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VIVIR

Caminando... cuántos libros, canciones, viajes, emociones y personas en ese camino. He viajado lejos con la mirada del recuerdo, desde allá lejos me doy cuenta de que el futuro ya está aquí. He perdido muchas cosas valiosas de las que encontré en el camino, pero... ¿me sé despedir? ¿Soy capaz de decir adiós con la sonrisa en mi rostro y el alma llena de agradecimiento? No. No sé. No sabré. No quiero más despedidas...pero llegarán. Lo harán como hace siempre la aparición de la mañana o la despedida de la tarde; vestidas de misterio.

He encontrado y perdido, me he reencontrado y vuelto a perder. Pero no sé despedirme. No sé hacerlo sin dolor a pesar del infinito agradecimiento por la presencia de todo aquello que iluminó mi vida (personas, emociones, experiencia, miradas...). A pesar de la esperanza en que las cosas van y vienen, en que las personas que no están dejan siempre lugar a otras muy necesarias. Sin embargo algunas de esas personas son y serán insustituibles. También algunos espacios, estancias, colores, y momentos, Despedirse es siempre un dolor que se convertirá en añoranza, en recuerdo, en deseo imposible. Nada vuelve... ¿o sí? Ahhhh... la esperanza. Esa indomable jovencita que no está dispuesta a callarse jamás.





ALEGRÍA.






La experiencia no puede ser comunicada sin lazos de silencio, de ocultamiento, de distancia. 
Georges Bataille






Gracias a mi profesión he tenido la suerte de estar al lado de muchas personas, cada una con circunstancias muy diferentes, y en un escenario donde no son posibles las medias tintas. Hay algo que percibo poderosamente, y que insiste en no ser ignorado. La risa, la alegría, el optimismo no es algo iluso, etéreo ni baladí. La risa tiene un pilar sólido, firme e indestructible. He observado que detrás de las personas que más ayudan a sonreír está el dolor; quizá porque nadie como ellas sabe que el dolor, si no se redime, puede aniquilarlo todo; significado, sentido, esperanza, futuro... El sufrimiento es un sello que tienen las personas alegres a nada que imperceptiblemente poses tu conversación sobre ellas. Me gustan esas personas que regalan esperanza sin dejar en ti ningún rastro de su dolor. Se tiene que haber sufrido y amado mucho para poder sonreir así. Y también, para conseguir que su sonrisa, lo impregne todo. Siento un respeto profundo por las personas alegres. Y siempre me pregunto qué dolor habrá conseguido una presencia tan hermosa. No indago nunca en él porque siento demasiado respeto por la intimidad de los otros. El dolor, como la vida, son un misterio que tan sólo debes rozar, y cada persona es una incógnita que has de respetar con tu silencio. He sido afortunada por haber aprendido tanto al lado de los otros. He visto al ser humano en condiciones de sufrimiento vital, y sin embargo, ese ser humano, no ha dejado de sonreír. Eso para mí ya es un regalo.Y la mejor de las escuelas. Es la vida.


*En memoria de todas las sonrisas que se me pegaron al alma en esa andadura profesional que soy.

APATÍA INNECESARIA.

Hoy tocaba escenario nuevo. Allí fui. Encontré que en él habría dos personas más, que aunque no pertenecían a mi área, eran enfermeras como yo. Dije buenos días. Un hola seco respondió _una de las personas ni se molestó en contestarme_. Después de alguna pregunta concreta, observé que la intención por responder era nula. Cuando pregunté dónde podía encontrar un contenedor amarillo, la contestación literal fue "ahí", _sin dirigir la mirada hacia ningún lado... dentro de una sala que bien podía ser como mi casa sin tabiques_. "Ellas no van a mover un sólo dedo para despejar tus dudas, no te van a ayudar", me dije, así que decidí no preguntar nada más. Sonreí, me las arreglé durante toda la mañana para acometer mis funciones sin preguntarles nada y por supuesto encontré el contenedor amarillo, también encontré todo lo demás, eso sí, unos minutos más tarde que en el ratio normal. :P

Luego me dirigí a las otras salas para presentarme y preguntar si había algo que pudiera desconocer, pues siendo nueva, no sabía muy bien qué registros constatar, dónde encontrar los listados, las pegatinas, etc. La amabilidad subió un punto, pero vamos, tampoco hubo mucha predisposición que digamos _no pude lanzar cuetes por la emoción, eso no_ aun así, sonrieron, ya no eran las caras de palo que me recibieron en la sala anterior. Me informaron y me dijeron que estuviera tranquila, que estuviera en la sala, que ellas irían solventando las cosillas pendientes. Esto a pesar de su poca disponibilidad, hizo que las identificara como compañeras _en ese minuto ya empecé a considerar lo de los cuetes, dada la hostilidad sentida nada más llegar, esto era la panacea_. Así lo hice, _lo de los cuetes no, lo de volver a mi lugar de trabajo_. 

