hacia el tobogán del tubo nos encaminamos, me senté en un banco y me dejé llevar por la estampa que los niños representaban; con sus subidas, bajadas, caídas, risas, llantos y nuevos intentos. Me dejaba llevar por la presencia de mi hija, sus intentos, sus tropezones, su tesón. Y al volver, comprobé que era verdad. Que si vas de su mano al tobogán del tubo ya no hay problema, angustia o necesidad que puedan con tu alma ni rindan del todo tu semblante.

Y pensé entonces en la ausencia de todo consuelo. En 2010 se produjeron 113.031 abortos en España. Pensé en la atronadora soledad de cada madre, en su no posibilidad de ir con una manita en la mano al tobogán del tubo, en su soledad, fueran conscientes de ella o no. Pero el mayor dolor estaba  en las manitas que no irían jamás al tobogán del tubo, esas manos que siguen prestas a rozar el pelo de su mami para ser consuelo, las puedan sentir o no.

Es tremendo no comprender, porque esta ignorancia llamada aborto, también posible por el insondable miedo o el más puro egoísmo, lejos de ayudarnos, nos lleva a caminos todavía más angostos y tortuosos, nos oscurece el alma, nos achica el corazón, y nos convierte en parte de una sociedad mezquina. Lo pagaremos, porque siempre habremos de asumir las consecuencias de lo que somos, esa sociedad mezquina y demente, de la que soy parte y soy acción, que construyo con mis omisiones, aunque la sombra de una manita que no nos llegó a tocar jamás siga intentando ser consuelo.

VIAJES.









Regresas al escenario de entonces; ya tienes tus billetes preparados, la mirada inquieta y la maleta llena. Será el reencuentro; ayer y hoy. Y a tu lado, los ojos que le dan sentido a todo. A todo lo que quedó perdido, a lo que no pudo ya reconstruirse, a las sorpresas que recibiste, y a todo el esfuerzo que llevas pegado en tu alma. Una vez más, todo cobrará sentido. Significado. Verdad. Aunque muchas veces esa Verdad no llegue a comprenderse del todo. Tus sentimientos están desbocados, prestos no se sabe bien si a reir o a llorar. Vives. Has sobrevivido. Y si Dios quiere, llegarás. Llegarás a donde te propones llegar; aunque no hubieras imaginado jamás ni la forma ni el modo en que ibas a caminar. Sorprendida aún, no dudas de ese quien que hoy eres, porque necesariamente eso que eres lo habías de ser tú; también en ese mismo escenario, con esa exacta luz. Porque eres esa presencia que camina al lado de unos ojos fascinantes, libres, valientes y llenos de esperanza; por nada, por nada cambiarías ese brillo, esa tenacidaz, esa intemperancia conmovedora que es hoy tu hija. Esa que de la mano, camina contigo a tu pasado, te empuja al futuro, y te dice que el presente es ya. Quizá sí, quizá hay cosas que siendo pasadas... aún se puedan tocar. En presente. Caminamos siempre hacia un todo; donde pasado presente y futuro se funden en un yo.

SÁBADO


 "Quién podría calcular el daño que inflingen al amor y la amistad y a todas las esperanzas de felicidad un exceso o una disminución de uno u otro neurontransmisor? ¿Y quién descubrirá alguna vez una moralidad, una ética entre los enzimas y los aminoácidos cuando la tendencia general consiste en mirar a otro lado?" Ian McEwan.






Describir la vida. Un sábado bien puede ser el punto de partida para la narración; el punto de inicio para convertir la historia de nuestros actos en palabras. ¿Qué puede caber en un sábado? _te preguntas_. Todo y nada. Porque la narración de toda una vida puede ser justamente eso; uno todo o la nada más cegadora.

El libro narra a partir de los albores de un sábado la vida de Henry Perowne, un neurocirujano de prestigio que a la vuelta de un sábado, ha visto pasar su vida. Los hechos extraordinarios son así; le dan la vuelta a nuestra vida, la desgajan, la desmienten y la colocan tal cual.

No sé por qué extraña asociación _ni tan siquiera la intuyo_, al terminar este libro he tenido la misma sensación de vacío, la angustia que me quedó tras la lectura de El extranjero de Albert Camus. La trama en nada se asemeja, ni el ritmo ni el escenario de la vida. Las circunstancias son otras, el contexto, las motivaciones y la historia en nada se asemejan. Pero sí la sensación de agujero negro, de abismo insondable al final de su lectura. De vacío y angustia. 

