NO QUIERO ESCAPAR


No, no lo quiero. Tampoco quiero llevar un traje que no soy, que nunca seré. El disfraz que me pongan los de allí, es su circunstancia, no la mía. Normalmente quien juzga suele vivir en la lejanía y en la ignorancia de lo que necesita juzgar. No sabe sobrevolar por encima de la presencia de las personas, querer sin más juicios; nunca han amado, nunca han sido amados. Nunca. Su batalla no es la mía. Yo sólo una cosa tengo clara; que me quedo en el vagón de mi tren, que hoy no quiero volver atrás, que sigo. No quiero escapar. Que sólo me interersa una batalla; y tú eres la más querida. Lo demás, me importa un bledo.

Quiero permanecer al lado de mis días, lo que me toca vivir es mío. Es esto de aquí, ahora; y tan mío, que sólo yo seré capaz de recomponer el puzzle de las piezas que he ido recolectando. Aún quedan huecos que son la perspectiva del destino, de lo que aún queda por cumplir. Hoy es tarde de domingo. Después de toda una mañana durmiendo toca recomponerse de nuevo en el día. Cambian los horarios, voy colocando las piezas, y entre ida y venida, me quedo así, bailando en la letra de algunas canciones. Sobretodo, en estas tardes de domingo; mientras espero la llegada de lo de siempre; a la espera del eco de la risa de cada día. Y vuelvo a empezar de nuevo la rutina de los días. Y las risas que siempre me dejas, así, como si desde su presencia, fueran un guiño. En estupendo guiño. El de cada día. Con el que despierto cuando comienza el día.

Y volvemos a empezar. Alegres en cada mañana, nos enfrentamos al límite que es cada uno de nuestros días. Cada mañana procuro no pensar que vuelvo a comenzar desde lo que ayer no salió como debiera. Y ahí estoy, intentándolo de nuevo, rotundamente, y en tu mismo vagón, ante la presencia de tu sonrisa que es capaz de hacerme olvidar lo de ayer. Afortunadamente. Va siendo estupendo el viaje, sí, a pesar de los encontronazos y los baches, ahí estamos. Y no, no me quiero bajar, hasta que tú no bajes. Después... ya se verá qué nos depara el porvenir.


EL AGUA Y TÚ.


Hace tiempo que no voy a nadar. Incluso tengo un poco olvidada la sensación de flotar, el equilibrio en el que se instala mi organismo cada vez que está en contacto con el agua. Hay quien se siente ofendido por el olor del cloro. A mí no me molesta, todo lo contrario. Su presencia cercana remueve mis neurotransmisores y enseguida me trasladan a la sensación de plenitud que siempre me rodea cuando estoy nadando.

Armonía entre cada músculo, suavidad en el recorrido de cada movimiento, ritmo en la respiración, en el corazón, en la ejecución de cada brazada. Azul. Cloro. La necesaria levedad del ser. Es como si uno dejara de sentir el peso de las cosas de cada día. Sobretodo el peso de aquellas que más nos preocupan, consciente o inconscientemente. Nadar es olvido. En tu pensamiento se instala la nada. En nada piensas. Eres movimiento, agua y azul. Nada más. Tu pensamiento queda instalado en la levedad que el cuerpo nota al contacto con el agua. Ya no eres. Y no tienes prisa por ser. Lo que haya de ser, ya lo será mañana.

Sales del agua, y es como si siguieras flotando, pero por el aire. El azul se queda instalado en la retina de tu pensamiento. Todo es más fácil, tiene menos peso. Regresas a casa andando, tranquilamente. Te pones cómoda, eliges el mejor sillón, y la mejor novela. Y te olvidas para todo el día del sonido del mundo.

El día más perfecto para nadar es el sábado. Hacerlo ya de mañanita. Es cuando puedo llevar a mi peque también, no hay cole. Le gusta nadar, todo se aprende al lado de los otros, era inevitable que le gustase nadar. Ella también se llevará su parte de equilibrio, aunque aún todavía no sea capaz de nadar con plena armonía. Es un pequeño delfín juguetón. Aún así, se deja contagiar por la flotabilidad, por la levedad y por el azul. Sus ojos salen del agua aún más profundos y serenos. También su alma.