Recibí a los pacientes que tenía que atender. Esto, desde el punto de vista emocional, empezó entonces a ser otra cosa; aquí ya había interacción. Caras amables, manos confiadas, sonrisas claras, conversación serena; ánimo que ya es nada, mira pon la mano así, de dónde es usted, respire hondo, no se me duerma, risas... etc, etc, etc. Ya en mi salsa, sabiendo que podía defender su estabilidad, que entendía perfectamente los monitores, que sabía qué papeles habría de rellenar, qué listado confeccionar y que ya conocía la mayoría de datos que habían de ser consignados; el tiempo se me pasó volando mientras sentía ese feed-back comunicativo entre cuidadora y y persona cuidada que alienta lo que somos; personas. Maravilla de las maravillas... y la mañana quedó solventada. Recibí una dosis humana de cariño grande por parte de las personas a las que atendí. Y cuando terminé la labor, sin decir apenas adiós a las personas con las que había compartido escenario _no se fuera a quebrar el silencio patológico de su lado_ , me fui. Así, como muy "pisando huevos". Que no está ya una para ir dando lecciones a la gente rancia.

De camino a casa, pensaba en aquello que decía un profesor, en la absoluta verdad de sus palabras. Nos hablaba con total convicción sobre el escenario de la enfermerdad; afirmaba una y otra vez que si en él  la enfermería es alegre, los pacientes estarán alegres, pasen por lo que estén pasando; pero que  si la enfermería está sin ganas, el paciente reflejará también esa abulia, miedo y sequedad. Y en esta mañana sorprendente, la sala en la que trabajé se dividió claramente en dos secciones; la seca y la COMUNICATIVA. La conversación tranquila iba y venía, sonrisas, ánimos, alguna que otra bromilla... en la mitad de la sala.

La mañana quedó resuelta, aun así, me quedó un mal sabor... de alma, así como de dolor por una sociabilidad asesinada. No puedo imaginar qué le puede llevar a una persona a ser así, tan adusta, tan distante, tan mala compañera, y tan insensible a las personas que se sienten en situaciones cuanto menos, no elegidas _un hospital no es un hotel al que eliges ir_. No sé si hay razones de suficiente peso para disculpar semejante apatía, pero desde luego si las hay, sentí que el peso de esa circunstancia tenía que ser inimaginable. Y si al inicio de la mañana lo que pillé fue una especie de pequeño rebote emocional _que dio lugar a una ironía interior ciertamente afilada, no lo voy a negar, pues para santa no he nacido... y hubiera sacado mi vena sarcástica gustosamente a diestra y siniestra_  lo cierto es que me quedé en silencio _inteligencia espacial diría yo que es, no era cuestión_. Y ahora que lo pienso, que lo escribo y lo descargo en mi pequeña ventana, lo único que siento es pena. Compasión por esas dos compañeras que se pasaron toda la mañana en animadversión con una desconocida que lo único que había hecho era saludar en el comienzo de su jornada. Y tremendísima compasión por las personas a las que atendieron. Afortunadamente estos patios son escasos... afortunadamente, me digo. Pero para un total desahogo, no podía por menos... que dejarlo aquí. ¡¡¡Qué impotencia, oiga!!! Aún la puedo sentir.



ESPERÁNDOTE.



En todo tiempo de espera siempre hay un respiro escondido. Ocurre que en ese tiempo, el alma transita libre por recodos que no se encontrarían de no estar en esa no realidad. La espera es un no-tiempo que a menudo trata de revelarnos algo. Si somos impacientes, nos desesperaremos, pero la paciencia, sabia, se queda quieta para que secretos amables se hagan sonido. Así estoy ahora, mientras se para mi tiempo y espero tu regreso. Respiro hondo y sé que cuando llegues, tu risa lo llenará todo. Mientras, a mi pensamiento ha venido una especie de vuelo sereno. Una serenidad que se sienta en mi corazón y me hace sentir orgullosa de todo esto que vivo; también de lo que no vivo. Ya ves, lo llenas todo aunque no estés.

