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UNA MUJER EN FUGA





¨Lo que sorprende es la mirada. Como ocurre con algunos rostros no hay convergencia entre el ojo izquierdo y el ojo derecho. En su caso, mientras el ojo derecho se muestra alegre y tiende la vista hacia afuera para ver, el izquierdo se retrotrae y parece guardar una cierta tristeza y soledad. Reflejo de dos actitudes que convivirían siempre en el ánimo de la escritora, luchando entre sí; el esfuerzo por preservar la propia alegría, su permanente sonrisa en el rostro iría de la mano con la melancolía del que siente no tener a nadie en el mundo. Una mirada, en fin, mucho más sombría de la existencia; que se alzaría dominante en su obra literaria.¨

¨Frágil, pálida y exánime siguió siendo una criatura hermosa hasta el final. Y algo de aquella tierna magia y atractivo que podía emanar de su figura y de sus palabras se mantuvo firme, a pesar de todos los fantasmas que siembran una vida truncada. Al morir, pudo descansar de la vida, y por fin, de la literatura.¨

FIEBRE


... y no te habías ido del todo. Y como siempre, llegabas en el momento exacto; en el de la salvación. Qué tendrán tus palabras. Qué tendrá esa fiebre que sólo puede ser frenada por la palabra. La palabra.

Escuché una entrevista, tu voz, tu ritmo... cuando entonces nada había sido tragado por el silencio. El silencio. Qué miedo hay detrás de ese silencio, ese que nos deja sordos cuando ya no se oye la voz que era un mundo. Grito. Aullido silenciado por la palabra. Tu palabra. La palabra de esa fiebre que nos hace habitar mundos ficticios que no por irreales son menos verdad. La verdad. 

Atrapados en la madeja del tiempo buscamos insistentemente el hilo del que tirar. Enhebramos nuestra mente al sonido de tus palabras, Hilamos poco a poco pensamientos Vamos tejiendo el silencio. En tu palabra, el consuelo de otra voz, de otra vida, de otras emociones... quizá parecidas a las nuestras, quizá no... Consuelo. Volver a la barca que nunca naufraga. Habitar la palabra perdida. Colocar las palabras que nos defienen, una por una. Alegría y dolor.

Gracias por la palabra. Don. Regalo. Consuelo.Verdad. Gracias por la voz. 

No te mueras todavía... ritmo, costura, ventana, huerto, cuento, barca, fiebre... MADRE.

Cuántas palabras me has dejado. Y con qué consuelo me aferro a ellas. Fiebre, ventana, huerto, retahílas, sueño, reloj, interlocutor, hilo... madre, mamá, mami... consuelo.

No... no te habías ido. A pesar del silencio.






EL ALMA EN VERANO.











"Siempre me ha gustado tumbarme mirando al techo, es mi preparación para soñar, para calmarme o para decidir cualquier cosa. Y cuanto más espacio medie entre los ojos y la tapia contra la que se estrellan, más libre es el viaje del pensamiento, más sorpresas puede dar." CMG

ACCESO NO AUTORIZADO.







"El abogado pensó que saberlo no importaba, la mayoría sabía que cualquier medida realmente nueva que imaginara un presidente sería cercenada por bancos, medios, directivas europeas, grandes empresas. La pregunta que solía hacer la gente era por qué aun conociendo el mal no reaccionamos. Pero algunos sí reaccionan, algunos se rebelan. La pregunta no es siquiera por qué tan pocos, sino más bien qué han visto esos pocos o qué les mueve." Belen Gopegui.




Leer a Belén Gopegui siempre es acceder a algo inesperado. Siempre me encuentro que hay más en sus libros de lo que esperaba encontrar, y eso que  siempre espero mucho de esta autora. Y siempre, siempre me encuentro más. Encontrar el verdadero acierto en sus personajes, en los espacios que habitan, en la trama que conjugan, es siempre un reto. Llevaba leído más de la mitad, y ya no pude dejar de leer. Me dieron las tres de la madrugada. Los personajes aún no han dejado de vagar por mi pensamiento. Su vulnerabilidad y su valentía, aún están en mi cabeza. Lo cierto es que no pude evitar llorar, llorar con una avidez que no iba a encontrar consuelo. Aún no lo hay, para esta historia no, esto es también cierto.

Es lo que tienen algunos personajes, que se te meten muy adentro, que los llevas contigo y de vez en cuando los interrogas mientras vas dando pasos en tu escenario. Sí, claro, por eso a veces estoy así, como en la luna... Hablas con ellos, y les cuestionas su historia, el por qué de sus sentimientos, el cómo de sus acciones, y el fin de su trayecto por la historia. También lloras su dolor, su soledad. Yo aún converso con Eduardo, el abogado... No he conseguido desprenderme de su carisma, la verdad, tampoco de su dolor. Y me confieso totalmente vulnerable ante su valentía. Eres mucho, esa es la verdad, Eduardo, pero eso tú ya lo sabes porque te lo he dicho ya muchas veces... _Sí, la lectura nos quita un poco de cordura, lo sé_.

Los escenarios de la soledad son infinitos, y también su presencia. La historia de Gopegui es la narración y el encuentro de diferentes soledades. Quizá sea la soledad la que consigue esa confianza tan plena que se da entre los personajes, personajes que sin conocerse, confían plenamente entre sí. Cada uno habita su soledad, su vulnerabilidad, su silencio. La soledad del desarraigo; esa necesidad de quedarse sólo para no preocupar a los demás. Soledad que es miedo sin consuelo. También, la soledad silenciosa del que ama, del que está dispuesto a dar sin poner un balance a sus sentimientos, sin esperar nada, porque de lo contrario, desaparecería el pulso de lo único que tiene verdadero sentido; el otro. También, la soledad de la víctima que no sabe desasirse de su verdugo, que es impotente ante quien está dispuesto a convertir sus días en angustia. Y envolviendo todo, la soledad más absoluta, esa tan magna que siempre acompaña a quien tiene poder. 

Todas esas soledades van a encontrar un punto de encuentro, y ese punto de encuentro, será lo que haga moverse a los personajes, que avance la historia. Una historia que habla de inconformismo, de la confianza que surge entre unos desconocidos, de las soledad del poder, de la traición, y por encima de todo, del factor humano. La clave de toda historia está siempre en los personajes que la tejen, en su disponibilidad a dejar su vulnerabilidad en las manos del otro. Una historia que entre la realidad política y los escenarios de la informática, habla de lo cómodos que somos, y del miedo exhacerbado que tenemos a sentirnos vulnerables. Es lo que tiene la vida cómoda, que nos silencia comos sujetos para convertirnos en simples espectadores. Pero siempre hay historias que nos hacen despertar. Esta, sin duda, es una de ellas.

EL MENTIROSO

Editorial Funambulista.



  _ Su marido estuvo un instante mirando fijamente el cuadro. Luego se dirigió a su esposa, se inclinó sobre ella, la abrazó de nuevo y comenzó a tranquilizarla: "¿Qué ocurre, querida? ¿Qué diablos ocurre?, le preguntó. Lyon oyó la respuesta.
_ Es cruel.¡Dios mío! ¡Es demasido cruel!



