De vez en cuando hay que hacer una pausa contemplarse a sí mismo sin la fruición cotidiana examinar el pasado rubro por rubro etapa por etapa baldosa por baldosa y no llorarse las mentiras sino cantarse las verdades. (Mario Benedetti)
Necesidad de mirarse, de volverse hacia los adentros. Mirar lo cercano detenidamente. Esto que ahora toco, esto que en algunas ocasiones, pasa tan desapercibido. Tiempos de pausa. Pausas de tiempo. Y silencio. Siempre esa necesidad de un tiempo para el silencio.
... eso quisiera. Llegar a la rosa de los vientos, buscar entre cielo y mar ese rostro que habite la paz. Irme a los montes, los ríos, y el mar. Llegar a quienes me enseñaron a amar. No ser extranjero, y no olvidar. Irme sin despedirme, sabiendo que siempre se va a estar. Eso son los amigos. Y no lloro porque no te quedes más, sonrío simplemente porque estás. Es hermoso partir así, sin decir adiós. Firme la mirada, serena la voz. Dando siempre la vuelta a las palabras, aquí y allá. Y da igual. Estamos. Estás. Y el mundo sigue girando, y a mí, también me gustaría vagabundear.
Seguir en nuestra tarea, en esa cotidianeidad, ver cómo se derrama la vida... en agua. En un suspiro regalado al infinito misterio de nuestra presencia rutinaria, de esa melodía cansina, que se repite hoy, y mañana. Somos corriente. Y desembocadura.
Se ha levantado el día con una espesa niebla... ¡qué terrible parece entonces noviembre nada más comenzar el día! Y sin embargo, a pesar de lo evidente, ahí estaba esa diminuta intuición; el sol saldría esplendoroso. Mañana de niebla, tarde de paseo... oigo el eco de una voz. La voz de mi padre. Y efectivamente, poco a poco el sol ha ido inundando la mañana.
Y con el sol, las ganas de ir poniendo orden al otoño; una estación que en mi cabeza es lenta, triste y sin horizonte. En noviembre, se van dejando de lado las cosas, importantes o no. Se olvidan. El alma cae irremediablemente en un tiempo basal. Supervivencia. El más mínimo movimiento. La actividad normal necesita de un mayor esfuerzo, todo se hace cuesta arriba en noviembre. Y sin embargo hoy no... hoy el sol ha roto con todo, ha rasgado la inapetencia y la ha convertido en polvo brillante . Y de repente, toca colocar armarios. Y es curioso como al ir recolocando cada cosa en su sitio, la armonía se hace sentir. Retirar lo que ya no nos sirve. Adecentar aquello que necesitamos y que está un poco olvidado, metido en cualquier rincón. Se necesita tranquilidad para poder reorganizar los armarios. Silencio y soledad. Lo mismo ocurre con el alma, tan pesarosa en este mes, alma jadeante que no recuerda consuelo alguno, que se siente pesarosa, sin rumbo y atolondrada. Noviembre, lunes; toca recolocar los armarios. Revisar las estancias de este pequeño espacio que habito: los huecos de los armarios, los del alma. Voy a ir abriendo cada caja, a desdoblar cada jersey, a seleccionar proyectos, a crear espacio.
Y a lo tonto, he recordado una pequeña candela; la relectura. Volver a aquellos párrafos que un día me hicieron sentir. Volver a lo ya sido, y mientras doblo jerséis me digo que quizá para eso sirva noviembre. Para volver a ser. Para colocar armarios, para ir colocando las intuiciones del alma, para dejarse llevar de nuevo por aquellas historias con las que una vez levantamos la mirada. Noviembre, el tiempo de los espacios nuevos, el mes creador de estancias vacías. Noviembre; tiempo de espera, intuición de eso que no se sabe pero que ha de llegar, que se anhela. Noviembre; presentimiento del porvenir.
How many roads must a man walk down... before you call him a man?
How many times must a man look up... before he can see the sky?
How many years can a mountain exist... before it's washed to the sea?
Pieza a pieza, nos vamos encontrando. Vamos colocándolas en los huecos de nuestra presencia. Intentamos que no nos falten las más necesarias. Recomponemos la presencia de nuestra soledad paso a paso. Encontrar el espacio adecuado. También el tiempo. Y el ritmo. Compases desencontrados en la canción de este día. Pieza a pieza busco el descanso. Incertidumbres que han de ser colocadas en pequeños espacios, al lado de piezas que confirman certezas; y así no caer del todo. Piezas que buscan el ritmo exacto de mi camino. Piezas que quieren llenar el hueco del sonido no reencontrado. Una pieza falta, otra sobra. A pasos, recomponemos el puzzle de nuestro tiempo creador. Pieza a pieza. Y luego... el descanso. Necesitamos mirar nuestro tiempo, nuestras manos, y esas piezas que se quedan así, como bailando entre los dedos. Esas piezas de brillo sin consuelo, no sé si por haberlas tenido, o por no haberlas podido encontrar aún el hueco exacto. Nadie que falta sobra. Bailan en mis manos, cual lágrima sustentada en la sonrisa. No saben el lugar que ocupan, aún no saben la pieza que son, aún no tienen ritmo, ni espacio. Y sin embargo está ahí, la melodía, la intuición de la melodía.
Descanso. Silencio. Espacio. Música.
I´ll shed like skin, our memories of lazy days, and fade away the shadow of your face Piece by piece, is how I´ll let go of you. Kiss by kiss, will leave my mind one at a time ... One at a time ... One at a time ... One at a time
Yo también, curiosa de mí, entré en una madriguera... aún hoy, estoy en el intento de poder salir de ella con el anhelo de reposar de nuevo en el halda de mi hermana. Sé que así será. Pero mientras, ahí sigo, curioseando entre llantos y alegrías. Y por encima, la mirada divertida de mi hermana.
_Loca Alicia de mirada lunera es ésta_ se dice a sí misma.
Y me pierdo de nuevo entre lágrimas y risas, y a momentos, entre algún que otro recuerdo. Aún siento su eco. Aún el motivo. Aún el espacio y aquel olor. Y sigo entretenida, entre llantos y risas, hasta que encuentre la salida. Todos somos Alicia.
Vamos avanzando, sin parar, llenos de proyectos, de objetivos que cumplir. Y de repente una madrugada se nos queda inmóvil, pétrea, enquistada en el alma. No se nota el latido del tiempo. Todo se ha parado, sólo el silencio tiene ruido. Y de repente el sonido de esa noche, en su desolación, nos regala resonancias de antiguas palabras. Una noche que nos deja sin luz, en la sombra, sólo el sonido de otro tiempo. Y la percepción certera de que el tiempo se va, que no hemos sido como imaginamos un día. Noche certera en la que asoman los restos de aquel alba que un día vimos comenzar, que quisimos modelar, a nuestro modo. Nunca fue así. Vivificados por ese dolor, este nuevo alba que nos sorprende, se recoge de otro modo, como si se tratase a la vez de una pequeña ofrenda. Dar y recibir. Y te quedas mirando tus manos. Y eres consciente de captar ese instante del día, cuando todo aún está por poder ser nombrado. Vulnerabilidad y soledad. Llanto infinito. Consuelo en esa nueva luz que quiere comenzar. El alba, es la luz del alba. Y empiezas de nuevo, a caminar, mientras de tus labios sale una oración que nunca antes había sido entonada.