en plenitud de sus fuerzas
tranquila
que no caiga en la histeria
que no tenga fiebre
ni una depresión
digna de confianzahallar la palabra pura
que no haya calumniado
que no haya denunciado
que no tomó parte en ninguna persecución
que nunca dijo que el blanco era negro
se puede tener esperanzahallar palabras alas
que permitiesen
un milímetro siquiera
elevarse por encima de todo esto. (Bloc de notas de Kapuscinski)
No es fácil hacer una entrada que pueda hablar de la obra de Riszard Kapuscinsky sin tener la sensación de que hay algo esencial que se nos va a quedar en el tintero. La lectura de sus textos, de cualquiera de ellos, sin duda es toda una lección de humanidad, de profesionalidad y de narración. Es una de las personas que más admiro, que leo y releo porque a la vuelta de la esquina sus palabras siempre me van a regalar algo importante. Importante y necesario. Una realidad que no he de olvidar si no quiero perder la sensatez. Su narración del mundo me fascina. Hoy me quiero entretener un poco en la reseña de dos de sus obras, compartirla con vosotros; ellas han ocupado parte del escaso tiempo que me queda libre. Y lo han ocupado de una manera visceral; era imposible no sentirse enganchado a sus palabras.
El mundo de hoy es un conjunto de textos que nos definen el mundo que nos ha sido dado, que lo analiza y lo desentraña, y desde su palabra, intenta conseguir al menos, una mirada de justicia. El libro en sí mismo es un collage, un corta y pega de los textos de este periodista. En ellos habita la infancia del autor, también los entresijos de la labor periodística a la que se entregó, y por encima de todo, la estampa de este mundo que habitamos; preguntas y respuestas sobre el por qué, el cómo y el para qué de todo este sinsentido que es el dolor en el mundo. Nosotros habitamos ese mundo. El lo narra, sin más, y en cierto modo, su narración es una razón de justicia; pide respuestas. Las exige. Y nosotros, que las pedimos también al hilo de esa lecuta que no nos deja nunca indiferentes, a la vez también nos sentimos parte de esa respuesta. En su palabra, una verdad que quema, íntegra, que nos atañe a todos; la narración de un mundo que aunque cómodo para algunos, es un verdadero infierno para la mayoría. El mundo está cubierto de dolor. En la mirada de Kapuscinski, el ser humano tiene siempre un primer plano; cada persona doliente que él describe, cada guerra que relata, es una pregunta directa a la conciencia de quienes viviendo bien, deberíamos no mirar hacia otro lado, deberíamos cuanto menos, saber sobre este mundo que habitamos. Porque el mundo de hoy es el nuestro, y contiene un dolor que en la sociedad de la información que nos rodea, no puede ser silencio, y que siempre se ha de sentir, como un dolor consciente de su realidad. Hoy los que sufren, saben que la vida en otros lugares no es así.
Nuestro pequeño espacio, este mundo de la tecnología, de la medicina, de la comunicación, no ha podido paliar aquello que más clama por ser resuelto; la injusticia. La realidad de una humanidad doliente que a día de hoy, no puede ser silenciada. Siglo XXI. La vida. Nuestro mundo. Tú y yo. Y millones de seres que viven en la más absoluta de la pobreza y miseria. Sin dignidad. Ese es el hoy que magistralmente nos regala este periodista de ojos inteligentes. Un mundo que una vez leído, sin duda, no nos puede dejar indiferentes.
Nuestro pequeño espacio, este mundo de la tecnología, de la medicina, de la comunicación, no ha podido paliar aquello que más clama por ser resuelto; la injusticia. La realidad de una humanidad doliente que a día de hoy, no puede ser silenciada. Siglo XXI. La vida. Nuestro mundo. Tú y yo. Y millones de seres que viven en la más absoluta de la pobreza y miseria. Sin dignidad. Ese es el hoy que magistralmente nos regala este periodista de ojos inteligentes. Un mundo que una vez leído, sin duda, no nos puede dejar indiferentes.

"En todo lo que hago intento hablar con mi propia voz,
una voz personal, amortiguada.
No sé gritar."
Ryszard Kapuscinski
¡Qué pequeña me siento al lado de este gran hombre!. Palabras acertadas en su forma y fondo. Gracias, Besos
ResponderEliminar...las suyas y las tuyas!
ResponderEliminarEl periodosmo como una razón de justicia. Me ha gustado mucho cómo nos acercas a este autor...¡periodista!
ResponderEliminarGracias, Ana. Un beso
Con estas reseñas se me hacen vacías las lecturas que frecuento. He de reconocer que no he leído nada de este autor y que, aunque me sonaba, no lo conozco en realidad.
ResponderEliminarGracias por esta puerta abierta. Escritores como éste hacen pequeños a juntaletras como yo. Besos miles, Ana.
"Importante y necesario". Bien, eso lo convierte en imprescindible. Tomo nota.
ResponderEliminar¡Gracias!
Marta, es una gran lección de vida su mirada. Cómo reconstruye los hechos de este mundo, el nuestro. Me gusta mucho, y no será la última vez que hable de él... hoy no pude caer en la tentación de comprar dos de sus libros... los tengo casi todos ya... jajajaja.
ResponderEliminarSunsi, siempre, el periodismo como la voz de los que no tienen sonido. El fotoperiodismo también está lleno de muestras de gran interés e humanidad. Sin duda, son mundos apasionantes a los que me resulta invitable ignorar. Un beso.
Lola, cada palabra tiene un contenido veraz. Y los contenidos son muy variados. Aún no he metido las naricillas en ese modo tuyo de juntar las palabras... pero lo haré. Y te vas a enterar... jajajaja. Un abrazo enorme. Y sí, entiendo que todos nos sintamos un poco pequeños al lado de la humanidad de Kapuscinski.
Pesoleta... alguno de los libros de Kapuscinski lo has tenido que ver tú ya entonces... rondando por casa... jajajajajaja, Pero claro, tú estabas a las dietas, en la cocina, haciendo esos riquísimos tubos rellenos de crema... porque no, no, no, tú no eras de esas de verduritas y todo cocicico y sin grasicas... jajajajaja. Besosososos!
Se lo recomiendo a un amigo periodista. Seguro que le interesa, sobre todo el que versa sobre su vocación.
ResponderEliminarGracias ;)
Un abrazo
Montse, le gustará. Un beso.
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