Sábado  es una historia que no ha de pasarse por encima. La historia de este sábado refleja una vida normal, esa que bien pudiera pertenecernos a nosotros; una vida cómoda, llena de rutinas agradecidas, de personas que nos quieren, de trabajo, de alegrías y también de penas. La vida de Henry Perowne está llena de cosas buenas, pero todos tenemos un sábado en el que la propia vida, se nos presenta como narración. El devenir del tiempo; los fracasos y los triunfos que encontramos, el esfuerzo que hicimos, las sorpresas que nos encontramos, el pasado que somos, el presente que vivimos y el futuro que... Significado. Te preguntas dónde está el significado de todo eso que es tuyo, así se debe sentir Henry Perowne, mientras la sombra de Lily se amarra firme al alma. Es un dolor que sabes de dónde viene, pero que no quieres realmente instalar en tu escenario. Porque mañana, Henry, mañana Lily serás tú. O quizá es que Lily, Lily ya eres tú. Todo esto quisiera poder decirle a Henry si pudiera, si yo tuviera presencia a sus ojos. ¿A dónde irán a parar todos esos sentimientos que hoy te protegen? ¿Podrás todavía sentir la estela de su presencia, o te olvidarán como tu has olvidado? Entonces quizá llegues a saber que en toda esta historia, en tu historia, faltaba un poco de corazón, de generosidad, de alma. Tu mirada me entristece, Henry, porque aún no sabes que vacío y ausencia de alma son las dos caras de una misma moneda; la pobreza de espíritu. Claro que vivir con alma tiene su riesgo, sus pérdidas, su soledad sonora. Nada es fácil cuando se pone en juego el significado de nuestra vida. Nada.

No, realmente no hay que pasar por encima de esta novela. Habría que desgranarla, que observarla un poco más. A pesar de la angustia. Y enfrentarla a su otro contrario; a esa codependencia de quien vive la vida con demasiado sentimiento. Y uno se pregunta de la dificultad extrema que es llegar a vivir en equilibrio, en el equilibrio sereno entre el vacío y el alma en vilo, un equilibrio y significado que jamás podrán depender de una enzima: porque estaremos tristes, eufóricos y en la sinrazón, pero la mirada, la mirada aún así, siempre se eleva. Siempre.

ETERNIDAD.








 "Escribir es prolongar el tiempo, dividirlo en partículas de segundos, dando a cada una de ellas una vida insustituible." Clarice Lispector.




Toca entonces recogerse en el silencio. Me pregunto qué es cercano, qué es lejano. A dónde van a parar los sentimientos, las palabras, los trozos de verdad que no tuvieron lugar. El silencio a veces es demasiado evocador, pero claro, cuando sucede no sabes. Como tampoco sabes que esa será la última conversación, y luego cuando la recuerdas, crees que ahi había algo. Algo esencial que no fuiste capaz de ver, aunque eso sí, te quedaste con los ojos. No puedes olvidar los ojos. Ni el gesto. Pero no tienes ni idea,  no sabíass que el tiempo podía caer así, tan de golpe. Que podía no existir ya más el tiempo. Claro, necesariamente ha de ser así, de lo contrario, sería imposible vivir. Pero la imagen vuelve una y otra vez a tu recuerdo. Te quedas entonces en ese silencio, y en la oración. Esa oración, la que es Verdad, la que necesitas dejar alta y clara para no caer del todo. Porque te caes, eso lo sabes bien aunque no se note, te caes cuando un golpe certero se lleva los ojos de los amigos que habitaron tu infancia y te haces consciente de que la vida a partir de hoy, será ya diferente, que ya nadie recordará... Yo sí, lo recuerdo. Aún hoy me acuerdo. No puedo imaginar tus ojos cerrados y es en ese instante en que me dicen que tu ojos rozan la eternidad, cuando los míos no saben muy bien en donde posarse, y el corazón late incrédulo. Tendría que haber sido sólo una confusión, pero no, era verdad. Hoy mi palabra te recuerda. Descansa en Paz.


La niña que iba correteando detrás de una pelota, observa a su amiguito hacer un agujero en la tierra. Se para a su lado y le pregunta.
_ ¿Por qué haces un agujero en la tierra tan grande?
_ Porque estoy haciendo una trampa gigantesca para que se caigan las niñas_ Le contesta, mientras con sus manitas no deja de sacar tierra de un agujero.
_ ¿Y a dónde iremos por ese agujero?
_ No lo sé, se caerán en ella todas las niñas, pero tú no te caerás.
_ Ah...
Y la niña vuelve a sus carreras detrás de la pelota sin preguntarse nada y con ganas de jugar, se sube al tiovivo.

