LA LÍNEA DISCONTINUA DEL TIEMPO.
LA NIÑA QUE IBA EN HIPOPÓTAMO A LA ESCUELA.
YOKO OGAWA
Editorial Funambulista.
(...)
PLASTICIDAD.
INJUSTICIAS.
Sus pequeños ojos sostuvieron el mundo. Irena Sendler arriesgó su tiempo y decidió entregárselo a los más débiles, a los anulados, a los olvidados, a los desterrados. A todas esas personas que se vieron espoliadas, a las que se les arrebató incluso la dignidad. Su labor es una muestra más de que un grano de arena, puede construir el mundo. Su vida valiente no ha tenido el reconocimiento merecido, por eso quiero que mi ventana, en un pequeño gesto, se lo conceda.
COMETAS EN EL CIELO
La infancia y los ojos de Hassam tienen demasiada fuerza, tanta, que nos aplastan; son la medida de nuestro egoísmo. No se me quitan sus ojos del recuerdo; su carita dulce, su confianza, su nobleza. La fortaleza de su espíritu es tan libre y colorida, como cualquiera de esas cometas. Firme. Incombustible. La fe absoluta en el amigo. El padre de Amir es firme; inescrutable, imperturbable e inutitivo. Tiene un gran amor por su hijo. Su mirada lo mide tal cual es. Y lo ama por encima de su propia dureza, de su posible decepción. El padre de Amir es una muralla infranqueable, una incógnita, un proyecto, la seguridad y la valentía. Amir, inseguro, débil, desconfiado, y cobarde, no alcanza a saltar hacia esa muralla que es su padre; lleno de miedos insondables, camina silencioso observando estático a su padre. Imperceptible ante su inseguridad, sus ojos los absorben todo.
Y por encima de los personajes, las cometas. Y esa lección por aprender que lleva toda una vida, hasta comprender por fin el grito alegre y firme que es siempre la amistad.
Os la recomiendo, ha sido la película del sábado.
PALABRAS AL VIENTO
En la infancia permanece la esencia del equilibrio. Cuando a veces pienso en el lugar de mi infancia, en las voces que habitaron su sonido, en los colores que la iluminaron, entonces, y sólo entonces, soy consciente de que ya lo he recibido todo. Aquel mundo lejano sigue permaneciendo con su resonancia, con sus risas y también con su dolor de infancia, un dolor que siempre habita en la estancia del consuelo. Infancia de consuelo. Consciente de esto, sé que en mis manos, aún sigue viviendo aquel paraíso habitado. El olor de aquel tiempo aún se puede encontrar; en la risa de un niño, en la sombra de una nube, en el sonido de aquellos gigantes y cabezudos de mi infancia que de vez en cuando se pasean por mis sueños... Y en la llanura de aquel pueblo.
Aquel lugar de infancia al que mañana regreso...
_ Llanuras verdes. Ver subir y bajar el horizonte con el viento que mueve las espigas, el rizar de la tarde con una lluvia de triples rizos. El color de la tierra, el olor de la alfalfa y el pan. Un pueblo que huele a miel derramada.
Allí hallarás mi querencia. El lugar que yo quise. Donde los sueños me enflaquecieron. Mi pueblo, levantado sobre la llanura. Lleno de árboles y de hojas, como una alcancía donde hemos guardado nuestros recuerdos. Sentirás que allí uno quisiera vivir para la eternidad.
Allí, donde el aire cambia el color de las cosas; donde se ventila la vida como si fuera un murmullo; como si fuera un puro murmullo de la vida._
Pedro Páramo. Juan Rulfo.
INFANCIA INFINITA
Fuente: El País.
En la infancia habita todo lo que somos.
El mundo que vieron nuestros ojos de niño, los sentimientos que entonces afloraron, las miradas que enfrentamos... eso, eso siempre permanece. El sonido está ahí... en lo más hondo de nuestro cerebro. Luego nos convertimos en adultos. Y de fondo seguiremos oyendo aquella risa... o no.
La risa africana es la risa de infancia por excelencia.
Ojalá habitase en el mundo de cada niño...
... ojalá.
(Dedicado a Mieria y a Blanca... por sostener sonrisas africanas)
Amanecer.
El sol cacareó,
despertando a todas las hierbas,
el búho se puso el gorro de dormir,
las ciruelas se llenaron de azúcar
como las tazas de los niños
y la madeja de lana balaba
porque quería ser toquilla...
... quería ser toquilla.
Gloria Fuertes