 La verdad, cuando se presenta de golpe, siempre es cruel. Nada es lo que parece. Nunca somos lo que queremos hacer ver que somos. Nunca somos esa máscara que tan laboriosamente hemos ido construyendo, seamos o no conscientes de ella. No somos ese traje que lucimos de cara a la galería. Sólo las personas valientes y libres son capaces de enfrentarse a la desnudez que toda verdad supone; y personalmente tengo la percepción de que en general, somos bastante cobardes.

¿Hasta cuándo el ser humano es capaz de sostener su propia  mentira? ¿Tiene el ser humano consciencia de esa mentira, o de tanto que la ha recreado termina por sentirla verdad? Cuando la mentira habita en el otro, en un ser querido; ¿qué es lo que nos empuja a mantener esa falsedad? ¿Qué es lo que nos incita a ocultar  la verdad que el otro es a nuestros ojos? 

¿Por qué el ser humano se convierte en especialista en ocultar la verdad, sea propia o de las personas a las que ama? El observador no deja de preguntarse, de intentar saber qué hay detrás de la  mentira. Algo le sale de ojo a todo observador cuando se topa con una no realidad, con una no verdad, con una realidad reconstruída con vete tú a saber qué intención; si la de plasmar en los demás una persona que sabes que no eres, o la de engañarse a sí mismo trantando de ocultar esa verdad que sabes muy bien sí eres. Incluso me pregunto si realmente existe consciencia de esta intención, o se trata de un compulsión que no sentimos. Así de patéticos podemos llegar a ser; desoconocedores e ignorantes absolutos de nuestra no-verdad.

De toda mentira, lo que realmente conmueve, es la verdad latente que trata de ocultar. Una necesidad que de seguir oculta, trastornará el alma. Esa necesidad que da respuesta a la mentira, será siempre una herida. Y se puede infectar. Tapar,  velar una verdad que es tan nuestra, o tan del otro, como lo es el color de los ojos, o el rictus de la sonrisa, es tan sólo el comienzo de un calvario del que quizá, nunca seas consciente.

De fondo permanece el espectador, ese yo que observa la mentira, que se pregunta cómo hacer caer la venda de quien mirando, no se ve, ni es capaz de ver a los demás. Es la eterna pregunta; ¿por qué reconstruímos nuestra realidad?, ¿por qué tratamos de construit una realidad que no somos? ¿A quién pretendermos engañar?

Henry James, autor al que he descubierto recientemente, me ha impresionado. He leído dos de sus relatos cortos. Es el espectador de la vida, de la vida-verdad. Es la narración de los sentimientos, de los constructos del alma, de todo aquello que sin saber que somos, somos a gritos, por mucho que nuestra alma crea que tiene otro sonido. Somos a veces lo no esperado, por mucho que se lo negemos a la verdad. A cada paso, sea una mentira o no, estamos gritando nuestra verdad. Otra cuestión es, si estamos dispuestos a escucharla o no. Si queremos estar del lado de nuestra verdad, o de la que los otros esperan. Si estamos dispuestos a tolerar la verdad del otro, o queremos reinventarla. Ese es el dilema; o lo que soy, o la reconstrucción de lo que quiero y no soy.

¿Por qué el ser humano tiene esa necesidad de mentirse y de reconstruir su apariencia de cara a los demás? ¿Tan difícil es ser uno mismo?

CUATRO ENCUENTROS

Henry James.
Editorial Funambulista


 «Sé más del extranjero de lo que se imagina —la honestidad de la señorita Spencer resistía incluso a eso—; quiero decir, gracias a las lecturas, pues he leído una cantidad considerable. De hecho, creo que he preparado mi mente para ello tanto como usted podría haberlo hecho. No sólo he leído a Byron. He leído historias y guías de viaje y artículos y un montón de cosas más. Sé que todo me va a encantar…»

... pero te faltó libertad, querida protagonista, te sobró miedo, y te quedaste en la comodidad del no actuar. Se está tan tranquilo en la rutina, en la no asertividad. Es así como muchas vidas, nacidas para ser una historia maravillosa, acaban siendo un pobre cuento que nunca se hubieran querido contar. Les faltó el coraje.


 ¿Qué hace que olvidemos nuestros sueños? ¿El olvido es consecuencia de una falsa culpabilidad, de una responsabilidad inventada o por el contrario es la resulta de un miedo pavoroso a asumir la propia libertad?¿Cuando nos olvidamos de nuestros sueños es por cobardía, por comodidad o porque simplemente  hemos negado la responsabilidad de ser? ¿Por qué aquello que puede ser  un cuento de hadas se convierte en una auténtica pesadilla? ¿Qué consecuencias tiene no entender la responsabilidad como algo esencial en nuestra vida? ¿Entender la libertad como el más necesario de los retos, qué lo impide? ¿Y nosotros, somos capaces de ver nuestra vida con la misma percepción? ¿Por qué nos negamos a vivir nuestra propia libertad? ¿Y qué barrera es la que le pongo yo a mi libertad cuando siento que mi vida ha dejado de ser la mía? ¿Y esa barrera es mía, o se la han inventado los otros y yo me dejo llevar? ¿Cuántas veces hemos visto esto en los otros? ¿Por qué las barreras de la libertad (tuya o mía) son tan díficiles de derribar? ¿Por qué es tan difícil ayudar a los otros en cuestión de libertad?

Cuatro encuentros es la dramatización de todas esas cuestiones, la narración de todo aquello que empezando como un formidable cuento de hadas, termina en pesadilla. Es una metáfora de las aspiraciones humanas, de todo aquello que ante la no responsabilidad, tiene denegado la posibilidad de ser. Y de cómo toda renuncia es un misterio. Ah, la libertad. Un reto de  misteriosos e ilimitados caminos, y de una fragilidad inmensa. Se necesita mucho coraje, esa es la gran verdad.

IRÈNE NEMIROVSKI

_ Qué extraño eres... Te han pasado cosas como para estar amargado y desencantado, y sin embargo, no eres infeliz, quiero decir, interiormente. ¿Me equivoco?
_ No.
 _ Pero entonces, ¿qué te consuela?
 _ La certeza de mi libertad interior,_ respondió Maurice tras un instante de reflexión_ que es un bien precioso e inalterable, y de que conservarlo o perderlo sólo depende de mí. De que las pasiones llevadas hasta el extremo, como ahora, acaban por apagarse. De que lo que ha tenido un comienzo tendrá un final. En una palabra, de que las catástrofes pasan y hay que procurar no pasar antes que ellas, eso es todo. Así que lo primero es vivir; Primum vivere. Día a día. Vivir, esperar y confiar.
 * Párrafo de Suite Francesa, novela de Irène Nemirovski.



Suite francesa es la mirada sobre el ser humano, sobre su comportamiento ante las circunstancias históricas en las que le es dado vivir. Es el hombre en sus infinitas posibilidades. El ser humano dibujándose como un ser único que sobrevuela por encima de cualquier ideología, nacionalismo o percepción del mundo. Es la libertad de ser por encima de la realidad que nos ha sido dada, y de cómo el sufrimiento, nos da la medida del exacto yo que somos. Ese yo que como decía Vitor Frankl, ha creado las cámaras de gas, pero también es ese se que ha entrado en ellas, musitando una oración.