Y a lo tonto he colocado los afectos, las personas que están, las que no están, y las que tan sólo hacen ruido sin la intención de transitar por el escenario a mi lado. Obervo lo que podría haber sido una decepción, y soy consciente entonces de que no lo es. Supongo que no esperaba nada. Y ante mi silencio, descubro que mi alma es serena. Que sabe transitar por el no-ruido de la soledad mientras encuentra sonidos que le dan alas a la mirada. Sonidos que son una pequeña verdad que se torna brújula. Quizá sólo sepa caminar con seguridad quien ha mirado de frente a la soledad; a sus ojos directos, firmes, rotundos.

El silencio se torna revelación si te atreves a mirarlo libre de ataduras, con la mirada simple y certera que busca tan solo una pequeña porción de consistencia en la realidad. El silencio se torna entonces una verdad sin rencor, que no tiene necesidad de pedir o rendir cuentas. Es impresionante el silencio de la soledad; lo cerca que está de la Verdad.

Y ya llegas. Y todo es diferente. Llega el ruido. La velocidad. Y me alegro de esperarte... lo cierto es que lo haré siempre. Allá donde me encuentre seré una espera: la que te encuentra. Tú eres el regalo de mi no-tiempo _aunque se tratase de la espera más desesperada_. Lo llenas todo, hija mía. Mi mirada es más sabia desde que tú eres presencia. Te quiero.


ÁRBOLES.


El camino que recorremos en este tiempo llamado vida, lo único que pone a prueba es la coherencia entre nuestra libertad y la responsabilidad que de su mano asumimos. Da sentido a lo que decimos y demostramos. La vida es demasiado inteligente como para dejarse manipular. El final será el que nosotros hayamos elaborado de la mano de esa libertad, a pesar de los bosques encontrados, del miedo vivido y de las sombras por alumbrar. Siempre hay árboles sólidos al lado, otra cosa es que hayan pasado de largo sin haberlos visto o que no los hayamos sabido cuidar. La vida es un enorme incógnita por descubrir: seamos coherentes, vivamos en cohesión y disfrutemos de las agradables sombras que el camino siempre nos regala: los amigos*. Cuida a tus amigos, no les dejes marchar.


*Dedicado a todos y a cada uno de ellos.

DE NUECES Y RUIDO.






Observas desde tu sillón el ruido de las palabras. Recuerdas algún que otro momento de bullicio en el que no sabes muy bien qué parte eras o si tan siquiera eras parte _es sabia la intuición_. Ahora empiezas a discernir claramente qué era carcasa y qué era interior. Lleva su tiempo saber qué es lo que en verdad mueve a la palabra, incluso uno mismo a veces no es capaz de definir su propio texto. Lo único que te queda claro es la necesidad de sentido, la sed de significado que llevas, la necesidad de encontrar un buen interlocutor. Han sido pocas las nueces a pesar del ruido. Sólo el tiempo llega a descubrir la nuez cuyo ruido era el esperado, aunque esto entonces ni lo imaginases. Su ruido a veces imperceptible, ha sido una constante. Siento una enorme gratitud por esas nueces que nunca se fueron _literarias, virtuales o reales_.

EL OLVIDO, LA AUSENCIA Y LO INESPERADO.


He estado colocando papeles. ¡Madre mía, la de papeles que tiene una vida! Papeles del médico, del colegio, el hospital, las declaraciones de la renta, mil tipos de facturas, escrituras, hipotecas, resguardos bancarios, el ticket de la carnicería... Tengo papeles, luego confieso que he vivido. Ordenando y ordenando  me dí de morros con parte de los apuntes de mi vida. Los he metido en una caja impermeabilizada. Mientras los colocaba dentro he pensado que lo adecuado sería enviarlo todo al contenedor del reciclaje. Sin embargo no he podido. A lo mejor si tiras los apuntes de tu vida, dejas de existir, nunca se sabe. Me pregunto qué es lo que habita mi inconsciente que no me permite tirar algo que segura estoy de no volver a mirar en la vida. Y he imaginado a mi diminuta ya adulta, enviándolos ella misma al contenedor. Es lo que tiene guardar; que si no lo tiras tú, lo tirarán otros.

