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MISTERIO.



Que la Luz se haga presente en cada uno de los pasos de vuestros días, 
 no importa si La podéis sentir o no; ES.
Que en nuestro camino dejemos la huella de la solidaridad, el esfuerzo, la ilusión, la alegría 
y el interés por cada persona que nos encontremos. 

Que sepamos ir rectamente hacia el corazón de las personas. 

¡¡¡FELIZ NAVIDAD...
 ...Y PRÓSPERO AÑO 2014!!!

LA PALABRA QUE SE GUARDA.



Y observarás que en aquellos seres humanos que guardan Su palabra, esa Palabra no se ve. Pasa inadvertida. Pero ha llegado a asirles como una lámpara que por sí sola se enciende o que está siempre encendida, sin combustión. Sólo en la oscuridad total puede ser sentida. Esa, la Palabra que se guarda. Una Palabra que a todo suceso transciende. 

 NAVIDAD. 
«Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por Él. » (Jn 3, 16-17).






 _Os deseo a unos felices días rodeados de las personas que más queréis. Y que la Luz de Esa Palabra envuelva vuestros días, la podáis sentir o no_.

... ya llegan, ya!!!

Fuente: @twitter.

Alegres y cansados, quizá, pero con ganas de ofrecerle al Niño su carga; la material y la inmaterial. De vuelta, quizá a tu casa llegarán. Deja los zapatos limpios, debajo del árbol, y si puedes unas viandas. Cuando era niña, un año les dejamos una corra de chorizos con la hogaza de pan. Ah, y una botella de vino, para la vuelta al camino, que sólo el caminante sabe lo que es el caminar, por mucho camello que se traigan.. Y se pusieron tibios, vamos... las migas quedaron. Era genial. Qué nervios ¿verdad? Los niños desde que se levantan el día cinco ya están, a vueltas con la verdad de si se han portado bien, o se habrán portado mal. Qué intranquilidad a la hora de acostarse, mira que si no dormimos, mira que si nos encuentran despiertos... mientras están dejando las cosas. Cómo me hubiera gustado a mí verlos conversar, con la botella de vino, y el chorizo en el paladar. Ya llegan, ya!!! ¿Te has portado bien de verdad? Mira que son magos, y todo, todo, lo sabrán.

NAVIDAD.

Era un día de niebla suave. Te acercaste lentamente hacia el Misterio, hacia ese Belén tan hermoso que adorna la plaza de tu querido pueblo; con sus animalillos vivos colocados en pequeños establos para que no tengan frío, el puente, el ruido del agua, allí, en plena Plaza Mayor. Escenario de Silencio. Y de repente viste los ojos de María. No te pudiste desenganchar de ellos ya.

Allí, en aquel pobre establo, representada la Luz del Mundo, María miraba con sus ojos de profundidad incontable a Su Hijo, lo sostenía en sus brazos acunándolo con suavidad, y de sus labios además de una sonrisa que parecía sostener la esencia de lo eterno, salía un sonido de silencio, una nana jamás antes entonada, apenas susurrada.

Ella sólo se sentía madre. La Luz del mundo ante sus ojos, pero ella sólo se sabía madre. En los ojos de María quizá esté el secreto, esa forma de posar la mirada para ir rectamente hacia el corazón de las cosas. Ella no se engrandeció, no se sintió la Reina de los Cielos. Allí, en aquel pesebre, su corazón latía de amor de madre silenciosa. Su pobreza no era tal, ella sabía que lo tenía todo. Y sacó un mantillo de algodón para envolver bien al Niño, y unos borreguitos muy mullidos. Removió también la paja del cajón que servía de cuna. Nada le faltaba a ese Niño que nació tan pobre, allí, a su lado, estaba Su Madre. Y Ella, la más grande, sólo se supo entender como una madre más. Si pudiéramos tener la mirada de María, si pudiéramos sostener nuestros ojos como ella sostuvo los suyos, seríamos entonces capaces de sujetar firmemente la vida de nuestros hijos. En Su mirada se sostenía todo el Amor y la Libertad del mundo. Ojalá puedan nuestros ojos ser contagiados con semejante semblante: poder habitar el amor y la libertad en nuestra mirada. Poder mirar a nuestros hijos así, desde la libertad de la que son dueños, desde el amor que tan hondo nos nace. Suceda lo que suceda.


Seguía la niebla. Hasta te parecía oír el tambor de un pastorcillo, de ese chiquillo saltarín que con su viejo tambor, hizo sonreír al Niño. Pero en lo que más te quedabas, en lo que pensabas ante la escena de aquel pesebre, era en María, en cómo sería Su mirada en ese primer momento en que acogió a Su Hijo, en ese momento en que tendió sus brazos hacia el Niño y le miró a los ojos, en el primer encuentro entre esas DOS MIRADAS: ¿Cómo serían cuando se posaron por primera vez? ...

... ¿Cómo sería la profundidad en los ojos de María cuando se encontró por primera vez con los de ese Niño que un día le anunciara un ángel?


(...)

Y entrando, le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin”.



*Esta entrada fue ya publicada el año anterior, la vuelvo a repetir.
No quiero que este día especial, en el que he estado muy atareada,
pueda pasar desapercibido en mi blog. :)