Suite Francesa es una obra inconclusa, Irene Nemirovski no pudo terminar nada más que dos partes de las cinco que imaginaba. Le fue arrebatado su tiempo. Murió en Auschwitz, en 1942. Detrás de sus palabras se intuye  una persona inteligente, sensible, y capaz de mirar la vida que le rodea con la sabiduría de la distancia. Me ha conmovido su historia personal de una manera intensa. Y pienso en las historias personales jamás conocidas de Auschwitz. Y de lo necesario que es el no olvido, para conocernos un poco mejor; no, no somos tan grandes, ni tan sufridos, ni somos ejectures de una vida ejemplar. Yo al menos en mi circunstancia, sé que no lo soy.  La memoria del pasado delimita mejor nuestro presente, y con ello, nuestro propio ser.


Hay una verdad ineludible en su palabra; somos biografía. Somos consciencia, podemos ser excelsos, pero también absolutamente lamentables. Seres honestos o seres detestables que se van delatando en momentos clave. Personas que muestran su medida exacta en los instantes de crisis y necesidad. Es una novela profunda y conmovedora, de una sensibilidad latente, de una inteligencia sincera, y de una capacidad de observación exquisita. Un libro escrito por alguien que tan siquiera llegó a conocer el final de la atrocidad que le tocó vivir. Y la imagino, inteligente como era, musitando una oración...

Esta lectura ha sido un pequeño tesoro para este otoño que se ha presentado tan así; tan lleno de cosas, de quehaceres, de carreras y también, de lecturas. No es el primer regalo del otoño, ni será el último. La lectura vuelve a ser hoy, como esos pequeños pasos que sin apenas ser sentidos, nos encaminan hacia orillas comprensibles, hacia ese lado que es nuestra verdadera orilla, tan poco visible a veces en la retina del ojo que observa el día a día, sus carreras y sus prisas.

Sé que apenas estoy aquí. Escribir me resulta imposible. Quisiera poder transcribir todo eso que mi mente sujeta, todo lo que mi cabeza va procesando y que me temo quedará perdido. Sé que este batiburrillo de ideas y sentimientos diarios habitará en el silencio y en la no-palabra. No importa. También tenemos que aprender a desaparecer, a no respirar, a ser ameba. Es muy difícil a veces abrazar la palabra que sostiene eso que sentimos. Hoy, ese mirar una hoja en blanco y sentir la inconsciencia de las propias palabras revoloteando el pensamiento es mi presente, y parece una limitación. Pero sólo es apariencia. Esa palabra perdida que al no poder decirse parece un vacío vive conmigo, pero no la siento como  un lastre. Es simplemente mi silencio. Un no espacio para ningún hilo del que poder tirar. Aunque no esté y parezca perdida... sólo es silencio.

*Saludillos a todos lo que habéis estado por aquí, aunque yo apenas hubiera estado.

EL INTERLOCUTOR NECESARIO.

"No sé hablar si no veo unos ojos que me miran
y no siento detrás de ellos un espíritu que me atiende".
MIGUEL DE UNAMUNO.


Encontrarlo es como un pequeño milagro. Estar a su lado, sentir que la maraña de los minutos es un hilo interminable, un hilo que ata la palabra a los sentimientos. Habitar el mundo que respira el alma y que muy pocas veces sale a darse. Regalo. Sentir la mirada de otro. Saber del significado de los silencios, del ritmo de la palabra, del sonido de un alma y de la hondura de su tiempo. Conversación. Estar. Hablar. Escuchar. Pausa. Darse. Recibir. Palabra. Habitar el sonido del propio mundo. Mirar el mundo del otro. Sonreír. Atrevimiento narrativo.

Tú y yo en cualquier escenario que se convierte en espacio habitado, sentido, presentido y animado. También esa conversación de presencia y silencio; el lugar en el que se recoge el eco  las palabras que un día inventaste.  He vuelto a tu palabra, a tu escritura, y en esta tarde de sábado tranquila, de luz , soledad y silencio, he estado conversando contigo. Hoy te encontré; eras mi interlocutor necesario.


INVISIBILIDAD.






Ese minuto de consciencia en el que no sabes muy bien a dónde ir a recostarte,
en el que tu alma habita sola y no sabe cómo acariciar lo percibido.
Luz y dolor.
Un instante de incertidumbre, de soledad, de silencio.
Allí tu alma invisible.
Y el azul del universo, todo en silencio.

HISTORIAS





"¿Qué es lo que hace que la gente desee oír una historia? Contar cuentos. La vida cotidiana de la gente común, como en Simenon. No hay otra forma de decir cómo es la vida, cómo el azar o el destino trata a la gente, que contando una historia. Es general, no podemos decir más que sí, así es como sucede. (...) Es como si fuéramos incapaces de vivir sin acontecimientos; la vida se convierte en un flujo neutro y apenas podemos distinguir entre este día del siguiente. La vida misma está llena de historias. ¿Por qué han desparecido los cuentos? ¿Son acaso los hechos abrumadores ocurridos en este siglo los que transforman los acontecimientos comunes y corrientes que le sucenden a uno en algo insignificante que no merece ser contados? ¿o será esa preocupación neurótica por el yo y que el análisis ha demostrado que no tiene para contar más que variantes idénticas?"
Hannah Arendt. (Párrafo de una carta dirigida a su amiga Mary McCarthy, mayo, 1971)

(...)

El libro se titula Entre amigas, y recoge la correspondencia habida entre Hannah Arendt y Mary McCarthy durante los años 1949/1975. Esta es la lectura que ha ido a recoger el silencio de mis finales de día, la lectura que me tiene secuestrada una vez terminadas la tareas cotidianas que entretienen y gastan todo mi tiempo. Después de todas esas cosas que se hacen durante el día, en las que se emplean tantas horas que no sabes muy bien a dónde irán a parar, me dejo secuestrar por la vida de los otros. Las horas que he vivido, sé que existen, que son la razón de mi estar en el mundo, por muy simples que puedan sentirse, pero bien es cierto que las horas de los otros, para mí tienen un valor incalculable; me ayudan a seguir siendo quien exactamente soy. Diferente. Concreta. Real. Muchas veces se necesita la vida sencilla de los otros para poder seguir siendo uno mismo. Por ello, nunca dejaremos de necesitar historias. Historias normales.

Estos días pasados me me he preguntado más de una vez a dónde iría a parar el sentimiento que se pone en cada tarea cotidiana, porque lo que es su realidad y sus consecuencias, se liquidan sin más. Por ejemplo, ya nada queda de las anchoas del cantábrico fresquitas con que invité a cenar a mis padres y a mi peque una de estas tardes; el tiempo empleado en la limpieza de anchoa por anchoa (quien ha limpiado pescaditos sabe de qué hablo). Lomito tras lomito fueron preparados y colocados en una fuente. Rebozados. Fritos. Y colocados listitos para ser engullidos. Total, la mañana entera si contamos que antes fui a la pescadería, que no vinieron solas. Hoy ya no queda nada, ni tan siquiera el eco, de la mañana tranquila en que fueron preparadas. O bueno, no, me equivoco. El eco sí queda. Y también la sonrisa de diminuta y mis padres cuando las degustaron. Puede que sea cierto, que nada se pierde. Por eso me gustan las historias sencillas. Por ello pienso que siempre se necesitan.