Y pensé que esos apuntes, bien reflejaban la vida. No por su contenido; fundamentalmente son de estadística y economía de la salud. También de empresa. Recuerdo la ilusión con la que empezé el máster y el curso de especialidad. Me gustaba. E imaginaba cómo algún día me dedicaría a esa especialidad. Nunca más tuve necesidad de revolver o regresar a esos papeles; mi ejercicio profesional en nada tiene relación con la economía de la salud, la empresa, la salud pública o la epidemiología. Ahí, en esa caja, se representaba parte de la vida; todos esos futuros que esperamos, futuros que no llegan jamás. En ella, toda la ilusión de aquella espera en el porvenir. Proyectos que colocaste en las estanterías, a los que de vez en cuando quitas el polvo y sobre los que nunca más vuelves a pensar. Ni pensarás. Y me digo, _ ¿por qué guardar tanto y tanto dato en una caja que se quedará ya para siempre en el trastero?_ Aun así, aun sabiendo todo esto, no la puedo tirar. Aunque como bien me conozco, el arrebato puede saltar en cualquier momento. Y no lo presiento lejos, esa es la verdad.

Esperamos, deseamos, trabajamos en un porvenir que luego nunca llega a estar en nuestras manos. Nos despedimos casi inconscientemente de proyectos que un día imaginamos con ilusión. Pienso que es curisoa la vida. En cómo hay deseos que se van olvidando, frutos que nunca llegan, y que se olvidan lentamente y sin dolor. Hoy, al ver y ordenar todos estos apuntes, he sonreído. Su olvido y pérdida jamás tuvieron una sensación ingrata. Son ese tipo de frutos que aunque esperados, no duele su pérdida. Se olvidan sin más. Sin tan siquiera ser conscientes de que un día fueron tu sueño. Esos son tus frutos olvidados.

Pensé entonces en esos otros proyectos esperados. En esas otras ilusiones y metas en las que se puso verdadero esfuerzo, emoción y tenacidaz. Una gestión de horas, trabajos y días que te llevarían a conseguir el objetivo anhelado. Mientras lo vivías no tenías duda alguna. Y así, te pasabas horas embebida por tu empeño, en tu esfuerzo, en todas esas horas que fueron a convertirse en nada. Todas ellas son el fruto no conseguido,  y su vacío aún hoy se posa en tu alma. La notas un poco coja a tu alma, cuando lo recuerdas.

La ausencia de frutos; esa es una cara de la vida. Después de todo el anhelo encuentras que ni tan siquiera te está permitido acariciar un atisbo de lo que deseaste, porque ya ni tan siquiera recuerdas lo que esperabas.  El dolor obliga siempre al olvido, la mente anula aquello que elimina su capacidad de renovación. Tampoco sabes en qué momento el olvido fue a posarse sobre tu mirada. Sólo sabes que olvidaste, y que a veces, todavía duele. Nada más.

Quizá sea ese olvido una manera de resilencia, de sobreponerse a las piedras de cualquier camino. Y aunque la ausencia de lo que esperabas aún la puedes sentir, tienes que ponerte a pensar en cómo ocurrió aquello, a preguntarte conscientemente eso de _¿qué quería yo entonces?, ¿cómo eran entonces las cosas?_  Eres consciente de la pérdida, pero olvidas su daño. Ya no duele todos los días. El tiempo siempre es consuelo. Con el tiempo es inevitable que aquello que perdiste, tenga sobre sí la pátina del olvido. Y sólo cuando el alma llora y no sabes exactamente por qué, rememoras esos frutos ausentes. Cuando me ocurre, recuerdo a Ana Maria Matute, a esa niña sabia. Los frutos ausentes tienen siempre un precio. Creo que son en sí mismos todo un misterio, una presencia que aún no sabría bien explicar.

Pero todo en la vida se equilibra. Llegan los frutos no esperados.Todo aquello que te sale al camino, aquello por lo que jamás luchaste, aquello que tu imaginación no alcanzó nunca ni tan siquiera a perfilar. En esos frutos inesperados está lo que esperabas, pero con unos colores y un brillo que por desconocidos jamás hubieras ido a buscar. La vida, nos descubre tal cual somos, nos sorprende, y le da un giro a toda nuestra arquitectura vital. Frutos inesperados sin los que ya no concibes la vida, presencias que te hacen pensar _¿cómo era la vida antes de esto?, ¿cómo podía ser vida sin ello?_ La vida se amplía, sonríe, grita. Eres feliz, sobretodo porque no lo esperabas. Así son algunos frutos. Incluso los más ácidos. Inesperados, vibrantes y necesarios. Frutos que te dan la medida de tu ignorancia, y también la medida de tu gratitud por haberlos encontrado.