Regresamos a casa siempre paseando, tranquilamente. Cuando llegamos el sol entra a raudales por todo el salón, y nos acomodamos. Entonces es cuando ella dice:
_ Mamá, mamá… coge aire con todos los pulmones. ¿A que después de nadar son más grandes, eh?… Sí, sí… coge aire, mira, mira…

Yo le contesto aunque sé que ella ya no me presta atención, pues su mente se ha instalado ya sobre sus cosas:
_ Sí hija, después de nadar, todo es más grande y paradójicamente, pesa menos.

Y me quedo pensando que nadar es lo mismo que estar a su lado. Todo es más grande sí, y la vida me pesa menos.


DELFINES EN EL OCÉANO.
(Palabras nadadoras de Driver)

Según los científicos, el desarrollo del cerebro de un delfín se encuentra en ciertos niveles por encima del cerebro humano. Y yo me lo creo. Saben comunicarse a través de los ultrasonidos, son cariñosos y familiares y juegan mucho. A pesar de estas cualidades que, parecen propias de seres débiles, son los reyes del mar. Un entorno bello y difícil a un tiempo... Y yo digo, ¿algún motivo para no ser como los delfines?. Si lo pensamos un poco, nos comunicamos sin palabras con la gente que queremos (a veces con simples miradas), una buena manera deenseñar a nuestras crías es jugar con ellas, (un simple rompecabezas hecho entre dos, da lugar a mucha comunicación), y un montón de cosas más que dejo para que te las pienses. Lo que no se puede decir con las palabras, se puede decir con otras formas de expresión. Seamos delfines.


La ilustración pertenece al libro: El gusto del cloro.
Autor: Bastian Vivés.

STAND BY ME


Nunca habrá palabras que puedan explicar con exactitud la realidad de tu presencia en mi tiempo. Eres una personita inquieta, vas creciendo, te impones a rachas, y otras, permaneces así, tan diminuta. A veces no te entiendo, otras sin embargo, te reconozco hasta en el último recodo de tu pensamiento. Infinita en tu sonrisa, también sostienes una mirada de penumbra, de soledad. Le regalas al mundo demasiada sensibilidad, un mundo que lo más seguro no sabrá comprenderte ni descubrirte. Pero tienes tesón, y valentía, y sé que al final encontrarás tu lugar. El exacto escenario que podrá dar reposo a esa mirada tan profunda, tan llena de espacios infinitos. Tus ojos de luna son maravillosos. Y tu risa es risueña, hace que tus ojos, aún brillen más. Te quiero. Tu presencia es y será siempre significado.

No son suficientes mis palabras, ellas, quisieran darte un Todo, regalarte la infinitud de mis sentimientos, pero no pueden. No saben; se se enredan y se pierden. Quisieran transmitirte todo lo que en mi pensamiento salta cuando observo tus idas y venidas. Quisieran dejarte el recuerdo para siempre de mis ojos, de mis manos... para que supieras que siempre estoy, y que siempre estaré. Quisieran poderte regalar la sabiduría, toda, incluída la que me falta a mi. Quiseran regalarte tantas cosas estas palabras que se me quedan siempre como a medio camino...

Vas creciendo, vas perfilando cada vez mejor los límites de tu mirada, la realidad de tus querencias, la sonoridad de tu risa. Y también el dolor de tus pesares. Te observo y me digo a mí misma que soy afortunada, y lo digo incluso, hasta cuando no comprendo. Cuando queriéndome acercar a tu mirada, encuentro un infinito azul marino y ese brillo desolado de tus ojos. Empiezas a ser mayor.

Y yo aquí, a tu lado, queriéndote tanto. Eres el magnífico regalo que yo esperaba. Te quiero.


LA RABIA, LA AMARGURA Y LA SOLEDAD DE LAS PALABRAS.