Y sin embargo el día a día pareciera carecer de interés, hoy pudiera ser que no interesa la vida cotidiana de una persona normal. Hoy si tu vida no es grande, ¿para qué necesitaría ser contada? ¿Es que ya no necesitamos historias? ¿Es que sólo lo extraordinario ha de tener la necesidad de ser contado?

Personalmente lo dudo. Quizá por ello soy tan propensa a leer diarios, correspondencias, vidas. Me gustan las biografías, las vidas de los otros, el relato de la vida normal de personas a quienes admiro, a quienes quiero, a quienes desconozco. El relato de historias normales me acerca al otro. Suelo tener la necesidad de leer la vida de quienes por alguna razón he admirado; sea por su obra, por sus hechos o por las circunstancias en que les ha tocado vivir. Me atrae la visión de esos otros que aunque contrarios, narran los hechos de su vida, hechos que a veces se parecen a los míos. Otras no, su vida es mi antípoda. Y aún así, el interés es eje, centro, necesidad de leer.

Me gusta el latido rutinario del alma en las palabras, quizá porque es lo que más nos me acerca al otro. Si hay algo que me parece extraordinario, es la vida sencilla de las horas. Las del día a día. La narración de una tarea que aparentemente insignicante, es el orden de todo un mundo. Me gustan esas cuestiones que una vez lanzadas al aire, engarzadas en una pequeña trama, muestran la relevancia de unos valores. En esos hechos está la exacta medida del amor que sentimos hacia las personas que queremos, por ello me gusta la rutina de los días, mi rutina, la de los otros. La vida de los otros, por sencilla que sea, es siempre un misterio más.

Pienso que quizá por eso mismo, los blogs más personales, esos en que puedes tocar un alma, son los que tienen tantos lectores. En ellos habita la vida, la vida normal. La de ellos, y puede que también la propia. Historias normales de horas sencillas vividas y contadas con extraordinaria viveza. Quizá ese sea hoy, el camino de la literatura. Esa necesidad de escribir que no tiene como acicate la economía, sino la simple necesidad de no perderse del todo.


"Vendrá la hora
en que las viejas heridas,
tanto tiempo olvidadas,
amenacen con abrirse.

Vendrá el día
en que ningún balance
de la vida, del dolor,
contará.

Transcurren las horas,
Pasan los días.
Un logro queda:
simplemente estar viva."
H.Arendt


EL CÍRCULO DE LA DESMEMORIA


"Y ahora, en que todos los que se mezclan conmigo me miran con lástima y conmiseración, ahora, en que los que no saben, me juzgan acabada y muda, anclada en una silla de ruedas, ahora que mi única actividad física está encaminada a manetener mi cuerpo con vida para terminar a través de él la labor encomendada, ahora ya puedo, ya siento al fin, libre de toda trampa mental, libre de los temores que entonces me cercaban, libre de aquel dolor lacerante que me aguijoneaba sin cesar, libre del terror de lo que podía acontecer con la vida de mis hijos, ahora siento plenitud, y de parte de todos ellos el mar se su cariño"


Música blanca es un viaje por las estancias de la memoria, por los recodos de las cicatrices que guardan la presencia de todo aquello que se habitó, por las esquinas del sonido que no tienen voz, que habita en el alma. Es la narración de la fortaleza de una hija que viene a recoger el silencio de su madre, todo su sonido, su vida, y que lo acaricia; capaz de sentir aquello que por no dicho, late con más insistencia ante nuestros ojos. También es un viaje por la alegría que la mirada siempre tiene cuando vuelve a posarse en los escenarios en los que latió serenamente la vida. Por los escenarios que nos reconocieron caídos, heridos, y por ello, más humanos. Por las personas que aunque no comprendimos, y que no nos comprendieron, fueron la medida de nuestro yo. Por el amor que jamás fue olvido. Todo permanece a  buen recaudo en el silencio de la memoria. Todo. Y todo es necesario. Hasta que al fin se cierra el círculo, esa trayectoria que somos, que comienza con unos hilos no visibles que nos preceden, que imperecederos e imperceptibles, sostienen el significado de nuestro nombre, y que culmina en la palabra que los que nos suceden dejan a nuestro lado, justo antes del último anhelo, de nuestro último sonido, en el momento preciso de nuestra desmemoria.

(...)

"Nunca, nunca te olvidaré. Luego le hablas al oído y le cuentas lo que piensas que ella quiere oír y le dices que todo está cumplido, que ha cerrado el ciclo de la vida con toda limpieza, que sus hijos están a salvo, que nadie ha quedado atrapado en el ciclo de la angustia y que todo ha sido sublimado por ella. Todos sus hijos están pendientes de su salud y han llegado de fuera para estar con ella a su lado. Todos acompañan su proceso y también los nietos. No tratas de retenerla. Ya sólo quieres ayudarla a partir. Tiene la cabeza apoyada sobre tu pecho y tus brazos rodean su cuerpo. Sientes su respiración acompasada y débil, la ligereza de su hombro subiendo y bajando intermitentemente. La respiración sigue siendo regular. Parece que quisiera decirte algo, acercas el oído. Era sólo un suspiro, el último suspiro, con el te llega un mensaje que ya no pensabas recibir: 1921. Nada."

(...)

Música blanca es el repliegue de la vida sobre sí misma.  Es la vida esencial, palpitante, verdadera, que viene a hacerse presencia en ese instante en el que el cuerpo parece rendido de quieto e inmóvil que se queda. Cuando la vida para algunos ya carece de sentido, la vida se vuelca sola. Sorprendente y juguetona, viene a ser recogida, acariciada, reída y llorada de nuevo. El círculo de la desmemoria tiene el sonido de la eternidad. La música blanca es la que  que suena cuando la vida es remembranza, cuando únicamente suena ese latido que sólo soy yo. Ese es el momento de la música que contiene todos los colores; ese ir serenamente hacia un baile que nos habla de pasos que jamás serán olvido. Y se baila a solas; en ese momento en que olvidado el  ruido del mundo y todo su dolor, el alma viene a replegarse sobre sí misma, en su propia razón, en todo ese fondo que desconocido por los demás, movió tu mundo. Y ya nada más importa, nada que no sea el recuento de los pasos de un baile que sólo aparentemente es desconocido. Nada más que el aleteo del alma y los pasos del  silencio, eso es la música blanca. Ir a través del hilo complejo que es la aparente desmemoria, por el que madre e hija  reorren la trayectoria vital y literaria de la creadora de «Nada».

