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FIEBRE


... y no te habías ido del todo. Y como siempre, llegabas en el momento exacto; en el de la salvación. Qué tendrán tus palabras. Qué tendrá esa fiebre que sólo puede ser frenada por la palabra. La palabra.

Escuché una entrevista, tu voz, tu ritmo... cuando entonces nada había sido tragado por el silencio. El silencio. Qué miedo hay detrás de ese silencio, ese que nos deja sordos cuando ya no se oye la voz que era un mundo. Grito. Aullido silenciado por la palabra. Tu palabra. La palabra de esa fiebre que nos hace habitar mundos ficticios que no por irreales son menos verdad. La verdad. 

Atrapados en la madeja del tiempo buscamos insistentemente el hilo del que tirar. Enhebramos nuestra mente al sonido de tus palabras, Hilamos poco a poco pensamientos Vamos tejiendo el silencio. En tu palabra, el consuelo de otra voz, de otra vida, de otras emociones... quizá parecidas a las nuestras, quizá no... Consuelo. Volver a la barca que nunca naufraga. Habitar la palabra perdida. Colocar las palabras que nos defienen, una por una. Alegría y dolor.

Gracias por la palabra. Don. Regalo. Consuelo.Verdad. Gracias por la voz. 

No te mueras todavía... ritmo, costura, ventana, huerto, cuento, barca, fiebre... MADRE.

Cuántas palabras me has dejado. Y con qué consuelo me aferro a ellas. Fiebre, ventana, huerto, retahílas, sueño, reloj, interlocutor, hilo... madre, mamá, mami... consuelo.

No... no te habías ido. A pesar del silencio.






LA LÍNEA DISCONTINUA DEL TIEMPO.



Pasa demasiado deprisa. Es lo que tienen los ires y venires llenos de actividad. De repente, en un momento dado se detiene el tiempo, y te das cuenta de que desconoces algunas de las coordenadas de su escenario.

El miércoles llegué un poquillo más tarde del trabajo. Diminuta _que ya no lo es_ estaba en casa ya. Como yo me demoraba, se le ocurrió cotillear en una caja en la que voy guardando cosas insignificantes que van acumulando historias a los recuerdos de mi vida. Ella estaba maravillada. Encontró las notas que yo sacaba en parvulitos, las tarjetas de identificación de la universidad, tarjetas de biblioteca, tickets de viajes, fotos... Se reía con mis anécdotas, y se le notaba feliz descubriendo hechos que desconocía; esa presencia nunca imaginada de su madre aún niña, joven, lejana... Nos estuvimos riendo un rato, y anduvimos totalmente sumergidas en las historias que la memoria siempre anda presta a volver a contar. _Cuéntamelo, cuéntamelo otra vez papá, aunque sea repetido_ esa era yo. Una personita ávida a escuchar historias... una, otra, otra, la misma otra vez... Contar y escuchar historias, esa era la cuestión, el eje de toda relación. Y así lo ha heredado Diminuta....

Después, cuando ya cada una condujo la tarde a las tareas rutinarias_deberes y lectura_ aunque mi mente parecía estar centrada en un libro, lo cierto es que se sentía llena de perplejidad. Era incapaz de concentrarme en otra cosa que no fuera la imagen de la joven que fui; aparecía nítida y clara. Hasta esa tarde había sido el olvido. La vida vino a imponerse de una manera tan arrolladora que no tuvo posibilidad.

Me pregunto si el día de mañana esa joven silenciosa se llevará bien con la señora que aparecerá en el espejo cuando de nuevo se mire. Si ese momento en el que mire de frente al tiempo tendrá armonía, si esa señora sabrá ser esa joven sin perder la razón. Me pregunto si se llevarán bien. Si sabrán entender que la unidad que son ha tenido necesariamente que nacer desde este olvido absoluto que ahora existe.

Ha sido difícil reconocerse en el no-ser, ser este tiempo de olvido que es premisa para seguir latiendo. Saber que aquella joven no se ha ido nunca aunque en cierto modo ya no esté. Que permanece en la ausencia que soy con toda su imposibilidad. Es complejo sentir. Vivir. Observar el reflejo del tiempo.

Entonces pensé que la medida de nuestro fracaso, la medida de lo que no llegamos a ser, es el triunfo de nuestra alma. Y que por eso, sólo por eso, nunca morimos del todo, aunque creamos no existir.

¿Lo entenderá así la señora que un día me encuentre al mirarme en el espejo? ¿Sabrá aprehender entonces la joven que fue?

VIAJES.









Regresas al escenario de entonces; ya tienes tus billetes preparados, la mirada inquieta y la maleta llena. Será el reencuentro; ayer y hoy. Y a tu lado, los ojos que le dan sentido a todo. A todo lo que quedó perdido, a lo que no pudo ya reconstruirse, a las sorpresas que recibiste, y a todo el esfuerzo que llevas pegado en tu alma. Una vez más, todo cobrará sentido. Significado. Verdad. Aunque muchas veces esa Verdad no llegue a comprenderse del todo. Tus sentimientos están desbocados, prestos no se sabe bien si a reir o a llorar. Vives. Has sobrevivido. Y si Dios quiere, llegarás. Llegarás a donde te propones llegar; aunque no hubieras imaginado jamás ni la forma ni el modo en que ibas a caminar. Sorprendida aún, no dudas de ese quien que hoy eres, porque necesariamente eso que eres lo habías de ser tú; también en ese mismo escenario, con esa exacta luz. Porque eres esa presencia que camina al lado de unos ojos fascinantes, libres, valientes y llenos de esperanza; por nada, por nada cambiarías ese brillo, esa tenacidaz, esa intemperancia conmovedora que es hoy tu hija. Esa que de la mano, camina contigo a tu pasado, te empuja al futuro, y te dice que el presente es ya. Quizá sí, quizá hay cosas que siendo pasadas... aún se puedan tocar. En presente. Caminamos siempre hacia un todo; donde pasado presente y futuro se funden en un yo.