En la vida hay de todo; frutos olvidados, ausentes e inesperados. De todos ellos, el latido más vibrante es el de los que por no esperados te sorprenden. Son los que tienen la condición inmediata de ser un regalo. Aquello que tienes, y que jamás de los jamases, hubieras esperado tener. Todo aquello que en un murmullo continuo  te hace siempre decir  _ gracias... gracias.... gracias... gracias... _.





*Toda esta retahíla tuvo su origen en la ventana de Ars Vitae.

ATREVERSE

Hazlo. Aquello que tienes metido entre ceja y ceja pero que no sale por los miedos que en el pensamiento se han quedado asentados. Piensa en lo que puede estar al acecho, aquello que por tu cobardía, silencias a cada momento. Atrévete. Hazlo públicamente. Nunca dejes que la palabra fracaso te anule. Que eso que late en tu interior por ser dicho encuentre las palabras necesarias para ser transmitido. Que a esa persona que amas no se le pase de largo tu mirada por la cobardía de no saber decir que te importa, por no saber hacerte notar a su lado. Que esa injusticia que te revuelve las entrañas no siga acunada más por el silencio. Pide perdón al amigo del que te alejaste, aunque nunca lo hubieras olvidado. Vete hacia el que se alejó, porque quizá lo esté deseando y no lo sepa. Da la mano a tus hermanos, a pesar de los errores, los enfados y los rencores; ellos serán quiene más consuelo te den en los momentos difíciles, pues son quienes mejor te conocen. Acércate a tus padres, porque siempre los tienes en el pensamiento aunque te dejes llevar por mil tareas, muchas de ellas absurdas e innecesarias. Atrévete a pensar, no te haces idea de lo que cada ser humano es capaz de encontrar dentro de sí. Mírate con valentía y pronuncia un sí rotundo a los ojos que son tus ojos, a esos que te devuelve el espejo cuando lo miras. Atrévete a ser, a ser tú mismo. Quien tú eres sólo lo puedes ser tú. El mundo necesita saber que estás ocupando tu exacto lugar. Y sólo una cosas es cierta; tienes la obligación de intentarlo. Atrévete. Hazlo.

CONTRA EL VIENTO DEL NORTE

Daniel Glattauer.
Ed. Alfaguara.





"Eres la persona que contesta a mis preguntas no formuladas; y me siento sola. Y por eso te escribo". Emmi.


Quizá en la imaginación habite lo mejor de nosotros mismos, pero no es fácil sacar ese lado a la realidad. Una casualidad hace que un día coincidas con alguien; una persona a la que no vas a conocer, pero que sacará fuera de tí aquello que no sabes que eres, que ni tan siquiera tú has sabido ponerle nombre.

La aparición de ese interlocutor necesario es quien hace posible que el diálogo, en contra del viento del norte _ese viento que nos aplasta por lo debido, por las razones de lo que ha de ser_ sea una afrenta. Un diálogo que pondrá las palabras exactas a lo que tú eres, a lo que anhelas y a todo aquello que por orgullo o humildad, dejó de ser en tí. Detrás quizá el enamoramiento, la amistad, o la simple necesidad de tocar por un instante a la persona que te devolvió el mundo. El tuyo. El que habías olvidado. Nada hay más grande que aquello que un ser humano nos puede regalar, la medida de nosotros mismos a través del espejo que son sus ojos, sus palabras. De esto he hablado ya muchas veces; nada sabemos de nosotros en el aislamiento. Si soy algo, lo soy al lado de los otros.

Contra el viento del norte es la recopilación de los mails que se intercambian dos desconocidos que el azar ha puesto en contacto. Lo que empieza siendo un error, una casualidad o una simple coincidencia, acaba por describir la necesidad de interlocutor que todo ser humano alberga, ese sin tí no soy nada, que dice la canción. Si has vivido una situación así, lo comprendes, si no, lo más probable es que la infravalores o lo que no debería caber en cabeza alguna; que la juzgues equivocadamente. Así todo, incluso esto mismo es comprensible. Sólo quien carece de imaginación es incapaz de vislumbrar cuánta verdad hay en ella sobre nosotros mismos. Y bien es cierto que seres sin imaginación hay más de los que sería adecuado asumir. La vida, en algunas personas, tiene precisamente esa condena.