Nunca me había atrevido a hablar de este libro. Me quedo con nudo y sin palabra cuando he intentado escribir sobre él. Y hoy ha salido, por fin,  aunque de sobra sé que mi palabra es pequeña a su lado. Es un libro hermoso. De silencio. Inabordable. Dejarías de respirar para que tu sonido no rompiera el hechizo que es ese círculo de  desmemoria, el preludio de un baile imperceptible y silencioso. En las palabras de Cristina Cerezales,  está ese reflejo que tiene la mirada  cuando el futuro es de olvido, ese preciso instante en que tu nombre lo es ya todo, y es el que es. Poder por fin, guarecerse en el silencio de la desmemoria, en el significado de tu nombre. En el baile que es un instante de eternidad, de música blanca; blanca e inmortal.

Gracias Cristina, aunque nunca llegues a encontrar mi entrada.


La música blanca es una música extraña.
A veces te deconcierta;
se ejecuta suavemente y se baila lentamente.
Cuando la ejecutan bien es como oíer el silencio,
y a los que la bailan estupendamente
se les mira y parecen inmóviles.
La música blanca es algo rematadamente difícil.
Alessandro Baricco.

LA NIÑA CON UN PIE DESCALZO

"La palabra escrita, la palabra que forma,
que crea mundos, personas, sentimientos...
...la palabra escrita.
 Es la única que nos lleva más allá de nosotros mismos."
Ana María Matute.


Escucharla es siempre un privilegio, un rato de alegría, de emoción y encanto. No me cansaría jamás de hacerlo, como no me canso de leerla. Jugar con sus palabras ha sido una gran oportunidad; era como abrir la caja que contenía el mundo. Aprendí con ella que jugar, era precisamente eso, la necesidad más grande del hombre; adulto o niño. Desde entonces, vivo enredada en el juego de su palabra. Sonriendo a veces, otras, con pesadumbre y desconsuelo. Permanezco así, aprehendiendo el mundo en su narrativa, un mundo de muchas caras, de amor y desconsuelo. Que te eleva a veces, pero que también, te mantiene a ras de suelo. Imperturbable el tiempo, tu única posibilidad de engaño está en el juego. En las palabras. En cada uno de sus cuentos.

"Había un niño que no sabía jugar. La madre lo miraba desde la ventana ir y venir por los caminillos de tierra, con las manos quietas, como caídas a los lados del cuerpo. (...) "No sabe jugar, no es un niño corriente. Es un niño que piensa" (...) Un día la madre se abrigó y siguió al niño, bajo la lluvia, escondiéndose entre los árboles... " El niño que no sabía jugar, cuento de Ana María Matute.


IN MEMORIAM

Tenía en la memoria esta entrevista a Miguel Delibes de Castro, y he querido dejarla aquí en estas fechas  entrañables, vividas en familia. Me encantó. Me gustó el recuerdo tan maravilloso que deja el biólogo de su padre; el gran escritor castellano. Es una  corta y entrañable entrevista. Miguel Delibes Jr. rememora los últimos años del escritor; ese tiempo de vejez en que quizá ya es muy difícil acometer la ilusión por algo, un tiempo en que quizá la biología por sí misma no es capaz de empezar algo sin el empuje de los otros. Austeridad, emoción y permanencia. Así es su testimonio de hijo. Sobretodo cuando habla de lo que supuso escribir al lado de su padre ese libro; La tierra herida. Libro que habla del futuro que heredarán nuestros hijos.

La entrevista es emocionante por todo ese "adentro" que se narra, esa admiración de un hijo hacia su padre. Pero lo que realmente llamó mi atención, y lo hizo muy especialmente, es la enorme capacidad que a veces tenemos los hijos para crear un escenario y un tiempo que tenga totalmente entretenido a nuestros padres ya mayores. La generosidad de meternos en historias que quizá no nos importen mucho, pero que ilusionan a nuestros padres. Ese inventar cosas; ahora vamos a hacer esto, o mejor no, mejor hacemos aquello otro. Y le pones tanta emoción, que a ellos no les queda más remedio que dejarse arrastrar. Y se dejan arrastrar, eso no lo dudas, porque te quieren. Y como tú sabes eso, pues te inventas una labor, un recado, una receta, una necesidad o un libro. Qué enorme acicate es entonces para ellos sentirse útiles. Saberse necesarios cuando ya piensan que lo único que son es un trasto un poco torpe, despistado y que no tiene muy claro qué hacer en el tiempo de su presente anciano. Todo late en esta entrevista: la generosidad, el agradecimiento hacia las personas que un día nos lo dieron todo, la disponibilidad, la mirada, las manos. Ese saber estar cerca de esas personas que cuando abrigaban tu mundo de infancia, eran ya espejo. Porque tú querías ser así, como ellos; valiente, fuerte, listo, grande. Tú querías ser así como ellos porque sabías que ser grande era así; ser ellos. Y decías orgulloso esto y aquello, _ Pues mi padre es... _ y presumías, _ Mi madre sabe... _ Y luego has tenido a tus hijos, y recuerdas a todas horas su ejemplo: es cómo que había sido tu infancia para poder repetirla un ratitco, para poder dejar a tus hijos al menos la mitad de lo que te dejaron a tí. Porque fue mucho lo que te dieron a tí tus padres, sí. Tú querías se como ellos. Querías ser mayor desde su ejemplo.

Es enorme el recuerdo que tiene Miguel Delibes Jr. de aquel tiempo en que compartía con su padre el proyecto de un libro sobre la tierra, esa Tierra a la que tanto amó su padre.  Y tuvo tanto sentido para la vida del escritor, que para animarlo ya a sus 84 años y una vez terminado el libro, se hablaba como medio en bromas de la necesidad de inventar otro. Otra cosa. Es grande este tipo de generosidad que algunos hijos fabrican para sus padres, y pienso, también, que muy escasa. Hoy vemos mayores muy solos, demasiados solos.

Me ha encantado la personalidad de este hijo de Miguel Delibes; por la pasión aún infantil que siente hacia su padre, y también, por ese gran amor que ha sabido tener a lo largo de su vida por su profesión; la biología. Esa pasión con la que habla del Parque de Doñana es indescriptible. Se le nota muy metido en y por lo que hace, por esps proyectos que en su vida ha acometido como biólogo. Sin duda, el sabio Miguel Delibes, ha sabido dejar huella en sus descendientes. Es emocionante saber que su obra siempre estará, y también su misma mirada sobre el mundo, que permanecerá además de en sus libros,  en las acciones y vidas de quienes le suceden.

Es una entrevista muy cortita, pero es en sí misma un todo. Por el recuerdo del escritor, y por los valores que en esas respuestas se transmiten. Sin duda el escritor tenía que sentirse inmensamente afortunado con sus hijos. Gracias, Miguel Jr., por tu testimonio.


Gracias Miguel. Yo soy hija de la Tierra.
Los ojos de mi padre han levantado ese cielo, de tanto mirarlo...
y lo cotidiano es el escenario de mis sentimientos. Gracias por tu palabra.

EL OTRO LADO DE LA ESCRITURA.


