PAUSA ...
Let it be. A veces es mejor dejarlo estar. A veces uno no sabe qué contar. A veces, mejor el silencio.
(...)
Y SI PUDIERA?...
... eh?
¿Por qué no podré yo decir lo mismo? Justo en ese momento de rabietas, de chulerías chinescas, de afrentas que aplastan cualquier paciencia... en ese momento en que notas que se siente la reina de Saba.
_ Francamente, diminuta, me importa un bledo.
Y poder cerrar la puerta. Plom... crash... glups...
_ ¡¡¡¡!!!!
Y su cara con la perplejidad incrustada. Enterita la perplejidad. Porque mira que es chulita, la princesa.
En fin, ni siquiere puedo decir:
_ Ya me lo pensaré mañana.
Ni siquiera eso.
Hasta eso ha dejado de ser mío ya. Yo, que a estas alturas de la película, lo dejo todo pensado para ayer... que ya nada dejo nada para mañana. Quién me ha visto... y quién me ve...
VIVIENDO
THE RIVER

Y hoy recuerdas con emoción aquel tiempo, aquel sonido, aquellos días. E incluso te es posible agarrarte al recuerdo de aquella tu infancia, y de todas las primeras aventuras de ese tiempo inacabado. Y ocurre siempre. Ante cualquier sonido de la vida, ocurre. Siempre quieres regresar. Poder tocar aquella orilla; de agua entre brava y mansa. Aquella orilla, en aquel río.
¿Aún lo puedes sentir?
* imposible el no abandono a esta melodía.
PRESENCIAS
Aún estamos aprendiendo de su generosidad, de su valentía, de su risa. Nos sabemos adultos, pero aún queda tanto por aprehender. A pesar de nuestras carreras maratonianas, a pesar de querer abarcarlo todo, al final son de nuevo ellos, ese punto de referencia. Esa presencia que aún nos sigue diciendo "no corras, que te vas a caer"... esa presencia de ojos infinitamente pacientes. Ahora, las más de las veces, todo lo dicen desde sus silencios. Y si te caes, ahí van, a donde tú estás. Siempre desde su presencia poco sonora, pues pasan despacito a nuestro lado, para no molestar. Y es que nos ven siempre así, tan atareados, tan a lo nuestro, siempre de aquí para allá, ahora esto, luego lo otro. Y ellos en su silencio, se quedan esperando siempre, y siempre con una sonrisa. Y nos siguen con su mirada, y siempre en silencio. Y tendiendo una mano, que aún hoy si son algo es para que nosotros podamos seguir siendo. Para que podamos ir viviendo si cabe, mejor.
Decir padre y decir madre es pensar en un SIEMPRE.
SIEMPRE ESTÁN. SIEMPRE HAN ESTADO.
Decía Madre Teresa de Calcuta que lo más necesario será siempre haber tenido unos padres. Y qué verdad tan enorme es. Así que demos gracias por este par de héroes que nos han sido dados, mis queridas carmelitas, y porque aún están ahí... prestos y raudos siempre para tender la mano. Sus manos. Sean como sean son el más puro símbolo de generosidad. Aunque con el tiempo lleguen a ser unas manos más torpes, siempre serán las manos que nos ayudaron a seguir, a levantarnos después de cada caída, a no rendirnos. Nunca.
* tres son las carmelitas, tres son. Y ahí estamos.
*la canción de fondo está dedicada a mi querida Sunsi. Compañera de fatigas emocionales.
SOLEDAD INFINITA
Ellos nos están siempre esperando, siempre. Encuentran mil maneras diferentes para poder estar cuando llegamos al final de nuestra jornada, para vernos, para tocarnos, incluso, para hacernos rabiar un poco. Siempre se les olvida algo, se quedan como a medio camino. Lo han intentado, pero son niños. Ellos, que nos han echado de menos tan en silencio toda esa tarde que se nos pasó tan rápido. No dejemos que les reciba una mala cara por un mal día, o un mal gesto porque no han hecho las cosas como esperábamos que las hicieran. Están aprendiendo a hacerse mayores. No es fácil estar todo el día sin alguien que esté detrás, empujando. Y nosotros, nosotros hemos de saber sonreír; sus aciertos, sus errores. A su lado, y sonreír. No le dejemos al silencio las riendas de nuestra mirada. Nunca. Que sea siempre el hilo de nuestra voz cuando sonríe. Siempre una infinita sonrisa como protagonista. Incluso en ese momento, en el que se les está repasando la cartilla, bien leída... esa que su egoísmo de niños no les dejó terminar.
Se intuyen, a veces, niños tan solos... tan olvidados.
Videojuegos, televisión, teléfono móvil y soledad... El 27% de los niños de España se sienten solos al llegar a casa tras la jornada el escolar y echan mano de la tele o el ordenador para pasar el rato, según destaca la Encuesta de Infancia en España 2008. Es significativo el alto porcentaje de chavales entre los 6 y 11 años que disponen de teléfono móvil, un 43%. El móvil es el aparato por el que unos niños que se sienten solos consiguen comunicarse con sus padres. Un 17% de los menores encuestados, tras pasar la mañana en el colegio, no ve a sus progenitores en toda la tarde. Este estudio, realizado por los investigadores Fernando Vidal y Rosalía Mota, muestra que el 74% de los niños de 6 a 11 años y el 52% de los preadolescentes cuentan con alguien de la familia que les ayuda en los deberes escolares. Mientras que hay un 1.250.000 niños que no tienen quien a los ayude en sus estudios. El estudio señala además que los niños que viven en pueblos son más felices que los de ciudad...
Fuente: El País.
TÚ, DIMINUTA...
Tú, que eres tantas cosas, que miras tantas cosas nuevas y las aprendes, las recoges, y me las regalas. Que las espolvoreas y les das la vuelta. Que giras y giras sobre tu mundo de lunas. Tú, enanita, que habitas en mi tiempo, que aún permaneces a mi lado. Te quiero. A tí, que eres además de tí misma, eso otro que yo también soy.
Y pienso en cada una de las veces en que tu mirada dibujó la mía, en que tu voz tuvo el sonido de mi voz, en que tu risa se parecía al sonido de la mía. También en cada momento en que tus rabietas eran exactitas, tan igualitas a las mías. Ay, ese genio y su figura, hija mía. A menudo me veo en tí, así, en diminuto. ¿Sabes?, ya no me he vuelto a preguntar de dónde te salió esa luna. Esa maravillosa luna, mi diminuta ana. Muy bien sé de dónde ha salido... y de su libertad irremediable.
Así son los niños, un pequeño reflejo de lo que nosostros cada día le regalamos al mundo. De lo que nosotros somos.