**Conversación entre un niño y una niña de 4 años.

ACCESO NO AUTORIZADO.







"El abogado pensó que saberlo no importaba, la mayoría sabía que cualquier medida realmente nueva que imaginara un presidente sería cercenada por bancos, medios, directivas europeas, grandes empresas. La pregunta que solía hacer la gente era por qué aun conociendo el mal no reaccionamos. Pero algunos sí reaccionan, algunos se rebelan. La pregunta no es siquiera por qué tan pocos, sino más bien qué han visto esos pocos o qué les mueve." Belen Gopegui.




Leer a Belén Gopegui siempre es acceder a algo inesperado. Siempre me encuentro que hay más en sus libros de lo que esperaba encontrar, y eso que  siempre espero mucho de esta autora. Y siempre, siempre me encuentro más. Encontrar el verdadero acierto en sus personajes, en los espacios que habitan, en la trama que conjugan, es siempre un reto. Llevaba leído más de la mitad, y ya no pude dejar de leer. Me dieron las tres de la madrugada. Los personajes aún no han dejado de vagar por mi pensamiento. Su vulnerabilidad y su valentía, aún están en mi cabeza. Lo cierto es que no pude evitar llorar, llorar con una avidez que no iba a encontrar consuelo. Aún no lo hay, para esta historia no, esto es también cierto.

Es lo que tienen algunos personajes, que se te meten muy adentro, que los llevas contigo y de vez en cuando los interrogas mientras vas dando pasos en tu escenario. Sí, claro, por eso a veces estoy así, como en la luna... Hablas con ellos, y les cuestionas su historia, el por qué de sus sentimientos, el cómo de sus acciones, y el fin de su trayecto por la historia. También lloras su dolor, su soledad. Yo aún converso con Eduardo, el abogado... No he conseguido desprenderme de su carisma, la verdad, tampoco de su dolor. Y me confieso totalmente vulnerable ante su valentía. Eres mucho, esa es la verdad, Eduardo, pero eso tú ya lo sabes porque te lo he dicho ya muchas veces... _Sí, la lectura nos quita un poco de cordura, lo sé_.

Los escenarios de la soledad son infinitos, y también su presencia. La historia de Gopegui es la narración y el encuentro de diferentes soledades. Quizá sea la soledad la que consigue esa confianza tan plena que se da entre los personajes, personajes que sin conocerse, confían plenamente entre sí. Cada uno habita su soledad, su vulnerabilidad, su silencio. La soledad del desarraigo; esa necesidad de quedarse sólo para no preocupar a los demás. Soledad que es miedo sin consuelo. También, la soledad silenciosa del que ama, del que está dispuesto a dar sin poner un balance a sus sentimientos, sin esperar nada, porque de lo contrario, desaparecería el pulso de lo único que tiene verdadero sentido; el otro. También, la soledad de la víctima que no sabe desasirse de su verdugo, que es impotente ante quien está dispuesto a convertir sus días en angustia. Y envolviendo todo, la soledad más absoluta, esa tan magna que siempre acompaña a quien tiene poder. 

Todas esas soledades van a encontrar un punto de encuentro, y ese punto de encuentro, será lo que haga moverse a los personajes, que avance la historia. Una historia que habla de inconformismo, de la confianza que surge entre unos desconocidos, de las soledad del poder, de la traición, y por encima de todo, del factor humano. La clave de toda historia está siempre en los personajes que la tejen, en su disponibilidad a dejar su vulnerabilidad en las manos del otro. Una historia que entre la realidad política y los escenarios de la informática, habla de lo cómodos que somos, y del miedo exhacerbado que tenemos a sentirnos vulnerables. Es lo que tiene la vida cómoda, que nos silencia comos sujetos para convertirnos en simples espectadores. Pero siempre hay historias que nos hacen despertar. Esta, sin duda, es una de ellas.

BITÁCORAS.

 

Somos únicos en el ejercicio de la comunicación. Personales e intransferibles. Nadie se parece a nosotros cuando usamos la palabra, cuando con ella dejamos un cabo suelto a la espera de que sea recogido. También somos únicos, totalemente originales, cuando en vez de emisores, somos los receptores de la palabra. Sujetos que encontramos un cabo del que nos es inevitable no tirar. Este mundo de bitácoras es el mundo de los cabos en espera. De la palabra esperanzada en su acogida. Cuando decides ser receptor, acercarte al otro y dejar en su ventana un comentrario,  independientemente de la controversia, aceptación o crítica que lances, ahí puedes notar el grado de libertad, de acogimiento, que tiene tu presencia como receptor y analista de contenidos; como otro. Comienza entonces el escenario de la sorpresa. Y al igual que en botica, te encuentras de todo.