Diálogos de búsqueda, de convencimientos, de mezquindades, orgullos, olvidos y deseos. Eso es ese recuento de mails que nos presenta esta historia no acabada, aún inimaginada y sin posible trama. La imaginación es así siempre, juguetona, ilimitada e inabordable. Carente de hechos y sinposibilidad de acción. Pero por encima de esas limiaciones, lo que se hace evidente a lo largo de los mails, es el reconocimiento del otro. La gratitud hacia quien  siendo sólo palabras, le da límites a esa  realidad que siendo, aún no hemos sabido ser. La imaginación sin duda alberga tesoros escondidos, y en ellos, mucho de lo que desconocemos ser y necesitamos ser. Así de loca es la imaginación; a pesar de esa realidad interminable que siempre nos representa.


(...)

"Y solamente aquellos ojos que se aventuraran a mirarnos partiendo de cero, sin leernos por el resumen de nuestro anecdotario personal, nos podrían inventar y recompensar a cada instante, nos librarían de la cadena de la representación habitual, nos otorgarían esa posibilidad de ser por la que suspiramos." Carmen Martín Gaite.



** smuaksssssssssssssssssssssssssss... hasta más allá, sí, mqm.

LÍMITES

Me pregunto cuántas veces volveremos a renovarnos, a despertar, a comenzar de nuevo. Empezó el año y yo creía estar en esas; en un nuevo comienzo que no sabía muy bien qué forma iba a tomar. Pues no, no era entonces. El comienzo es hoy, después de pasar dos días completísimamente "off". Me he pasado dos días literalmente en  la cama, durmiendo a media velocidad, consciente de lo de fuera pero como sin sentirlo. Un estar fuera del mundo que no desconectaba del todo, y que hoy ha tenido a bien en acabar en una memorable jaqueca. Y ahora, por fin, se terminó. Está zanjado. Me siento bien; despierta, consciente y con ganas de volver a empezar mi rutina. Y me he preguntado sobre cuántas veces más ocurrirá este caer en picado y volver a resucitar. Vivir es eso; caer y levantarse. Y en mi fuero interno le pido a Dios que sí, que esto ocurra muchas veces. Quiero estar. De eso soy consciente.

He aprendido mucho en estos dos días. Por ejemplo, he visto que el mundo, lo que me rodea, no lo sostengo yo. Que se sostiene solo aunque yo no esté. Así me creo yo de necesaria e insustituible. Pues no, no lo soy. También he aprendido que tenemos derecho a caer, a dormir, a decir ya no puedo más y no voy a hacer más. Aprender a decir basta. Y una cosa más aprendí; que lo de los demás no es responsabilidad mía (no sé qué tal le habrá ido a diminuta con sus exámenes, los ha preparado sola...).

En muchos trazos del camino, necesitamos un respiro. Siempre. Y hemos de ir a buscarlo si no queremos que nos encuentre (esta segunda opción es más complicada que la primera, mejor ir a buscarlo porque si te encuentra, lo hace un poco desesperadamente). Porque mira por donde, la entrada anterior, esa que titulada "esperando un respiro", fue a ser algo así como una premonición. Incapaz de encontrar un respiro por mí misma, vino por su cuenta. Mi cuerpo dijo basta, hasta aquí he llegado y no tiro más, eso dijo firmemente... y ahora te tumbas tres días por narices. Y se tumbó. Mi alma cedió, se dijo a sí misma, si tu cuerpo no tira, ¿qué puedo hacer yo? Y también se rindió. Literalmente fue así. La vida se tumbó. Ya lo creo que se tumbó. Totalmente. No había otra. Y se dedicó a dormir.

Y hoy, después de la zozobra, de cortar mi jaqueca y dormir toda la mañana, he despertado. Empiezo de nuevo. No sé hasta cuando. Hoy me siento bien, pero bien es cierto que aunque soy dura para las gripes, me suelen durar muy poco, esta la presiento e intuyo demasido corta... y no sé si habrá terminado del todo o no. Nunca se sabe bien con las gripes. Eso sí, hoy me encuentro muy bien. Y afortunadamente estos días han coincidido con mis descansos y no he tenido que estar con papeleos de bajas. Hubiera sido incapaz de ir al médico, imposible. Mañana volveré al trabajo y comenzará mi tiempo de nuevo. Con otras premisas, menos agobio y más consciencia de hasta qué punto soy yo la que ha de tirar por todo. No, no, no, nonononó. Todo yo, no. Eso ahora está más que claro. A ver lo que me dura...