Hoy ha sido una tarde de andar por la cocina, entre preparativos del menú de mañana y la cena de hoy. Siempre tengo la radio encendida, es una gran compañera de cuitas caseras. Estaba escuchando las noticias cuando una vez finalizadas, ha comenzado la retransmisión del discurso de Mario Vargas Llosa ante la Academia Sueca. Me ha dejado literalmente pegadita a la radio. Lo escuché en toda su integridad. Me ha parecido un discurso impecable; palabras que nos regalan un recorrido emocionante y emocionado por los recuerdos, pensamientos y mirada de este autor. Una lectura pausada que hablaba fundamentalmete de la pasión por la literatura, de la historia, de la persona que él es y de su mundo más familiar. Este fue su discurso. No voy a hablar sobre lo dicho, lo tenéis al alcance con toda su integridad, pero de lo que sí quiero dejar constancia es sobre lo que mi pensamiento fue hilando a raíz de haberlo escuchado.

En un momento dado, el escritor habla de la importancia de una persona, Carmen Balcells. Esto llamó toda mi atención. Menciona a esta persona como un garante rotundo de sus escritos. Carmen era la presencia que hizo posible que en España se publicaron sus libros. "Ella y otros amigos se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores", dijo literalmente. Y yo entonces pensé que era la segunda vez que oía hablar de Carmen Balcells. Fue mencionada hace unos días por Ana María Matute, en una de las entrevistas que se le hizo a raíz de ser ganadora del premio Cervantes. La autora comentaba que quien le ayudó a salir de una depresión que le llevó años superar, además de su médico, fue Carmen Balcells, que ella fue quien  le animó a escribir Olvidado Rey Gudú. Y que eso fue la salida de un periodo doloroso y oscuro de su vida.

Entonces pensé en todas las personas que no escriben, pero que están detrás de los libros que tanto nos importan, que tanto nos atraen y necesitamos. Alguien, al otro lado de la escritura, hace posible que las buenas historias lleguen a nuestras manos, que las podamos literalmente tocar. Alguien que las promueve y consigue que tengan forma, que puedan ser leídas por nuestro pensamiento. Y pensé en todos los agentes literarios y editores que son capaces de arriesgar y que luchan por un autor, lo animan y lo publican. Pensé en  la editoriales que publican una historia porque creen que realmente merece la pena. Ellos, quienes las valoran, saben que hay algo en ella, un consuelo, una respuesta, una verdad universal. Y poco importa si el autor es ya conocido, simplemente saben que esa historia tiene un todo que merece ser publicado, aún a costa de saber que jamás será un best-seller, pues una cosa es el mercado de libros  y otra bien distinta la literatura.

Mentalmente hice un brindis por todas las personas que sostienen ese mundo que está detrás de la escritura; un mundo que no por silencioso, deja de ser complicado, difícil y arriesgado. Y sonreí... Agradecida por su valentía para descubrir y apostar por una historia y un autor. Pues de no ser por ellos, yo jamás hubiera leído lo que a mis manos ha venido en forma de libro. Y bien sé que sin esas historias, mucho de lo bueno que hoy soy, no hubiera sido posible.

Por estos derroteros se fue hoy mi pensamiento después de escuchar a Mario Vargas Llosa. Y pensé que Carmen Balcells ha tenido que ser una persona inteligente y sensible, de mirada profunda y lectura amplia, pues ha sabido encontrar en las palabras precisas lo que es esencia; aquello que hace que una historia pueda ser llamada literatura, una historia que necesariamente habría de ser contada. Se me antoja una persona de calado especial, de un talento para descubrir autores impecable, y además me la imagino sencilla. No sé por qué me la imagino así. Y recordé el amor por la literatura que hay alrededor de la escritura; en todas esas personas cuya labor es hacer posible un libro. Desde el editor y director editorial,  hasta la persona que finalmente embala lo libros cuidadosamente en cajas para ser enviados. Todos ellos son el eslabón que hace posible que nuestra mirada llegue a la literatura.

Por estos pensamientos anduve hoy; agradecida, sonriendo y escuchando el discurso mientras cocinaba. Por cierto, las doradas... exquisitas. Y el salpicón en su punto. No podía ser menos en manos de semejante compañia; la literatura. Hoy fue una tarde de provecho.

EMOCIÓN

_ ¡Sí que eres maga! Descubriste una luz en el cuarto oscuro y, en silencio, encontraste en los objetos que para los demás no tienen vida la voz de tus personajes, para entablar con ellos, a través de los años, una multitud de diálogos. A tu contacto, yo también siento el hechizo de las cosas, empiezo a oír la voz del silencio de donde ha brotado el título de este libro. _ Ana María Matute: La voz del silencio. Marie-Lise Gazarian-Gautier.



_ He encontrado muchas cosas, pero aún no he encontrado lo que buscaba. Es como la búsqueda del Santo Grial, aunque pueda parecer muy literario decirlo. Es la búsqueda del yo, y a la vez, es llegar a comprender a los demás seres humanos como lo que son, nuestros semejantes. Es una de las razones que me impulsan a escribir... Es tener la sensación de estar siempre a las puertas de algo, quizá, de un "paraíso inhabitado". _ Ana María Matute. Año 1997.


Hablar sobre ella, sería hablar del mundo que habita detrás de mi mirada. Y no me resulta fácil; siempre tendré la sensación de que algo importante se me olvida, que algo esencial se me escapa. Leí su obra hace ya muchos años, después, ha sido inevitable volver a releer sus libros. Acudo a ellos muchas veces. Y también a su mirada. Incluso reconozco, no sin rubor, que no pocas veces ha sido la interloutora imaginaria de mis cuitas. Así de cerca se ha quedado su palabra en mi memoria.

En las diversas relecturas, siempre vuelvo a encontarar un párrafo que me sorprende, al que siento necesario, vital, y muy mío. Es entonces cuando me digo _ ... ¡ah! ... ¡fué aquí donde lo aprehendiste!_  Soy consciente entonces de todo lo que su palabra me ha regalado. No, no me resulta fácil hablar de Ana María Matute, porque yo no lo podría hacer nunca desde el peldaño que utilizaría un estudioso de su obra, un experto en literatura. Yo no soy ese quién capaz de desdoblar sus novelas, de estructurarlas, y de clasificarlas. Yo no. No sabría hacerlo. Pero sí puedo contar todo aquello que su palabra ha dejado instalado en mi mirada, y que no es otra que esa palabra que hoy recibe un reconocimiento vital, necesario y que no debía demorarse más.

Ana María Matute es premio Cervantes. _ Por fín... _ grita mi alma. He sentido una emoción honda, muy honda. Si hace unos día dejé su presencia en esta ventana, no fue porque pensara en el Cervantes, nada más lejos de la realidad.  Si soy honesta, ni me acordaba de ello. Simplemente, necesitaba tenerla en mi ventana. Esa entrada fue la consecuencia de haber estado paseando por un libro que escribió Mari-Lise Gazarian-Gautier. Un libro que nos regala un tú a tú entre Mari-Lise y Ana María; que expresa la mirada, la experiencia y vivencias de la escritora, su visión sobre las cosas, sobre la vida, y especialmente sobre su vida, el tiempo que le ha tocado vivir. Cuando te sientes tan cerca de un autor, necesitas también estar cerca de su vida. Saber. Conocer. Ese libro lo consigue: une la mirada de Ana María Matute a la nuestra, y nos deja entrar un poco en sus sentimientos, en su biografía personal, de una manera precisa y necesaria. Por eso, hace un par de entradas, la protagonista era ella. Ese día estuve paseando por su mirada.