Existen personas totalmente abiertas; al lado de su palabra, la tuya se encuentra agusto. Se da cierto estar en la palabra, en el contenido que dejan, sientes una temperatura que reconoces cercana a la tuya, cómoda, cercana, ávida por ser diseccionada. Dejas un comentario _ puede ser perfectamente un comentario crítico_ y tus palabras se sienten el centro, serán aceptadas o no, pero en la respuesta notas que por un minuto, fueron el centro de la mirada que habita el respeto. Una mirada atenta, educada, asertiva. Que no tiene  impedimento para dar totalmente la vuelta a tus argumentos, y que transformará desde la sinceridad tu palabra. En esos espacios se siente la libertad, la necesidad de comunicar plena, sin cortes ni recortes, con debate y respeto. Ahí la palabra, es ávida por ir a colocarse. 

Es entonces cuando comienza la dependencia, sí, sí, el enganche a los blogs. Eso que a los ojos de nuestra familia nos convierte en un poco raritos... Sientes esa prisa por la respuesta, por la certeza o la no certeza de lo que contienen tus palabras ante la mirada del otro. Buscas necesariamente la certeza del otro, la diferencia de la suya con la tuya. Sabes que el otro, ahí, en su ventana, tendrá muchas cosas que decir, que enseñarte, que sopesar ante tu palabra quizá equivocada, ignorante, limitada. La vida de los otros es algo que puede enriquecer la nuestra de una manera insospechada. Qué estupendo sería entonces tener de frente al interlocutor, poder romper la muralla de estas ventanas virtuales, y hacer posible con la presencia de los ojos, de la voz, el debate de la palabra. El pensamiento en las ideas, en los sentimienos, en la experiencia; las tuyas y las del otro, Frente a frente.  Poder centrarnos así en el mundo, en el día a día, en las horas y sus segundos y quizá, quizá... sacarle un poco de humanidad a ese mundo. Quizá toda realidad empiece en la palabra del otro, porque solos, solos está visto que no somos nada. La palabra como modo de estar en el mundo. Un mundo que a veces parece ir a la deriva, que ha demostrado muchas veces el error y el horror. ¡Ay, si fuera siempre posible el diálogo!

Qué difícil es el diálogo, la puesta en escena ante el otro de todo aquello que nos preocupa, que nos hace llorar, lo que nos hace felices también. Qué difícil nos resulta estar al lado del otro cuando su palabra es ruín, soberbia, inequívoca, solitaria y maleducada. Porque de esto también hay, en el mundo de las bitácoras. Que regusto agrio dejan las palabras cortantes, esas que no tienen argumentos, sólo imposición. Esas que por su inseguridad, por su no sentimento _contenido pueden tener, y mucho_  no están necesitadas de mezclarse con el otro, de descubrir al otro, de acercarse a él tan siquiera. Son como cabos que quedan a la espera de ser recogidos, sí,  pero no para encadenarse a la palabra del otro, para descubrir el lado que desconocen, sino simplemente, para anularlo, dejarlo ahogado con su palabra muda, desconcertado y desconectado, sin saber muy bien qué párrafo ha podido ofender o causar semejante acritud. A veces sucede... entonces procuras recoger tu palabra sin hacer mucho ruido, sin la necesidad de hacer ninguna pregunta, y educadamente te vas.

Cuánta necedad en la palabra, te dices. Y piensas que  lo necio siempre, siempre es soberbia, orgullo y prejuicio. También tiene lo suyo de soledad, demasiada soledad... piensas, y te quedas un poco así, entre triste y perplejo. También un poco dolido, porque tu palabra no se ha sabido entender. Sentimiento que tan sólo dura unos minutos. Así es la palabra; ávida por ir al encuentro de quienes la saben acoger _ la entiendan o no_ nerviosa por encontrar la casa de ese otro que espera, de esa persona que la deja espacio. Es así como la palabra siempre se queda a la espera de ser además de leída, transformada.

** Dedicado a las bitácoras en las que mi palabra se sintió como en casa. Ellos saben de sobra quiénes son. Respecto a los otros, si lo saben o no, la verdad es que bien poco me importa.