Quisiera saber por qué te ha salido toda esa rabia así; en tres palabras que nacen concisas, anónimas, y soberbias. Me pregunto qué es lo que realmente te empujó a querer pronunciarlas, a querer expresarlas así, tan rotundamente, tan delimitadas. Quisiera saber también por qué las crees tan certeras. Me llamó la atención tu necesidad de herir. Siempre me han llamado la atención las personas que son como tú; soberbias y con tendencia a juzgar. Es absurdo querer acotar al otro. Es absurdo, por imposible. Podemos ser muchas cosas a la vez, y al mismo tiempo, ser nada. Sólo Dios puede posarse certeramente en cada alma.

La profundidad de la persona no es siempre lo que vemos cuando miramos. Es muy difícil juzgar a quien no se conoce. Es muy difícil saber quién hay detrás de un relato, de las historias que se van inventando a rachas, de este jugar ilusorio que son las palabras de un blog. Las palabras pueden ser soberbias, pueden creer sujetar el todo, pero no. El todo es siempre un misterio. No sabemos nunca nada de lo que hay realmente en el otro lado de cada historia, de cada cuento, de cada blog. Diría más; ni siquiera podremos saber certeramente qué hay detrás de cada persona, sí, incluso de cada una de las personas que tocamos con nuestras manos, con las que hablamos diariamente, e incluso con las que convivimos. No podemos sostener jamás con nuestro pensamiento el misterio del otro, precisamente por eso; porque el otro siempre es misterio insondable.

Cómo hacerte entender que sólo has navegado sobre palabras, por ese mundo que ellas vanidosamente quieren sostener, que lo sujetan ilusoriamente, pues a menudo ni lo consiguen. Son ilusas las palabras. Nos hacen creer algo, pero sólo están jugando. Y a la vez son certeras, porque nos enseñan la esencia sobre nosotros mismos, sobre lo que somos. Aún así, el autor permanece siempre en silencio. Ante una historia, el autor no vale nada. Cuando leemos, interpretamos los espacios desdibujados que construyen las palabras, sus carencias, su ignorancia y su deficiencia, pero lo interpretamos desde el yo. Es el yo el que va saliendo, el yo del lector. El autor permanece invisible, ausente siempre.

Nadie es sus palabras. Ya quisieran nuestras palabras poder ser por sí solas lo que cada uno de nosotros somos. No te dejes engañar nunca. ¿Se podría decir certeramente que el personaje es la persona que lo crea? ¿Personaje y autor son siempre lo mismo? Yo creo que la mayoría de las veces no lo son. Y de serlo, sólo a cachitos… el autor es siempre mucho más que el mundo que sostienen sus palabras. Por eso las palabras son soberbias.

Los cuentos, las historias, incluso la vida, pueden ser de una soledad intensa, también de amargura, dolor y rabia. A los seres humanos, si es que realmente han vivido, no nos pasan desapercibidas ni la rabia, ni la amargura, ni la soledad. Son sentimientos que todos reconocemos… y si no, es que hemos vivido poco, o mal, muy mal. Me alegra infinito que hayas sabido reconocer el dolor en mis palabras. Se ve que tú también has vivido, que sabes reconocerlos. Yo a estas alturas los detecto con la mirada. Me pregunto cómo será tu mirada. Diríase que la caridad se te ha dormido un poco, y sin embargo eres tan desconocido, que a saber… no te podría juzgar. Pudiera ser que la caridad sea algo ejemplar en tu día a día. Quién sabe nada de nadie desde aquí.

La persona es un misterio; dolor, rabia y soledad a veces se unen. Pero también la esperanza, la valentía, la fuerza, el amor y el honor. Afortunadamente. Y así ha de ser. Toda una mezcla de encuentros y densencuentros. Y que sigan siendo. Que no nos falte la intensidad en vivencias en este nuestro tiempo creador. Que al final de nuestra vida podamos decir en alto: ¡vaya viaje!


DESPERTAR



Hoy he madrugado, me he levantado muy pronto. Ante mí, la promesa de un nuevo día. Toda una agenda de actividades rutinarias me esperan, algunas muy simples, otras no tanto. Estas últimas, cuando las miro de frente, me acobardan. A veces uno no sabe cómo encararse a las cosas que nos va regalando la vida. Ni siquera comprendes el por qué de su presencia. Y sin embargo hay algo muy fuerte que late dentro, que te dice: no me vencerá. Esto no me va a vencer. Sabes que sólo es una batalla más. Y que una sola batalla no es suficiente para desgastar el tesón que te mueve, esa fuerza que sientes latir altiva.