Sí, siento profunda emoción por este Cervantes. He pensado que está muy bien así; que es necesario que en el mundo de hoy, la justicia literaria salga a la luz. Su obra es incombustible. En ella late ese único de eternidad que toda obra necesaria ha de rozar. En su palabra habita aquello que necesita ser nacido; que es belleza, verdad y en su manera de narrar, también magia. Un único que necesita ser palabra y regalo. La esencia de su palabra es la vida, lo he pensado muchas veces. Y la vida, nunca debe quedar de la mano del olvido. Gracias, Ana María, por la mirada que tu vocación por la palabra le ha dejado a mi tiempo. Y por la obra que le regalas a las generaciones venideras. Verdad y magia. Esa magia que tiene la palabra cuando no pierde nunca, el brillo que es infancia.

_El asombro de los doce años ante el mundo no me ha pasado, por eso creo que me detuve a esa edad. No he podido remediarlo. Así, intento, a través de la interpretación de este asombro  a través de la búsqueda de mí misma, llegar a comprender a los demás, llegar a una verdadera fraternidad._
Ana María Matute.


NECESIDAD DE LEER

No puedo decir nada, mi palabra callada se queda prendida de palabras sabias. Aprehender la vida a través de la palabra sencilla, humilde, consciente. En silencio, lejos del ruido del mundo, permanece la belleza de la humanidad. 

Os dejo trozos de sabiduría en la palabra de José Jiménes Lozano.

AÚN QUEDA TIEMPO.

Estamos en tiempos de incertidumbre, mi mirada recoge tu mirada, y somos capaces aún de cabalgar a través de mil colores. Estamos ante una incógnita no asible, pero no permanecemos solos. Me agarro a la firmeza de tu mirada, y al tamborileo de tu alma, que es valiente.
Y me emociona tu semblante.
Tu firmeza.
Tu sonoridad de silencio.
Eres.


HUMILDAD DE LA NARRACIÓN

Hallar la palabra certera
en plenitud de sus fuerzas
tranquila
que no caiga en la histeria
que no tenga fiebre
ni una depresión
digna de confianza
hallar la palabra pura
que no haya calumniado
que no haya denunciado
que no tomó parte en ninguna persecución
que nunca dijo que el blanco era negro
se puede tener esperanza
hallar palabras alas
que permitiesen
un milímetro siquiera
elevarse por encima de todo esto. (Bloc de notas de Kapuscinski)


No es fácil hacer una entrada que pueda hablar de la obra de Riszard Kapuscinsky sin tener la sensación de que hay algo esencial que se nos va a quedar en el tintero. La lectura de sus textos, de cualquiera de ellos, sin duda  es toda una lección de humanidad, de profesionalidad y de narración. Es una de las personas que más admiro, que leo y releo porque a la vuelta de la esquina sus palabras siempre me van a regalar algo importante. Importante y necesario. Una realidad que no he de olvidar si no quiero perder la sensatez. Su narración del mundo me fascina. Hoy me quiero entretener un poco en la reseña de dos de sus obras, compartirla con vosotros; ellas han ocupado parte del escaso tiempo que me queda libre. Y lo han ocupado de una manera visceral; era imposible no sentirse enganchado a sus palabras.

El mundo de hoy es un conjunto de textos que nos definen el mundo que nos ha sido dado, que lo analiza y lo desentraña, y desde su palabra, intenta conseguir al menos, una mirada de justicia. El libro en sí mismo es un collage, un corta y pega de los textos de este periodista. En ellos habita la infancia del autor, también los entresijos de la labor periodística a la que se entregó, y por encima de todo, la estampa de este mundo que habitamos; preguntas y respuestas sobre el por qué, el cómo y el para qué de todo este sinsentido que es el dolor en el mundo. Nosotros habitamos ese mundo. El lo narra, sin más, y en cierto modo, su narración es una razón de justicia; pide respuestas. Las exige. Y nosotros, que las pedimos también al hilo de esa lecuta que no nos deja nunca indiferentes, a la vez también nos sentimos parte de esa respuesta. En su palabra, una verdad que quema, íntegra, que nos atañe a todos; la narración de un mundo que aunque cómodo para algunos, es un verdadero infierno para la mayoría. El mundo está cubierto de dolor. En la mirada de Kapuscinski, el ser humano tiene siempre un primer plano; cada persona doliente que él describe, cada guerra que relata, es una pregunta directa a la conciencia de quienes viviendo bien, deberíamos no mirar hacia otro lado, deberíamos cuanto menos, saber sobre este mundo que habitamos. Porque el mundo de hoy es el nuestro, y contiene un dolor que en la sociedad de la información que nos rodea, no puede ser silencio, y que siempre se ha de sentir, como un dolor  consciente de su realidad. Hoy los que sufren, saben que la vida en otros lugares no es así. 

Nuestro pequeño espacio, este mundo de la tecnología, de la medicina, de la comunicación, no ha podido paliar aquello que más clama por ser resuelto; la injusticia. La realidad de una humanidad doliente que a día de hoy, no puede ser silenciada. Siglo XXI. La vida. Nuestro mundo. Tú y yo. Y millones de seres que viven en la más absoluta de la pobreza y miseria. Sin dignidad. Ese es el hoy que magistralmente nos regala este periodista de ojos inteligentes. Un mundo que una vez leído, sin duda, no nos puede dejar indiferentes.


Los cínicos no sirven para este oficio es una especie de larga entrevista sobre el buen periodismo. El propio autor dice que es un error escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un tramo de la vida. Me parece una verdad esencial, así que quién mejor podría hablarnos de periodismo que Kapuscinski. Es un libro cuya conversación recopila los entresijos de la información; cada una de las cuestiones que fundamentalmente constituyen el arte de informar. De ser capaz de hacerlo verazmente. Se perfila así la intuición como una capacidad, de su hermanamiento con la inteligencia para reconoceer aquello que es información, y fundamentalmente, de su objetivo esencial; el ser humano. La pasión por sus semejantes. Creo que todo esto que me sale a raíz de la lectura de su libro define perfectamente lo que este periodista polaco es; un periodista impecable. Él me hace ver el periodismo, esencialmente, como una razón de justicia. Como la voz de los desheredados. Desprovisto de toda esa prepotencia que erróneamente lo han llegado a definir como un cuarto poder. El periodismo no es un poder, es un derecho, es una obligación delegada. Inimitable Kapuscinski; la suya es una historia de individuos, el sonido de existencias humildes, la voz de la escasa dignidad con que la vida a veces se encuentra. Toda una lección de ojo que observa, de palabra que narra, y de alma que quiere como mínimo, sanar el lado silenciado y doliente del mundo. Una palabra reveladora. Una palabra que clama por toda acción que pueda ser justicia, y que lo hace sin estridencias. Y así es el periodismo en esencia; el que es de verdad.


