Te fuiste. No sentí tus pasos, no noté que se alejaban. Sólo hoy he sido consciente de que no estás. A veces no damos importancia a las miradas que son calladas, a su silencio, a toda esa forma de estar en el mundo que las hace invisibles. No se la damos porque desconocemos la fuerza con la que sujetan nuestro mundo. Un día, ante el giro de los acontecimientos de tu vida, tiendes la mano y el vacío te enseña que ya no están. Entonces, vas repasando los numerosos recuerdos que han dejado en tu vida, te paras en esas pequeñas esquinas del tiempo en que coincidistéis al azar. Son más cosas de las que imaginabas; una melodía, una palabra, una forma de mirar, aquella película o esta canción. Y piensas que mientras te acompañaba, había una nota especial en la música de tu vida. Ahora, aunque echas de menos su silenciosa presencia, te dices que tuviste suerte.
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DEL SILENCIO
Te fuiste. No sentí tus pasos, no noté que se alejaban. Sólo hoy he sido consciente de que no estás. A veces no damos importancia a las miradas que son calladas, a su silencio, a toda esa forma de estar en el mundo que las hace invisibles. No se la damos porque desconocemos la fuerza con la que sujetan nuestro mundo. Un día, ante el giro de los acontecimientos de tu vida, tiendes la mano y el vacío te enseña que ya no están. Entonces, vas repasando los numerosos recuerdos que han dejado en tu vida, te paras en esas pequeñas esquinas del tiempo en que coincidistéis al azar. Son más cosas de las que imaginabas; una melodía, una palabra, una forma de mirar, aquella película o esta canción. Y piensas que mientras te acompañaba, había una nota especial en la música de tu vida. Ahora, aunque echas de menos su silenciosa presencia, te dices que tuviste suerte.
AZULES Y GRISES
... Y allí, al lado del horizonte, se quedó el hueco de tu no presencia. Sin conocerte, te eché de menos. Y me pregunté adónde habrían ido tus emociones a esconderse. Y hubiera querido saber el exacto significado de tus colores, de todo eso que es verdad y se esconde. Hoy el día es azul, y en el alma late el sabor amargo que siempre nos deja la ilusión que se ha roto. Vuelvo a mi regreso, retrocedo, y piso de nuevo las huellas que ya conozco. Observo este día, y me gusta el color de su soledad. Me reconozco en los pasos que no he dado y los guardo con cariño. La posibilidad era un infinito lleno de equilibrio. Ahora que no está, la dejo allí, en el horizonte, donde habita tu no presencia. Y me dejo llevar por esta calma triste. Vuelvo al lugar de mi sueños, al escenario, donde siempre, ocurra lo que ocurra, soy feliz. El azul de este día me reconforta, y me dejo mecer por su presencia. No necesito mucho más. Así es siempre el consuelo; habita en lo pequeño.
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