He puesto la cafetera, y ya se siente el olor por toda la casa, y su sonido te trae la resonancia de los buenos augurios. Nadie se ha levantado aún. El silencio se deja sentir como un abrazo. Van saliendo las palabras, y me dejo arrastrar por ellas, por esas palabras que no dejan que la derrota sea algo posible en este tiempo. Es tan pronto, que aún no ha amanecido, pero ya se puede sentir el latido de lo que está por nacer. Aún permanece la incógnita de cómo será hoy el día, y me siento arropada en una mezcla de quietud y espectación. El día está a punto de comenzar, se puede presentir el latido del sol. Es cierto olor el que avisa de su cercana presencia. En la oscuridad de esta madrugada el sol es una intuición. Hace mucho frío, y sin embargo ahí estará esa magnífica esfera, regalándonos una vez más la luz de un cielo limpio y azul. Un cielo que nos protegerá.

Se puede presentir ya el estupendo ritmo con que amanece el día... tiene un latido inconfundible.

MÚSICA DE RECUERDO



Y aprendí que sólo del silencio y de la palabra nace el amor. Que sólo el silencio nos lleva a la palabra del otro, y que sólo en ella es posible descansar de verdad. En la palabra. En el otro. En todo ese silencio que nos decimos ante la mirada. El silencio y la palabra. ¡Hace tanto tiempo que ocurrió! Latente hoy su recuerdo. Fue imposible el olvido.

EXCAVAREMOS EN LA PROFUNDA FUENTE DE LAS PALABRAS, PARA BEBER EL ECO CONMOVIDO DE NUESTROS SILENCIOS, PARA VENCER LA SOLEDAD DEL CORAZÓN Y SEGUIR JUNTOS UNA ESTRELLA EN LA BARCA QUE NO NAUFRAGA. M. F. Sciacca.

SOMBRA DE ORO


Una silueta que se lleva el dedo índice a los labios y con esa inscripción por encima: Silentium. Es esa cantidad de silencio la que exalta a un novelista y le permite construir un personaje.
GIOVANNI MACCHIA en Il silenzio de Moliére.

UN DEDO EN LOS LABIOS. José Jiménez Lozano.

Cada retrato es un poema, en sus palabras laten mujeres hermosas, mortales, fugaces y de una belleza dolorosa. Ausencias, esencias, carencias y defectos que sólo la mirada profunda de quien escribe es capaz de sostener después de oído el silencio. José Jiménez Lozano es esa mirada. Aquella que fugazmente es capaz de ver el resplandor efímero que siempre tiene la hermosura, esa que se posa en seres tan desnudos de significado en nuestros días. Seres de olvido que con su sola sonrisa sostienen la mirada del mundo, seres de compasión y dolor sujetando la belleza. Seres de silencio. Apacible y ameno. Sereno e infinito. Así es “Un dedo en los labios”. La historia de muchos olvidados, de aquellos seres tan llenos de vida y ensueño, de carencias y lamento. De Luz. Sólo se necesita pararse a mirar, oír el eco de su sencillo murmullo. Y siempre, desde el silencio.

(…)
LA LUISILLA
Era como un gorrioncillo, y siempre estaba sentada en la escalera, en un descansillo, contra la pared para no hacer estorbo; y miraba a todos con aquellos ojos tan grandes que le comían media cara y eran tan azules; tan rubio y sedoso su pelo, tan triste su sonrisa.
No tenía manos, y ponía sus muñones sobre el halda para mirárselos interminablemente; y, cuando los que pasaban por allí le preguntaban qué miraba, ella respondía:
_ Un pájaro.
Pero nadie veía allí, en su halda, un pájaro, ni nada, sino sus muñones. Aunque esto era porque no sabían que ella quería bordar un pajaro que había visto un día, con una corbatilla roja al cuello. Sólo que no tenía manos la Luisilla, pero ¡le veía tan bonito! Tal y como ella le bordaría, si pudiera.