"En todo lo que hago intento hablar con mi propia voz,
una voz personal, amortiguada.
No sé gritar."
Ryszard Kapuscinski


BELÉN GOPEGUI


"Lo imposible, al actuar sobre lo posible, engendra un posible en la infinidad. Por eso amamos la literatura, por lo que engendra. Ésa es la última razón. Las demás razones tal vez sean complejas, amplias y personales, pero no son la última, la necesaria, la imprescindible. (...) Por eso leemos, por eso amamos la literatura. Por lo que nos rebasa."

Belén Gopegui. "El lado frío de la almohada."

Siento mucha atracción por la escritura de Belén Gopegui. Una de las cosas que más le zarandea a mi atención son los propios títulos de sus novelas. Eso ya me hace inevitable no caer en ellas. Además, me gusta su prosa, la dimensión que es capaz de transmitir a través de sus personajes. Y a la vez, me resulta una narrativa compleja, con cierto revés, difícil a pesar de su aparente sencillez y equilibrio. Más de una vez me he sorprendido volviendo a releer un párrafo porque me he perdido. Su complejidad hace que me detenga, que me pare a discernir sobre lo transmitido. Con sus novelas, las lectura no es trepidante. Es una lectura limpia, pero compleja a la vez, en la que muchas veces una prosa inesperada, una frase determinante, o un sentido arrollador nos obliga a para en seco.



La primera novela de esta autora que leí fue “La escala de los mapas”. En ella se deja translucir la dificultad con la que siempre nos acercamos al otro, o viceversa; la complejidad que nos encontramos cuando dejamos que sean los otros los que se acercan a nuestra circunstancia. Es el miedo a ser amado, el miedo a amar. A lo largo de la novela, traspasamos las dificultades de Sergio Prim, su necesidad de lograr un buen proyecto en su relación con Brezo. No es fácil desentrañar la escala de los otros, reconocer el modo en cómo se relacionan, cómo se acercan o simplemente cómo viven indiferentes a tu presencia. El conocimiento de los otros se me aparece como una asignatura pendiente; algo que siempre estamos por aprender. Siempre nos sorprenderá algo nuevo sobre los otros; algo que nos descubra parte de su misterio, el mapa de su dolor y el sonido de su risa. Algo que nos explique mejor el por qué esa atracción por algunas personas. La escala de los mapas es una fábula, una historia de amor desencontrado en la que se desarrolla el desconocimiento que siempre tenemos de los otros y la atracción que muchas veces conlleva.


Hace unos días he leído “Tocarnos la cara”. En ella se narra la evolución de un proyecto. Cuatro alumnos de teatro y su profesor se unen para crear un grupo cuyo objetivo sea algo así como dar la posibilidad a terceras personas de poder verse reflejados en un espejo de carne. Los alumnos serán el espejo en el que el otro se pueda tocar la cara, se pueda ver voluntariamente, que pueda intervenir así en el descubrimiento del yo verdadero, o del yo anhelado, inventado y deseado. Ese espejo será la posibilidad de encaminar a los otros hacia un descubrimiento esencial de su persona. Ellos se convertirán en el espejo necesario para cada otro que necesite una búsqueda existencial. El libro narra los inicios de ese proyecto, pero es también la historia de su fracaso; el proyecto no cuajará. Una vez más nos encontramos ante la complejidad que es enfrentarse al otro, no sólo como espejo, sino como creadorres de un proyecto: la relación entre los alumnos y el profesor es básica para que el proyecto tenga futuro. Si no hay referencias, si no cuajan unos puntos básicos, unos conceptos claros y concisos, el proyecto se irá a pique. A los alumnos les faltan referencias, es un proyecto demasiado innovador que no tiene base, carece de línea de flotación, de ensamblaje y contenido. El fracaso es inevitable, si no tienes algo por lo que unirte las relaciones se deterioran, no son sólidas, y todo proyecto que emana de ellas es siempre endeble. Los alumnos, al no encontrar una causa común, al sentirse desvinculados del profesor, no son capaces de llevar adelante el proyecto. Son personajes muy solitarios  pero muy conscientes de su soledad. Tras su lectura, me ha quedado cierta sensación de tristeza, porque al olvidarnos del otro, nadie nos guía, y a nadie guiamos; nadie aprende de nadie. Al desaparecer la figura del maestro, del profesor, al estar ausente, desaparece también el concepto de alumno. Nadie guía a nadie. Es desolador. Y esto se me antoja como una soledad demasiado sola. Sin referencias perdemos solidez; sin nada que nos guíe no somos nada. Y yo personalmente, lo siento como una certeza. Es una novela que me ha costado bastante leer, no me ha resultado fácil, reconozco su lectura con esfuerzo, y sin embargo, me ha gustado mucho. Y la siento como un pequeño eco de lo que podemos estar viviendo en nuestro tiempo; la falta de autoridad en la figura del maestro, de toda persona que en su presencia, es guía de alguien.


“El lado frío de la almohada”, la leí hace ya bastante tiempo. De las tres es la que más me ha gustado. Su recuerdo me devuelve una realidad consciente, el dolor por todo aquello que no podemos tener, que siendo tan diferente y necesario no está. En esta narración también se hace presente el conflicto entre la persona y la colectividad. La realidad de que aún individuos, necesitamos de la colectividad, que somos necesariamente seres sociales. De las tres novelas, esta es la que más me ha gustado, en ella encuentras párrafos impresionantes. La historia narra el punto de inflexión que siente Philip Hull, diplomático norteamericano, al conocer a Laura Bahía, joven agente española de origen cubano. Es una historia de amor, y una vez más se revela la necesidad de saber permanecer al lado de alguien. Así, sentimos un cambio, un giro, algo que afecta íntimamente a nuestro modo de guiarnos, a nuestros más sólidos puntos de referencia, y que siempre, siempre, nos enriquece. El otro es la piedra de toque para el cambio, para el crecimiento, para reconocer esos límites reales de la persona que yo necesariamente soy. Dentro de esta novela encontré un párrafo que llamó mucho mi atención, tanto, que lo dejé bien subrayado;

“…porque si al fin se ama al que es tan diferente y no hay motivo, interés, ni facilidades, entonces es que tal vez el amor exista; entonces es que tal vez exista haya lugar para el romanticismo, para creer en algo inmaterial que impulsa a la materia, que la mueve y por eso cuanto más desiguales los amantes más cerca del milagro de ser otro, más cerca de creer en el milagro, quiero decir. En contra de las leyes del sentido común una fuerza acerca sus cuerpos y esa fuerza, lo juran, les hará diferentes, les sacará del mundo. Les estremecerá de dicha, de voluntad contenida y extensible."

En estas palabras, se quedaba al descubierto la riqueza que es permanecer al lado de los otros, con los otros, algo que yo, en mi mirada, siento como esencial. Quizá por eso, me gustó tanto.


Para mí, la narración de Belén Gopegui es algo así; la cercanía de un otro muy diferente, alguien que me tambalea, que remueve sólidos entresijos de mi pensamiento para convertirlos en algo con más sentido, en una mirada más certera y profunda. Quizá por ello, con esfuerzo, navego por su palabra, por las metáforas con las que a veces nos sorprende, por cada uno de los significados en los que reposa su escritura.